Dom12082019

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Image result for ricky rossello siniestro[Nota editorial: El día 3 de agosto de 2019, se emitió el Laudo del 2do Certamen de Micro Literatura de El Post Antillano. Las jurado determinaron que la autora de este relato obtuvo el premio de en la categoría de micro cuento. En reconocimiento a la distinción literaria recibida por la autora, y con el interés de forjar el desarrollo de nuevos escritores y escritoras, publicamos este micro cuento, cuya distinción es bien merecida].

La lujuria lo esperaba recostada entre sábanas de seda y blandos almohadones. Perdido, como sucedía cada vez que se enfrentaba a su crasa incompetencia y a su vacuidad existencial, traspasó el umbral. Abrumado, se devolvió al retrete para ganar fuerzas. El flácido miembro entre sus manos lanzó un chorro que le salpicó de aguas infectas; metáfora de su vida.

Pudo más el potente aroma libidinoso que serpenteaba bajo aquellas sábanas, custodias del objeto de sus deseos. El eco del corillo reanimó su espíritu baladí y despertó su hombría. Tienes que hacerlo, echa pa’lante. La piel se le erizó desde la base de la espalda hasta la nuca. Una fuerza recia se apoderó de todas sus debilidades y arremetió con los ojos llenos de sangre, como cuando era joven y todos celebraban su desenfreno, llamándole carácter indomable.

¡Te voy a caer encima…puta, puta, más que puta! gritó paseándose entre los muertos que provocó la codicia después del huracán. ¡Puta, puta! Mientras repartía contratos millonarios a sus amigos. ¡Puta, puta requete puta! Al desmantelar la educación y la salud. ¡Puta, puta! Vociferó al lucrarse de la desgracia, del hambre y la violencia que desató su brutal torpeza. ¡Puta, puta, puta!

Desde el primer día, sin ninguna aprehensión, la penetró una y otra vez. Cabalgó enardecido cual mercenario salvaje en guerra sanguinaria. El coro de las huestes gritaba; ¡puta, puta! inflando su ego de macho. Convencido de ser lo que anhelaba la víctima de sus ardides, disparó lo que llevaba dentro, la semilla de la ineptitud, la corrupción y el desprecio. Enajenado, continuó gritando el mantra de su vida; ¡puta, puta, puta….. ¡