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Los Borinkis de Hawaii

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) Esta mañana revisaba algunos documentos de mi juventud y encontré unas notas que tomé cuando la puertoriqueña- hawaiana Blase Camacho Souza visitó el Recinto de San Germán de la Universidad Interamericana en 1985. Vine de vacaciones a Puerto Rico y participe junto a Souza en una peregrinación que ella y Marion Kittelson organizaron para honrar a sus ancestros que se radicaron en Hawái a principios del siglo XX.

El grupo colocó una placa en el malecón de Guánica que dice:

“Para honrar a los 5,203 puertorriqueños que emigraron desde su amada Patria, Puerto Rico, a Hawái en 1900-1901 para trabajar en las plantaciones azucareras.

Enfrentado tiempos económicos difíciles estos valientes borinqueños fueron en busca de una vida mejor para ellos y sus familias”. [To honor the 5,203 Puerto Ricans who migrated from their beloved homeland, Puerto Rico, to Hawaii in 1900–1901 to work on sugar plantations. Faced with hard economic times, these brave Borinqueños searched for ‘the better life’ for themselves and their families”.]

La placa también incluye un poema escrito originalmente en español por un poeta de la primera generación nacida en Hawái, Tanilaus Díaz. El poema dice”:

“Soy un hawaiano pobre de las islas hawaianas

y el orgullo que me llena es ser un hijo de Borinquen”.

“I am a poor Hawaiian from the Hawaiian islands

and the pride that befalls me is being a son of Borinquen”.

En ese entonces, la mayoría de nosotros desconocíamos que puertorriqueños habían emigrado a Hawái entre 1900 y 1901. Está migración fue el resultado de las condiciones paupérrimas en que se encontraban los habitantes del país luego de los embates del huracán San Ciriaco. El hecho era desconocido porque el oficialismo había desgarrado ese segmento de la historia. La visita de la delegación, su reunión con el gobernador Rafael Hernández Colón y la tarja que colocaron en la Bahía de Guánica, forzaron una revisión de nuestra historia.


El 8 de agosto de 1899 el huracán San Ciriaco devastó a Puerto Rico. La cifra de muertos alcanzó los 3,400. Puerto Rico estaba bajo el gobierno militar estadounidense, que resultó tan ineficiente como el actual a la hora de prestar ayuda a las víctimas del monstruoso fenómeno atmosférico. Los cultivos agrícolas fueron arrasados por los vientos huracanados y las fuertes inundaciones. A consecuencias de esta destrucción muchos quedaron desempleados. El hambre era insoportable.

El gobierno estadounidense inició una campaña para incentivar a obreros agrícolas a emigrar a Hawái en busca de trabajo. La premisa fue a menos bocas que alimentar menores serán los problemas. Esta fue la primera de varias migraciones que han marcado la historia nacional hasta el presente. Parece ser que la única solución constante a los problemas socioeconómicos de Puerto Rico que el imperio ha encontrado es la migración.

Hawái al igual que los últimos vestigios del imperio español habían pasado a manos estadounidenses en 1898. Los estadounidenses residentes en las islas hawaianas derrocaron la monarquía constitucional y establecieron un gobierno colonial amparado por Washington. Los hacendados del norte coinvirtieron el archipiélago en el mayor importador de azúcar del mundo.

Para forzar la emigración, la propaganda estadounidense les pintó maravillas a los puertorriqueños. La oportunidad laboral de sus vidas estaba en el Océano Pacífico, a miles de millas de su Patria.

El primer grupo de migrantes agrícolas llegó a Hawái en diciembre de 1900. Fueron 54 hombres diestros en el cultivo de la caña. Para octubre de 1901, 5,203 boricuas, hombres, mujeres y niños estaban establecidos en 40 plantaciones de caña. Las historias del viaje a Hawái comenzaron lentamente a llegar. Las historias contaban como eran encerrados en vagones como reses y luego tratados como esclavos en las plantaciones. La panacea llegó a su fin. El gobierno intentó borrar el incidente de la historia oficial, pero los descendientes de los boricuas no lo permitieron. Es más, cuando el gobierno estadounidense impuso su ciudadanía a los puertorriqueños, los hacendados hawaianos se valieron de artimañas para evitar que los boricuas en las islas reclamaron sus derechos. Fue una lucha cuesta arriba que al final ganaron los puertorriqueños.

Los boricuas de Hawái se llaman a sí mismos “borinkis”. Esto es una deformación de borincanos o boricuas. Debemos recordar que para finales del siglo decimonónico los puertorriqueños se referían a la Isla como Borinquen, afirmando con la voz indígena su sentido identitario.

En la actualidad los borinkis constituyen el 8.9% de la población hawaiana, aproximadamente unas 30,000 personas. La mayoría de estos borinkis no hablan español. Existen muy pocos descendientes puros porque la mezcla con otros grupos ha sido intensa. Sin embargo, aspectos culturales de los primeros inmigrantes continúan presentes cinco generaciones después.

La música tradicional puertorriqueña es el símbolo identitario más importante de los borinkis. La llaman “Kachi Kachi”. Los boricuas en Hawaí entonaban sus seises acompañados del cuatro, las maracas y el güiro. Luego se sumó el ukulele hawaiano. Para 1930 los emigrantes japoneses que escuchaban el sonar del güiro “chiqui-cha chiqui-cha”, bautizaron aquella extraña música como “kachi kachi” (raspa raspa).

Pero ¿cuán puertorriqueños son los borinkis? Eso depende de lo que usted interprete por puertorriqueño. Para la mayoría de ellos, tener un ancestro boricua te hace borinki. La realidad es que los hijos de los primeros boricuas en las islas se casaron con otros grupos étnicos, principalmente con portugueses y nativos de las islas. Los borinkis celebran los Santos Reyes Magos y comen arroz con gandules y pasteles. Escuchan kachi kachi, cantada en español, sin saber muchas veces que es lo que dicen las canciones.

Empero, Hawái es un archipiélago de inmigrantes donde ha habido una fusión cultural intensa. La gente ha adoptado costumbres de otros pueblos como lo es quitarse los zapatos cuando entras a una casa, comer comida coreana y usar “Aloha” como saludo.

Algunos expertos entienden que la cultura borinki está en vías de desaparecer debido a la asimilación. Lo hijos de matrimonios mixtos tienden a identificarse con la cultura de uno de sus padres o adaptar la cultura hawáina. Sin embargo, existe un grupo que se niega a dejar desaparecer su cultura. De hecho, se ha visto un resurgir cultural entre la segunda, tercera y cuarta generación.

Lo cierto es que, según lo expresó Camacho Souza en sus trabajos de investigación, la herencia cultural puertorriqueña está muy arraigada entre los descendientes de esos emigrantes. Lo que sí ha sucedido es que las nuevas generaciones han sumado elementos culturales chinos, japoneses, filipino, coreanos, samoanos, portugueses, hawaianos y de otros grupos menores sin dejar de ser borinkis.

Ser puertorriqueño en Hawái implica la aceptación de otros grupos étnicos y tomar prestado todo aquello que sea necesario, siempre y cuando no afecte la raíz identitaria en los que se basa su cultura: los reyes magos, el kachi kachi, el arroz con gandules (ganduli rice), los bailes folclóricos, entre otros.

En los últimos 30 años una nueva ola migratoria de puertorriqueños ha llegado a las islas. Entre ellos, mi amigo Carlos Figueroa. Carlos llegó como militar e hizo de las islas su hogar, incluso se casó con una “hawarica” (primera generación nacida en Hawái de padres puertorriqueños.

“La nueva infusión de boricuas ha reforzado la cultura puertorriqueña en las islas”, afirma Carlos. “Proliferan los festivales culturales y ha habido un creciente interés por aprender español entre las cuartas y quintas generaciones. También hemos visto una integración entre los grupos latinos de las islas”.

“Los puertorriqueños somos una nación de resistencia. Somos un pueblo fuerte, que sabe enfrentar grandes males, resistir e inculcarles a sus hijos el orgullo de ser boricuas”.

“Sabemos amoldarnos a los vaivenes de la vida, pero tenemos límites. Los Reyes Magos son sagrados, como lo son la música y el folklore. Sabemos ser inclusivos, siempre y cuando nos respeten”.

“Ahora el nuevo emigrante es el coquí, que se señorea de las noches hawaianas como lo hace en Boriquén”.

“En Hawái habrá borinkis por mucho tiempo, eso no hay que dudarlo”