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La fiesta del Día de los Reyes Magos

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) El día de los Tres Santos Reyes Magos es mi fiesta favorita durante el periodo de las pascuas navideñas. Desde pequeño mi familia fomentó en mí la ilusión mágica de los Magos de Oriente que traían regalos en la noche del 5 de enero, pero también inculcaron una veneración especial hacia los Reyes como santos milagreros capaces de interceder por nosotros ante Dios para hacer posible cualquier petición.

Mi familia, como buenos boricuas, le encanta el jolgorio. En mis días infantiles las pascuas se iniciaban el 31 de octubre y concluían el 2 de febrero con la fiesta de Nuestra Señora de la Candelaria. Había parrandas, reuniones familiares, bailes… todo aderezado con los ricos platos tradicionales de la época y la música de campo adentro (altura), seises y mazurcas, así como de la bajura, bombas y plenas. Fueron tiempos de un pueblo agrícola que asociaba la Navidad con el agradecimiento natural de seres devotos por una buena cosecha y con el trabajo, pues las festividades coincidían con el inicio de la zafra de la caña de azúcar (diciembre-enero) y concluían con el acabe del café (febrero).

Los Reyes Magos era una fiesta para los niños y las familias. Recuerdo que en la finca de casa se ponían todos los pilones para pilar café en una línea recta. Los pilones eran inmensos troncos ahuecados. A cada niño se le asignaba un pilón para que le pusiera a los camellos hierba y maíz dentro del hueco. Por supuesto, no podía faltar un cacharro con agua frente al pilón para saciar la sed de los camellos luego de tan largo viaje desde oriente a Boriquén. Bueno, lo de los camellos es complicado porque para muchos los Reyes venían en caballos y eso generaba largas discusiones infantiles. Todavía no estoy seguro si el cuento de los camellos era cosa de los citadinos. En fin, me crie entre el campo y la ciudad y eso generaba confusiones.

Lo que nunca podré olvidar es como los adultos manejaban la transición entre creer o no creer en los Reyes. Ya en la escuela, la mayoría de los niños dejábamos de creer en Melchor, Gaspar y Baltasar para comprender que los Reyes eran nuestros padres. En casa, si no se ponía hierba no había regalos. El día 6 los Reyes nos dejaban regalos y entre juegos, los sabiondos chicos sacábamos tiempo para buscar pistas sobre el paradero de la yerba. Todavía desconozco el paradero de esa yerba, nadie me quiso decir, ni aun siendo un adulto.

En mi casa se celebraba una gran fiesta la Víspera de Reyes. Montaban un altar en honor a los Reyes y a la Virgen María, con imágenes de la Monserrate y la Candelaria. El altar se adornaba con flores recogidas entre las plantas del campo. Luego se cantaban 25 aguinaldos en honor a los Magos de Oriente. Entre aguinaldo y aguinaldo se rezaba el rosario. La gente ponía papelitos en una canasta en el altar con sus peticiones a los Reyes Magos. Las miradas profundas y la seriedad del acto corroboraban la inmensa fe del peticionario de que su milagro se realizaría.

A los niños se le acostaba a medianoche, orden acatada de vacilación con la ilusión de despertar y encontrar el juguete añorado. Los adultos seguían celebrando con baile y pitorro.

Antes de acostarnos, mami nos cantaba ese aguinaldo que dice “Llegan en la noche del 5 de enero, se sienten sus pasos en la noche fría…”. Todavía escucho su voz en la Víspera de Reyes.

En Puerto Rico existen promesas en honor a los Magos centenarias, como es el caso de la fiesta de Juana Díaz. La festividad está incrustada en la fibra de la puertorriqueñidad porque conservarla fue una lucha ardua contra el gobierno estadounidense que la prohibió e hizo punitiva su celebración entre 1899 y 1931. Este hecho histórico fue borrado de la educación formal hasta hace unos años cuando se documentó la larga trayectoria de la lucha por mantener una tradición que heredamos de España.

He visto la evolución de la tradición. Entre las cosas positivas respeto la inclusión de las mujeres como Reyas Magas, pues el género de los magos es lo de menos, el mensaje es el mismo. Además, la tradición y la lucha ha estado en manos de las mujeres desde que la nación se comenzó a gestar en el siglo XVI.

Lo que no soporto es la politiquería en la festividad. Los políticos han convertido la repartición de regalos en un acto de propaganda política para adelantar sus candidaturas y causas partidistas. Azules y rojos se acuerdan de los Reyes Magos cada año para movilizar a los electores, comprar indirectamente su apoyo con un regalo a los niños y luego olvidarse de las promesas de campaña.

Esta acción politiquera es tan habitual que hasta la gobernadora Wanda Vázquez Garced se montó en ella. Luego de haber acostumbrado a los electores a la repartición de regalos regionales la fiesta vuelve a la capital para promocionar a la candidata Wandita “la santita no política”. Veremos largas filas, niños agotados, padres frustrados y politicastros satisfechos.

La manipulación del electorado utilizando sus tradiciones logrará su objetivo, hacernos creer que todos “estamos bien” a lo cual podemos añadirle el sentido sarcástico de la canción trap del Conejo Malo,

“No te preocupes, estamos bien (wuh-uh), hey

Sobran los billetes de cien, eh eh

No hay nada mal, estamos bien, 'tá to' bien, ey (wuh)

To's los míos están bien, 'tamos bien, hey” .

Los Reyes Magos son una manifestación de nuestra identidad y nos recuerdan los valores que nos destacan como gente buena. No olvidemos la tradición, ni permitamos que la empleen para manipularnos. Recordemos la lucha para mantener nuestro acervo cultural y el derecho a celebrar nuestras tradiciones.

¡Qué la estrella de Belén brille en los corazones de todos los puertorriqueños para que gestemos conciencia del regalo de amor de los Reyes Magos! ¡Feliz día de los Tres Santos Reyes Magos!