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Sin pasar por Go, literatura dominicana desde la diáspora

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) En Puerto Rico conocemos muy poco sobre la literatura dominicana, algo insólito ya lo que nos separa de la República Dominicana es un filo de agua. Por supuesto, todos hemos leído a Juan Bosch, un cuentista esencial en la literatura latinoamericana, pero generalmente, lo que sabemos en nuestra isla de la literatura del país hermano es deficiente.

Admito que antes de tomar un curso sobre la cuentística dominicana con el doctor Miguel Ángel Fornerin no tenía buen agarre de esta literatura.

Descubrí la fina prosa de varios escritores de antaño en ese curso, y me preocupé de que la literatura puertorriqueña también fuese en gran parte ignorada no solamente en la República Dominicano sino en Latinoamérica en general.

Pero lo que me toca ahora es hablar de la narrativa contemporánea. Sin Pasar por Go, una colección seleccionada por la escritora Rita Indiana, quien, por supuesto, es una gran autora dominicana, debe de ser lectura obligada para todo aquel que se preocupe por el producto literario del Caribe.

En el prólogo, Lorgía García Pena comienza señalando la crítica a las antologías de cuento dominicano hechas por el escritor y estudioso Sócrates Nolasco, quien postuló que estas eran en gran parte deficientes por excluir en vez de incluir. Este tomo presenta escritos inspirados por la vida moderna del dominicano, especialmente en la diáspora norteamericana. Pero estos cuentos, como dice García Pena, no tratan de “la tradición, el campo y los efectos de la industria y la globalización en la nación dominicana” como lo fue el siglo pasado. Esta colección es decididamente urbana, no solamente preocupada por lo dominicano sino por la vida en general. Se trata de personajes que tienen que lidiar, como todo el mundo, con el desamor, la enfermedad y la familia. Pero la familia que presenta este libro es una en flujo, como el vaivén de los dominicanos a los Estados Unidos.

La diáspora es esencial al tomo, que ofrece atisbos, como si fuesen sugerencias, de la dominicanidad en el Siglo 21. Difiere en algo a la literatura escrita por dominicanos que se formaron en los Estados Unidos como Julia Álvarez y Junot Díaz. Muchos de estos cuentos intentan atrapar la vida de un país caribeño en flujo de una Isla a un continente, y como este movimiento pesa en el concepto de dominicanidad o de la identidad de cualquier pueblo. ? Le parece a algún pueblo que los puertorriqueños conocemos tan bien?

Lo importante de la colección es que presenta unas visiones de la vida no enraizadas en el canon. Nolasco repudiaba que lo experimental y las visiones de la vida dominicana contemporánea han sido excluidas y desprovistas de importancia por aquellos antologistas que no logran soltar el canon.

Y el flujo dominicano no solamente es a Nueva York o la costa noreste de los Estados Unidos sino a Puerto Rico. El cuento que abre esta colección es uno del reconocido escritor Rey Andujar, que trata no solo de la vida de trabajo de los quisqueyanos en nuestra isla, sino de la vida y la urbanidad difícil que vivimos en Puerto Rico.

Se destacan cuentos cuyos protagonistas viven y se desenvuelven en los Estados Unidos. El Olor de NYC de Mario Dávalos la relata un dominicano que vive en Nueva York y después en Jersey City, “que era como vivir en Manhattan pero mucho más barata”. Ante los trabajos de baja paga sentencia que “ser dominicano en Nueva York no era nada como ser Dominicayol en Dominicana”, como quien dice que la vida de inmigrante en Nueva York no tiene el glamour que piensan los que viven en la República Dominicana.

El narrador del cuento “Southern Comfort” de Juan Dicent, que esta en constante flujo territorial, cuestiona con ironía su vaivén. No sería mejor, se pregunta, viajar al sur de los Estados Unidos; “allí buscarme una white trash con cara de batata, gorda, que me de golpes todas las noches; vivir con ella en un trailer izando orgulloso la bandera confederada mientras toco en un banjo “and I’m free to be an American where at least I know I’m free” descubrir la felicidad simple de cultivar un jardín de mufflers, mullets y escopetas”—claramente una especie de auto burla. La pregunta aparente es: dejar de ser dominicano para convertirme en un cliché del norteamericano en su versión más cruda? Como nos hemos dado cuenta: las identidades en el siglo 21 son algo complicado.