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La Letra del Año en la tradición de los Orishas

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alt(San Juan, 1:00 p.m.) Iniciamos un año nuevo con muchas expectativas y esperanzados de que el 2020 sea mejor que ciclo solar que terminó. Empero, el año comenzó con baños de sangre, asesinatos de niños y heridos de balas al aire disparados por irresponsables en la noche vieja. También hubo anuncio de aumentos de peajes en las autopistas y expectativas económicas funestas incrementados por la migración, el envejecimiento poblacional y acuerdos gubernamentales desastrosos.

Los problemas socioeconómicos que afectan la isla y el azote del bajo mundo hicieron mucho ruido en este inicio de año, pero, ¿qué nos depara el futuro?

Como ya es una tradición, nos mantuvimos atentos a la letra del año que regirá el 2020. La Letra del Año, que anuncian los Sacerdotes Mayores de Ifá en Cuba, es un símbolo en un oráculo conocido como Ifá.

La ceremonia de la Letra del Año es la ceremonia religiosa más importante de Osha Ifá, nombre con que se conoce la santería. Por santería se entiende el conjunto de sistemas religiosos que funden creencias católicas con la cultura tradicional yoruba. Es, en sí, una creencia religiosa surgida de un sincretismo de elementos europeos y africanos.

El complejo sistema de adivinación es un sistema de signos que deben ser interpretados por un sacerdote de Ifá, también conocido como babalawo o babalao, el padre de los secretos. Este oráculo se emplea cada vez que debe tomarse una decisión importante tanto si es individual como colectiva.

Nos explica un amigo babalao, que pidió mantener su nombre en anonimato, que el sistema adivinatorio emplea un tablero circular, llamado Opon Ifá, sobre el que se espolvorea un fino polvo (iyefá) que ha sido consagrado siguiendo un determinado ritual y se manejan dieciséis semillas de kola, un tipo de palmera.

Luego de recitar las oraciones y efectuar los pertinentes a las deidades del panteón yoruba, el babalao toma todas las semillas de kola en su mano izquierda y luego con la mano derecha. Repite el movimiento hasta que una o dos semillas no consiguen ser atrapadas. Si queda una semilla, el babalao ejecuta dos marcas (II) con el dedo sobre el polvo del tablero. Si quedan dos semillas, sólo efectúa una marca (I). El proceso se repite ocho veces y al final aparece una figura llamada odu, que significa literalmente: cabeza o divinidad.

Existen 16 signos o odus principales que cuando se ordenan establecen un patrón de 240 composiciones, que al sumársele los principales crean un patrón con 256 combinaciones. Cada una de esas 256 combinaciones o odus cuentan con un

un gran número de patakis o historias que deben ser interpretadas por el babalao. Esa interpretación llevada a cabo por el sacerdote debe proveerle una respuesta al problema del consultante. Los patakis son historias que reflejan la historia yoruba, su lengua y sus creencias.

Los babalao utilizan otro método para llevar a cabo sus augurios que no utiliza el tablero que está formado por una cadena ceonocida como ekuele o opkuele o ekele, hecha a partir de ocho trozos de corteza de coco o de caparazón de tortuga. El sacerdote tira el ekuele en el suelo, sobre una estera, y la forma en la que caen los ocho trozos de corteza de coco da lugar al mismo número de combinaciones de odus (256) que las que se obtienen con el Opon Ifá.

La letra del año representa una de esas 256 combinaciones y predice como se verá afectado Cuba y el mundo. Babalaos en cada país llevan a cabo sus propias interpretaciones que en general son variaciones de la letra obtenida en la mayor de las Antillas. La obtención de la Letra constituye la ceremonia religiosa más importante de Osha Ifá. Comenzó a realizarse en el siglo XIX, desde entonces los babalawos de diferentes ramas religiosas se reúnen para entregar las predicciones y cuidados que se deben tener en cuenta durante el próximo período.

Las narraciones que acompañan a la Letra del Año indican que es permisible llevar a cabo para poder vencer los augurios negativos. Es también importante conocer los orishas o divinidades que gobiernan, los signos y ritos asociados a estos.

La ceremonia para escoger la letra estuvo presidida por el babalao Ángel Custodio Padrón, conocido con el nombre religioso de “Awo Orumnila Baba Eyiobbe”. En la ceremonia participaron los principales grupos religiosos yorubas cubanos agrupados bajo el nombre de Asociación Cultural Yoruba de Cuba (ACYC).

Signo Regente: Ogunda Biode

1er. Testigo: Irete Ansa

2do Testigo: Baba Ejiogbe

Oración Profética: Osorbo Acoba Lowo Araye. Orunmila Orile.

Onishe: Adimu Obi Merin. (4 cocos)

Ebbo (ofrenda): Akuko, Acofa Meta, 3 bollos, tierra joro joro, Eku, Eya, Awado, 3 flechas en los bollos y demás ingredientes

Divinidad que gobierna: Oshún

Deidad acompañante: Obatalá

Bandera del año: Amarilla con ribetes blancos (amarillo es el color de Oshún y el blanco el color de Obatalá).

Para interpretar el mensaje debemos conocer a las divinidades que gobiernan el año. Oshún representa la sensualidad, amor, el romanticismo, la delicadeza, el dulzor, la felicidad, el agua, la serenidad y el oro. El nombre se puede escribir como Oshun, Oxum u Ochun (en yoruba: Òşun). En el sincretismo cubano se identifica con la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba.

Obatalá es el creador de la Tierra, dueño de la inteligencia, los pensamientos, los sueños humanos y de todo lo blanco. Es a él a quien se atribuye el origen de la mayoría de los dioses africanos y de todo lo que hay en el planeta. Es en sí mismo, manifestación pura de la deidad. En el sincretismo se identifica con la Virgen de la Mercedes.

La letra trae presagios funestos. Los sacerdotes vaticinan un incremento desmedido en la criminalidad. Aumentarán los índices de robos, asesinatos, corrupción gubernamental y malversación de fondos públicos. El año será violento.

La crisis económica continuará socavando las estructuras comerciales y políticas.

Morirán líderes políticos reconocidos. Habrá epidemias generadas por la falta de higiene. La famosa liberación de los años 1960 que degeneró en una indisciplina social continuará costando vidas. Habrá un incremento en el consumo de alcohol y drogas.

La familia tradicional se quebranta debido a la pérdida de valores, la falta de autoridad de los padres y la promiscuidad sexual entre las parejas. Aumentarán las enfermedades asociadas al sistema reproductor, especialmente la impotencia entre los jóvenes y los problemas fisiológicos causados por la próstata y la ingesta de fármacos para mantener la virilidad y el apetito sexual. También veremos un acrecentamiento en las enfermedades graves neurológicas y psíquicas.

Debemos estar vigilantes para evitar posibles intoxicaciones provocadas por el consumo de alimentos en mal estado o mal elaborados, y trastornos de enfermedades de bajo vientre con peligro de intervenciones quirúrgicas.

Los sacerdotes aconsejan mantener a los niños alejados de los asuntos de los adultos. Debemos ser cuidadosos al transitar por zonas propicias a asaltos y violaciones. Recomienda la letra evitar las desavenencias comerciales.

El cambio climático continuará. Debemos estar atentos a los fenómenos sorpresivos.

En general la letra recomienda mantenernos atentos para evitar la decepción y la humillación porque saldrán a la luz enemigos ocultos, incluyendo entre ellos algunos que considerábamos buenos amigos. Cuidado con los entuertos, las conspiraciones y los asuntos nebulosos.

La letra recomienda no pagar bien con mal para evitar nuestra autodestrucción, dolorosa y paulatina, pero segura.

El año augura cambios y transformaciones en lo personal y lo colectivo porque es “momento de establecer nuevos patrones, tanto de conducta como de actuación, es el momento de desterrar de nuestras vidas todo aquello que es caduco”.

A pesar de los aspectos negativos del signo, Oshún, que representa las emociones y Obatalá, que simboliza los pensamientos, nos indican que manteniendo un balance entre los pensamientos y las emociones logramos crear oportunidades junto a personas fieles y fidedignas que repercutirán en beneficio para todos.