Mar08202019

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Excusa

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alt(Santo Domingo, 12:00 p.m.) La ira tiene un rostro feo cuando viene de los demás, y monstruoso cuando es el nuestro. La facilidad para enojarnos es como la leche que hierve en la estufa, al menor descuido se desparrama; alegamos que Jesús estaba “furioso” cuando echó a los mercaderes del templo, y es tan buena excusa que nos damos el permiso para ser beligerantes, por ejemplo, con nuestros familiares, vecinos, o relacionados, y en el escenario por excelencia: el tránsito. Es válido enojarnos, porque todas son buenas razones, las nuestras; casi nunca las de los demás.

Los psicólogos dicen que la ira es falta de amor. A nosotros mismos porque descargamos esta energía letal en nuestro cuerpo, y a los demás porque nuestras palabras como machetes lastiman sin misericordia. Jesús estaba indignado en el templo y necesitaba dar un ejemplo. En su caminar nos enseñó que la corrección también es amor y, por supuesto, el equilibro entre la compasión y los enojos