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La Diosa de la Soledad de Luis San Rivera

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) Recibí recientemente el poema épico La diosa Soledad del escritor lajeño Luis A. Santiago, cuyo seudónimo, o nombre de pluma, es Luis San Rivera. La obra es una publicación de la editorial Caligrama, una subsidiaria de Penguin Random House y fue impreso en España. La diosa Soledad me impresionó grandemente por ser una narración escrita en cuartillas poéticas. Me recordó a las grandes epopeyas de la literatura universal tanto por su contenido como por su estilo.

La diosa Soledad narra la experiencia de un capitán del ejército español, José Manuel Sánchez y Romero, que en 1822 fue enviado al Perú para verificar los testimonios de los soldados españoles sobre un evento calificado como un milagro. La narrativa poética, nos introduce a una mujer indígena, Soledad, a la cual se le acredita el haber terminado el conflicto entre nativos y españoles, abriendo el camino hacia la paz y la independencia de Sudamérica.

Nos llamó poderosamente el estilo de narrativa poética empleado por Santiago por ser un estilo muy antiguo, poco empleado por escritores modernos y menos, por los nacionales. El autor posee un gran dominio del lenguaje. La palabra fluye. Santiago domina al arte de la adjetivación lo que te lleva a recrear imágenes vividas y poderosas. Conoce muy bien la topografía que describe en la obra y los lugares a los que hace referencia. Los personajes están muy bien definidos, tanto así que nos podemos crear imágenes emocionales y físicas de los mismos.

Los versos son objetivos, mantienen su esquema métrico y su rima es regular. La versificación es grácil. La musicalidad de la rima te contagia y te impulsa a convertirte en trovador medieval para ir por los mundos narrando la grandeza de Soledad y de su valiente vástago. De hecho, el autor enfatiza que la información sobre Soledad es un recuento de historia oral, como lo han sido todas las grandes epopeyas y cantos épicos de la antigüedad.

La balada está integrada por dos cantos o poemas, uno que nos introduce al encuentro entre el autor y Francisco Alemán y Morales, quien lo introdujo a la historia de la investigación militar que no es otra que la leyenda de Soledad Steinbeck Chicrin, para luego cerrar con una conclusión sobre lo sucedido y la permanencia de la memoria del evento.

El autor nació en el sector La Haya del Barrio Lajas en el municipio del mismo nombre. Fueron sus padres Ambrosio Santiago y Rosario, agricultor y Rosa Rivera Ayala, trabajadora doméstica. Tenía apenas dos meses de nacido cuando quedó huérfano de padre. Doña Rosa y sus hijos se mudaron al barrio Hoconuco Bajo de San Germán. El hermano mayor, con solo 16 años, se hizo cargo de la manutención de la familia, trabajando en la agricultura como cortador de caña y recogiendo café. La madre trabajaba en servicios domésticos. Estudió en la Segunda Unidad de Radar Bajo hasta novenos grado, obteniendo su diploma en 1955.

“Estudié con muchos sacrificios, ya que para aquella época no había agua potable, electricidad ni carreteras; subiendo y bajando montes, cruzando quebradas y pasos de ríos pude ir a la escuela”, recuerda Santiago.

Cursó dos años en la Escuela Superior Lola Rodríguez de Tió en San Germán. La familia emigró a Pennsylvania. Santiago se graduó de cuarto año en 1957 en la Roman Catholic High School ubicada en la ciudad de Filadelfia.

El autor se muda a la Ciudad de Nueva York en 1960. Allí trabajó como reportero de la sección deportiva del periódico El Diario La Prensa. Cubría las ligas hispanas de béisbol. Estudió para electricista en un programa de estudio y trabajo de la Unión Local 3 de la industria de la construcción. En 1974 ingresó al Bronx Community College, City University de New York (CUNY) donde mejoró las artes del lenguaje escrito en inglés.

Regresó a su amado Puerto Rico junto a su esposa e hija menor en 1995, radicándose en el municipio de Hormigueros.

“El retiro me permitió retomar mi verdadera vocación la poesía y la redacción de cuentos”, subraya Santiago. El autor publicó su primer libro, Poemas para cantar, en el 2012.

Le comenté a Santiago que me hubiese gustado que su balada se hubiese desarrollado en Puerto Rico. En estos momentos de crisis necesitamos forjar poemas que engrandezcan a la Patria, fortalezcan la autoestima nacional y afiancen el sentido identitario.

La diosa Soledad debe ser lectura obligatoria de todos.