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Luis Martinez-Fernandez publica libro sobre el colonialismo en Cuba

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) En este importante texto, Key to the New World. A History of Early Colonial Cuba, el catedrático e historiador de la Universidad Central de la Florida, Luis Martínez-Fernández, vuelca su mirada crítica a la historia colonial de Cuba, después de una trayectoria como historiador caribeño especializado en investigaciones en torno a temas tan esenciales y polémicos como los procesos políticos, económicos y sociales de los siglos diecinueve y veinte, a saber, la instalación de la hacienda azucarera como modo de producción, la esclavitud, el surgimiento del protestantismo en Cuba, las relaciones entre el Caribe y los Estados Unidos y el proceso de la revolución cubana.

Esta última contribución se suma a una ya notable lista de publicaciones del profesor Martínez-Fernández, que incluyen Torn between Empires (1994), Fighting Slavery in the Caribbean (1998), Protestantism and Political Conflict in the Nineteenth-Century Hispanic Caribbean (2002), Revolutionary Cuba: A History (2010) y Frontiers, Plantations, and Walled Cities: Essays on Society, Culture, and Politics in the Hispanic Caribbean (1800-1945) (2010). Su prolífica y esclarecedora producción avala su erudición y profesionalismo y se caracteriza por la rigurosidad en la investigación, el eclecticismo teórico y la claridad en la exposición e interpretación de complejos y problemáticos temas históricos. Se destaca además como un extraordinario historiador bilingüe caribeño, centrado en Cuba y las otras islas de habla española, que ha preferido comunicar su haber histórico en inglés.

Key to the New World. A History Early Colonial Cuba, hay que situarlo en el momento y entorno en que aparece. El mismo historiador está consciente, como lo señala en la introducción, de la valía, aporte y trascendencia de esta contribución. Primero, es el resultado de una necesidad imperiosa del educador por ofrecer al lector de habla inglesa un nuevo y revisado recuento de la historia cubana colonial que refleje e incorpore no solo el acceso a la nueva documentación disponible sobre esos dos primeros siglos de la vida occidental de Cuba, sino las más recientes pesquisas investigativas. Pretende brindar interpretaciones actualizadas y refrescantes, aclarar términos y conceptos asociados a ese marco histórico y proveer una narrativa inclusivista de los factores externos y globales que afectaban todos los acontecimientos locales. En segundo lugar, constituye un gran esfuerzo por reparar una prolongada ausencia histórica. A pesar de la voluminosa bibliografía sobre todos los aspectos principales de la historiografía cubana, particularmente de los siglos diecinueve y veinte, el periódo colonial no ha suscitado la misma cuantiosa producción y menos en inglés. La obra de Martínez-Fernández subsana ese vacío. Hasta el momento la obra canónica y de mayor difusión de Irene A. Wright, The Early History of Cuba (1918), es la que por cien años ha permanecido como la principal referencia sobre este periodo. Key to the New World enriquece consecuentemente el conocimiento del complejo acontecer histórico de la Cuba colonial al introducir un análisis remozado de perspectivas, enfoques, inclusiones y metodologías interdisciplinarias que reflejan las contribuciones de la historia social, de la vida cotidiana, economía, demografía, etnografía, economía, estudios culturales y de género y clase. Y de vital importancia es la evolutiva descripción desde el principio el historiador comienza a delinear de lo que él visualiza y examina como las dos Cubas, la Cuba caribeña y la Cuba atlántica, la Cuba emblemática de Santiago, Bayamo y al Cuba de La Habana.

Los primeros dos capítulos (“Geography and the Shaping of Early Colonial Cuba” e “Indigenous Inhabitants” ) están consagrados a proveer una síntesis exhaustiva, primero de la historia geográfica y ecológica de la isla desde la llegada de sus primeros habitantes, entre 7,000 y 6,000 años, hasta fines del siglo XVII, con particular atención a las diferencias topográficas, climáticas, a los ecosistemas acuáticos y cultivos en la Cuba oriental y occidental, y en el segundo, de la naturaleza, costumbres y hábitos de los diferentes grupos oriundos de acuerdo a las últimas investigaciones arqueológicas y estudios genéticos, sin descuidar el aporte lingüístico. También se recuentan la retención o transmisión de prácticas que los europeos adoptan de los indígenas, como el consumo de tabaco o el uso de la hamaca, entre otras. De interés es también la importante discusión que se dedica al espinoso tema de la actual búsqueda de las raíces taínas e identificación con su etnia y legado.

El tercer capítulo (“First Encounters, Inventing America, and the Columbian Exchange”) reconstruye el complejo escenario socio-político y cosmovisión medieval-renacentista como antesala para la aparición de Cristóbal Colón, sus viajes y experimentos de colonización, así como el desempeño de España como nación auspiciadora y colonizadora, que con aciertos y desencuentros alterarían, transformarían y definirían el curso de la historia moderna del mundo europeo, africano, asiático y el de las multi etnias encontradas en y a partir de 1492.

Tanto el capítulo cuatro (“The Manufactoring of Cuba: Conquests. Demographic Collapses, and Government Institution”) como el quinto (“The Emergence of Creole Society”) se centran primero en la conquista, las prácticas de gobernación, implantación de nuevas instituciones religiosas, sociales, políticas, económicas y de cultivo y luego en el consecuente colapso de la población oriunda. Interesante y discutible es la interpretación de Cuba como tierra de fronteras o fronteriza, análoga a la experiencia pasada de la Península Ibérica. De la misma manera que Iberia se convirtió en espacio de choque y contacto entre la España cristiana y musulmana durante la Reconquista, del mismo modo Cuba occidental y oriental mantuvieron una posición estratégica y de fronteras con las otras islas al este del Caribe y la Cuba occidental con Yucatán y el sur de lo que va a ser los Estados Unidos. Luego, en el capítulo quinto el historiador disecta la nueva sociedad emergente, con especial concentración a las relaciones jerárquicas entre los diversos grupos y el surgimiento de una sociedad criolla, delineándose en ella los espacios que ocupan los esclavos. Es en este capítulo donde por medio del estudio de las especificidades agro-sociales, económicas y políticas de La Habana y la Cuba occidental, se van mostrando las diferencias y contrastes que marcan la vida e historia de las dos Cubas: una, la rural, remota, alejada, despoblada, que depende del contrabando y la piratería, y la otra, la capital, urbana, sofisticada, jerárquica, centrista. Su recuento se enriquece por la inclusión del complejo tejido de redes tanto socio-económicas como sociales entre los diversos grupos, a saber, la primera generación de indios, españoles, mestizos, mulatos, horros y como éstas se van alterando con el tiempo. Se aprecia también la exploración del lugar tanto de las mujeres blancas, indias como negras y mulatas en la formación de la nueva sociedad criolla. Invitan a la reflexión y a la investigación datos como el que en Trinidad y Santi Spíritus para 1534 doce de los diecisiete residentes más ricos y poderosos estaban casados: cinco con mujeres españolas, cinco con taínas y dos con mestizas, y sobre la receptabilidad y fluidez de los mestizos y ladinos de la primera generación en la sociedad española, particularmente si eran descendientes de padres ricos o de altos rangos.

El capítulo sexto, “The Cuban Ajiaco”, representa un cambio direccional en el examen de la vida colonial en Cuba. Adoptando de Fernando Ortiz la metáfora del ajiaco, plato criollo cubano a base del ají ( taino) que combina las viandas cubanas con el cocido español, ahora, el historiador se aleja un poco de los estudios longitudicionales para sincrónicamente adentrarse en la sociedad multicultural y étnica y capturar las diversas negociaciones en ese proceso de transculturación. La metodología cambia y los actuantes de la época, marginados, suprimidos o destinados a notas al calce, retoman su especificidad en la Cuba colonial. Desfilan entonces micro-viñetas de diversos sujetos que añaden autenticidad, complejidad y humanidad al gran relato cubano colonial. Melchor Sardo de Arana, un comandante español que gusta de vestirse con ropa femenina, lo acusan por comprometer la dignidad de su puesto por comprar y comer plátano frito en la calle; Paula de Eguiluz, esclava hechicera que se vestía como aristócrata, tuvo tres hijos con el administrador de las minas y logró poseer uno de los guardarropas más lujosos antes de que la acusaran de brujería; Micaela Ginés, virtuosa de la vihuela, era una mujer negra libre que con una banda musical adquirió notoriedad y con su hermana compuso los primeros sones cubanos. Merece distinguir la magnífica exposición del sincretismo asumido en la adaptación de la Virgen de la Caridad de Illescas a la Virgen de la Caridad del Cobre.

Los últimos dos capítulos exploran fenómenos enraizados y representativos de la experiencia caribeña: la piratería, las actividades bucaneras y el azúcar. En ambos se introducen nuevas perspectivas. La piratería, en “The Cockpit of Europe”, se inserta dentro de los procesos políticos, guerras y rivalidades europeas. Se exponen brevemente las muchas incursiones de naciones extranjeras contra Cuba y las posesiones españolas y las estrategias de los españoles y criollos para defender las rutas de comercio y el imperio. En “Deceiving Sweet” examina las primeras plantaciones de la caña, elaboración o manufactura, mano de obra esclava y exportación de un producto y sus agregados que todavía en el siglo diecisiete no tenían la preeminencia que adquirirán en el dieciocho y diecinueve.

En suma, esta nueva y revisada historia de la Cuba colonial es un texto estimulante, provocador y muy informativo que debe sumarse a la lista de lectura obligatoria de todo aquel interesado en el devenir histórico colonial cubano