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Se enciende la navidad en Cayey

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altLa noche del viernes 29 de noviembre, las estrellas se iluminaron para dar comienzo a una nueva navidad en Cayey. La Navidad cayeyana es especial, aunque, a decir verdad, cada Navidad tiene su encanto porque en cada corazón borincano nacen unos brotes de esperanza de un futuro mejor.

La ciudad encendida se vio rociada por unas gotas de lluvia que fueron interpretadas como bendiciones para cada cayeyano que habita las laderas y valles de la Sierra de Cayey

La alegría de los cayeyanos paseándose por las calles citadinas era contagiosa. La camaradería solidaria era extraordinaria.

Lo particular del Encendido Cayeyano es la participación masiva de la ciudadanía en la actividad. Los estudiantes toman una participación vital, ya que la Administración Municipal organiza las escuelas con el propósito de que los alumnos confeccionen postales navideñas. Este año participaron diez escuelas con el lema, Cayey, capital cultural.

Para algunos cayeyanos hablar de capital cultural es un concepto de gran envergadura, muy ambicioso. Tal vez la dificultad radica en que desconocemos lo que es una capital cultural. Buscamos la descripción del concepto y concordamos en que Cayey es una capital cultural. El término capital cultural se define como las formas de conocimiento, educación, habilidades, y ventajas que tiene una persona y que le dan un estatus más alto dentro de la sociedad.

En principio, son los padres quienes proveen al niño de cierto capital cultural, transmitiéndole actitudes y conocimiento necesarios para desarrollarse en el sistema educativo actual. Es lo que diferencia a una sociedad de otras, en ella se encuentran las características que comparten los miembros de dicha sociedad, tradiciones, formas de gobierno, distintas religiones, etc., el cual se adquiere y se refleja en el seno familiar y se refuerza en las escuelas y situaciones de la vida diaria.

El concepto sociológico de capital cultural fue acuñado y popularizado por Pierre Bourdieu, quien lo define como la acumulación de cultura propia de una clase, que heredada o adquirida mediante la socialización, tiene mayor peso en el mercado simbólico cultural, entre más alta es la clase social de su portador. El término fue empleado por primera vez en el libro "La Reproducción", de Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron, publicado en 1973. El concepto también es multifacético y sirve para muchos propósitos de factores analíticos. Se trata de un tema muy discutido que se utiliza en diferentes vías de investigación empírica, ya que puede abarcar muchos ámbitos sociológicos.

En el Encendido Navideño de Cayey 2019 se demostró claramente las habilidades de los cayeyanos. Los niños dibujaron y colorearon tarjetas postales demostrando su talento. Rescataron el concepto antiguo de las tarjetas navideñas. Las primeras tarjetas navideñas aparecieron en 1843 patrocinadas económicamente por Sir Henry Cole, fundador del Museo Victoria & Albert. La idea era enviar las tarjetas como felicitación para celebrar la festividad cristiana de la Natividad.

Sin embargo, el intercambio de las tarjetas es más antiguo, aunque no se puede decir que la costumbre se haya generalizado desde el siglo XV, aunque ya en 1450 se imprimió en Alemania la primera tarjeta cuya intención era comunicar buenos deseos navideños. Se trataba de una xilografía bastante mal hecha que representaba al Niño Jesús de pie, en una embarcación tripulada por ángeles.

En el caso de las Tarjetas Navideñas de los niños cayeyanos las mismas engalana la decoración de lo que fue el antiguo ayuntamiento que próximamente cambiara su uso para convertirse en un hotel, sobre ese tema escribiremos próximamente.

Los dibujos de los chicos demuestran el amor que le tienen a su pueblo y como ellos interpretan el concepto capital cultural. Plasmaron en sus lienzos lo que es Navidad, el trolley, las montañas de Cayey, la Iglesia, la música entre otros aspectos.

Por otro lado, la Casa de la Música y la historia Cayeyana tuvo un papel protagónico en el encendido. Frente a la Casita, como se le llama cariñosamente, se montó una tarima y en esta subieron varios artistas. Lo particular fue que los artistas que compartieron su talento eran todos cayeyanos. Entre ellos podemos mencionar la Tuna del Recuerdo, Rondalla Voces de América, Son los de aquí y la presentación del disco de Pablo Hernández.

La música que se escuchó en el Encendido Navideño Cayeyano evocaba la tradición de la montaña, las costumbres del jíbaro. Eran acordes que surgían del alma de la nación y acentuaban lo cayeyano.

Lo invitamos a visitar este despliegue de talento cayeyano. Caminando por nuestras calles pueden encontrarse con artistas plásticos como Lubriel Padilla y su carboncillo, con el alcalde, maestros, abogados, agricultores… todos orgullosos de ser cayeyanos, hijos de la Sierra y de esta vendida patria puertorriqueña.

La noche del encendido, reina de San Isidro Labrador, Niwde Rivera, paseaba por el compartiendo con los ciudadanos y tomándose fotos.

No podemos dejar de mencionar que Cayey atraviesa un resurgir de pequeños comerciantes similar al de 1956 cuando había 460 empresas nativas. Estos nuevos comerciantes aunaron esfuerzos para deleitar a los transeúntes con delicias gastronómicas cayeyanas: sancocho que reanima muertos, guanimes con bacalao, todo acompañado con un cafecito prieto.

No faltaron los fotógrafos de la Escuela de Bellas Artes que documentaron fotográficamente la actividad, ni los selfis, ni los videos, ni los Facebook life, uniendo a los cayeyanos de aquí con los de la patria chica extendida.

Cayey se engalanó con un traje de luces, pintado por hijos y aromatizada por la flor del tabaco para decirrle a la patria y al mundo, que ella es señora de la Sierra y capital cultural de la montaña, hoy, mañana y siempre. .