Rosselló no es un error, es un acto de violencia

alt“Es muy importante comprender quién

pone en práctica la violencia:

si son los que provocan la miseria o los que luchan contra ella.”

Julio Cortázar

Todos los que pasamos el huracán María en Puerto Rico, tenemos recuerdos e historias que nos acompañarán siempre. En mi caso, creo que nunca olvidaré las miradas de tristeza de mis alumnos cuando, casi un mes después del paso del huracán, nos reunimos de nuevo a continuar el curso académico. La gran mayoría no tenían agua ni luz. Algunos de ellos lo habían perdido todo, otros tenían a familiares enfermos y estaban muy preocupados por cómo podrían sobrevivir si seguían sin agua y sin luz, varios se habían quedado solos porque sus familias tuvieron que marcharse de Puerto Rico.

Otro de los recuerdos que nunca olvidaré fue el desamparo y el abandono en el que nos encontramos a unos ancianos de más de 80 años, vecinos del barrio Hoconuco de San Germán. Tuvimos acceso a ellos unos días después del huracán, y con una profunda desolación nos dijeron que no tenían agua potable, apenas comida y el oxígeno que necesitaba la anciana se le estaba terminando. Nadie había pasado a socorrerlos. Recuerdo también ver familias en barrios en el campo que en diciembre seguían viviendo en casas sin techo, niños enfermos por la lluvia que no paraba, alimentándose mal sin electricidad y con poca agua. Cuando leí los mensajes en el chat burlándose de los muertos, de la pobreza, desviando los abastecimientos, los ojos de tristeza de mis alumnos y la aflicción de los ancianos volvieron a mí. El dolor y la escasez que pasaron tantos fue consecuencia del mal manejo de los recursos que iban llegando a la isla. Los intereses económicos de los dirigentes de Puerto Rico impidieron que las comunidades más necesitadas tuvieran acceso a dichos recursos. Burlarse del dolor y el sufrimiento de otros seres humanos no puede ser considerado un error, es una manifestación de la insensibilidad, la falta de empatía, la arrogancia y el abuso de poder de los políticos, es un acto de violencia.

He leído en la prensa estos días que el gobernador se arrepiente y quiere una oportunidad para enmendar su error. La única forma en que puede lograrlo es renunciando a un puesto para el que no está apto, no solo por “el error" que ha cometido al escribir en un chat lo que piensa, sino porque ha despreciado con sus burlas a los habitantes de Puerto Rico, a los que se supone que represente. Es un acto de violencia hacia el pueblo que debe proteger, sobre todo a las comunidades más desfavorecidas. No, no podemos hablar de error cuando se habla de la mujer con tanto desprecio, es un acto de violencia en una sociedad en la que casi todos los días hay delitos de violencia machista. Tampoco es un error expresarse con desprecio hacia las personas homosexuales que llevan tanto tiempo luchando para que se les reconozcan sus derechos, es un acto de violencia. No, no es un error ser misógino, homofóbico, lamentablemente es algo mucho más profundo, es ser incapaz de respetar las diferencias y la diversidad de los seres humanos, es despreciar a más de la mitad de la población, es no tener un ápice de humanidad. Un dirigente político que se expresa de esta forma: “Gran trabajo guys”. Cogemos de pendejo hasta los nuestros” no puede representar a nadie, no porque tenga o no la capacidad intelectual, sino porque no tiene la mínima decencia que se requiere para ser un representante público. Le falta humanidad.

Otro de los recuerdos que me han acompañado desde del paso del huracán es la empatía, la solidaridad de tantos grupos que en distintos lugares de Puerto Rico surgieron rápidamente cuando se dieron cuenta de que la ayuda gubernamental no estaba llegando a donde debía llegar. Uno de esos grupos con el que colaboré gracias a mi amiga Johanna Irizarry es Ayuda pa’ la montaña; hoy, casi dos años después, Johanna todavía está ayudando a los damnificados por el huracán que se quedaron sin hogar, a los que tienen toldos en sus techos o a los que están poco a poco consiguiendo el mobiliario para sus hogares. A lo largo de estos dos años he escuchado en varias ocasiones que el huracán dejó a la vista la pobreza de la isla, es cierto, pero también el huracán nos dejó ver la gran fuerza de la iniciativa civil, de los grupos comunitarios que surgieron por todo Puerto Rico y que llevaron ayuda a los más necesitados. Esa fuerza la estamos viendo también durante la última semana con todas las protestas y manifestaciones que ha habido de forma pacífica en las distintas partes de la isla. La gente se cansó del abuso, de la corrupción, del maltrato, del desprecio y de la falta de honestidad de la clase política.

Si Ricardo Roselló está arrepentido de verdad, no de que sus comentarios se hicieran públicos, sino de tener esos sentimientos hacia las personas que representa, debe aceptar que su calidad humana no está a la altura de los puertorriqueños que sí quieren genuinamente mejorar su calidad de vida y la única forma de mostrar su arrepentimiento es la renuncia. Es necesario que escuche a todas las voces que alrededor del mundo le piden que renuncie. Parece que pese a sus esfuerzos son muchos a los que no ha podido “coger de pendejos” y se han dado cuenta de que sus expresiones no fueron un error sino un acto de violencia contra un país que se cansó del maltrato institucional.