Mar08202019

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En los tiempos de la noticia falsa, ¿Debemos de mentir como Rivera Marín?

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) Llueve. Observo las gotas de agua mientras golpean el cristal de la ventana. Sin querer, cada gota se va convirtiendo en una lágrima derramada por un país que es víctima de mentirosos inescrupulosos apoyados por seres carentes de raciocinio que apoyan las malas acciones de sus gobernantes, aunque con ello se les vaya la vida. Puerto Rico sufre del síndrome de la modernidad líquida y agoniza bajo la radiación malévola del neoliberalismo y de la quimioterapia desinfectante de la globalización.

La semana pasada vimos como la administración intentó meter gato por liebre anunciando que había llevado ayuda humanitaria al necesitado pueblo venezolano. El secretario de Estados, Luis Gerardo Rivera Marín, se dio golpes de pecho aduciendo que un avión puertorriqueño había logrado penetrar espacio aéreo venezolano para socorrer a los hambrientos hijos de la patria bolivariana. Los acólitos del gobernante Partido Nuevo Progresista inundaron las redes aplaudiendo la gloriosa gesta de la administración rossellista.

Los que conocemos sobre política internacional cuestionamos la supuesta gesta porque Puerto Rico no puede enviar un avión a sobrevolar territorio soberano venezolano sin permiso del gobierno federal porque violar el espacio aéreo de un país al que Washington declaró enemigo implicaría una declaración de guerra. Puerto Rico es una colonia, los aeropuertos son federales y los que controlan el tráfico aéreo son empleados del gobierno estadounidense.

Al rato la farsa se dio a conocer. El avión se perdió. Rivera Marín fue a los medios noticiosos para decir “que el avión había llegado a donde tenía que llegar”. Titubeo y se inventó un viaje a Santo Domingo, luego a Curazao… Pero, el avión continuaba desaparecido junto a su valioso cargamento. La vergüenza se le veía en el rostro, lo habían cogido in fraganti en su engaño. Las focas amaestradas de su colectividad política inventaron historias, pero ya el mundo entero se burlaba de Puerto Rico y de su intentona soberanista.

¿En qué cabeza cabe esta historia de acciones y espionajes internacionales? Solo en una mente enferma que desconozca la Ley 600 de Relaciones Bilaterales entre Estados Unidos y su desafecta colonia, Puerto Rico. Parece que al Secretario de Estado que aboga por la integración de la colonia a la metrópoli se le olvidó que la acción del avión, de haber sido cierta, hubiese sido el primer acto de la República de Puerto Rico porque una colonia no puede actuar a lo “Pepe cojones” sin el beneplácito de su metrópoli. El afán de ser amado por Donald Trump y bendecidos con miles de millones que no acaban de materializarse le nublo la cabeza a Rivera Marín y le hizo subir el ego al gobernador Ricardo Antonio Rosselló Nevares que por un momento pensó era un flamante jefe de estado de una nación libre y soberana.

Lo peor de todo este engaño es la maldad de los que la inventaron. Es increíble que exista gente tan vil que sea capaz de jugar con el dolor de un país que se enfrenta a la posibilidad de una guerra fratricida empujados por los intereses económicos de fuerzas internas y externas. Merecen el desprecio y escarnio que el Mundo les está dando, lástima que sus acciones nos afecten a todos los puertorriqueños porque son ellos los que nos representan políticamente.

Toda esta bazofia me llevó a cuestionarme en qué momento las nuevas generaciones se volvieron mentirosas y oportunistas. A mi generación se le enseñaba que mentir era malo. Se nos castigaba si jugábamos con los sentimientos ajenos. ¿Qué nos pasó?

No puedo, como historiador, dejar de revisar los eventos que pudieron conducirnos a este momento crítico. Cuando era niño escuché muchas veces los términos “jibaro aguzao” y “jaiba” para referirse al campesino listo que era capaz de engañar a otro para lograr sus metas. ¿Cómo surgió este individuo?

Todas las sociedades urbanas menosprecian a los campesinos, los condenan por sus estilos simples de vida y su supuesta falta de instrucción. Los ven como oportunistas cuando no se dejan coger de pendejos por los citadinos. Estos son patrones normales, pero en Puerto Rico se dio un fenómeno único que cambió a la población.

La invasión de 1898 enfrentó a un país tradicionalista, católico y simple con los invasores modernistas, protestantes y con aires de grandes señores que venían a salvar a los pobres negros salvajes que habitaban esta tierra oprimida por el coloniaje español.

Los nuevos “amos benévolos” intentaron salvar las almas de los boricuas convirtiéndolos en protestantes (algo parecido hicieron los españoles con los amerindios y africanos cuando los forzaron a dejar sus creencias y ser católicos). Los invasores estadounidenses condenaron todo aquello que veían como despreciable. Al igual que hicieron los conquistadores españoles comenzaron a darnos baratijas para comprar el alma de los pecadores y salvarla convirtiéndonos en “anglófilos protestantes”. Desde su punto de vista éramos salvajes promiscuos (la gente andaba con poca ropa por el calor del trópico y la carencia de recursos económicos para comprar ropas costosas) que adorábamos dioses falsos (la Virgen María y los santos) y practicábamos ritos infernales (Navidad y Reyes).

Intentaron comprarnos con comida. Cada vez que había un servicio religioso daban comida. Celebraban Acción de Gracias, daban comida. Festejaban a Santa Claus y daban comida. Repartieron ropa y zapatos. ¿Qué puede hacer un pueblo con hambre? Desarrollar estrategias como hicieron los esclavos para sincretizar sus creencias, evitar el castigo y tomar ventaja del amo.

Los estadounidenses nos fueron convirtiendo en magos del engaño y el oportunismo. Aprendimos a hacerles creer que creíamos sus patrañas, pero por lo bajo, seguimos haciendo los que nos dio la gana. Ellos controlan la política y la economía, pero nos pasamos por el forro sus leyes y decisiones. Adoptamos algunas de sus costumbres, pero le dimos nuestra sazón… Mientras esto ocurría se iban formando nuevas generaciones carentes de la habilidad de diferenciar el juego de la realidad.

La memoria corta y la falta de una instrucción adecuada fue creando un mundo fantasioso que alcanzó su máxima expresión en la generación Y que se vio atendida por la niñera televisión. La modernidad sacó a ambos padres del hogar para trabajar y sustentar a la familia. Estas generaciones nacidas a partir de 1965 se sumieron en un mundo desconocido donde las apariencias, el engaño y la mentira eran el orden del día. La Isla de la Fantasía fue tomando forma.

Un mecanismo de defensa empleado para resistir y combatir la metrópoli se fue haciendo parte integral de la sociedad. Lo alimentó la ambición material y la idea fantasiosa del sueño americano que veían en la televisión, en el cine y ahora en el Internet.

Somos víctimas de la desvinculación familiar y la ilusión fantasiosa de que el engaño y la mentira son la única forma de lograr los objetivos que nos proponemos. Esto se refuerza a diario con los actos de los funcionarios públicos que deben ser ejemplo de carácter y formación social.

Necesitamos un cambio. Existen grupos, especialmente jóvenes, que están clamando por una transformación de estrategias para rescatar la Patria. No dudo, conociendo la verdadera fibra de lo que está formado el puertorriqueño, que lo lograremos