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La hoja suelta [del pueblo soberano] contra Luis Muñoz Rivera (fragmento de un juicio)

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) Ocurrió que un 14 de septiembre de 1901 apareció en las calles de San Juan una hoja suelta, anónima, firmada por “el pueblo soberano” en la que se invitaba a atacar la casa de Luis Muñoz Rivera (LMR). Pero ¿qué causó la cólera del gobernador Americano , Charles Allen, para patrocinar y apadrinar las turbas republicanas a que lo atacaran? ¿Por qué las turbas atacaron impunemente y destrozaran la imprenta de La Democracia y al otro día atacaron también la casa y el hogar del periodista y patriota Luis Muñoz Rivera? Pues lo causó las acusaciones vigorosas que LMR hizo desde su periódico al Bill Hollander, con el fin de despojarnos de las tierras para imponer el monocultivo de la caña.

Ante tal imposición Luis Muñoz Rivera volvió a empuñar la misma pluma como fusil que usó en tiempos de España. Y empezó por repudiar la Ley Foraker que nos despojaba de toda autoridad sobre nuestros asuntos.

Desde el periódico La Democracia combatió las nefastas medidas políticas, económicas y culturales que se le impusieron al país luego de la invasión. Sus constantes artículos fueron tan efectivos e implacables que provocaron incontables reacciones violenta contra él ,entre los republicanos. Ante ello la meta del gobierno fue silenciarlo a toda costa, contrarrestarlo e inutilizarlo políticamente con falsas acusaciones .

Para lograrlo, el gobernador norteamericano, Charles Herbert Allen, (1848 – 1934) respaldó de forma burda e incondicional a los republicanos del patio . Los mismos que apoyaron todas las medidas que rechazaba y combatía LMR , algunas de ellas, el despojo de nuestras tierras del Bill Hollander como veremos más adelante, el asimilismo a ultranza, el desprecio a lo propio.

Ese apoyo envalentonó al Partido Republicano, y con la complicidad del gobernador, se formaron en el 1901 las turbas republicanas, de tan vergonzosa recordación. Turbas que atentaron impunemente contra la vida de Muñoz Rivera y la de su familia. .

LA HOJA SUELTA Y LA FABRICACIÓN DE UN CASO

En ese ambiente viciado, violento, es que se dio uno de los ataques más famosos provocado por la hoja anónima, firmada por “el pueblo soberano” que se repartió por la ciudad de San Juan. Y esa misma tarde invitaban a tacar a Luis Muñoz Rivera en su casa en la calle Fortaleza donde además tenía ubicada la imprenta de su periódico . Y en el segundo piso estaba localizada su residencia donde vivía con su mujer e “hijo de tres años”.

La hoja iba dirigida al Gobernador norteamericano, Allen, el primer gobernador civil en Puerto Rico. Pero la hoja llegó a manos del abogado Herminio Díaz Navarro, que tenía su oficina en San Juan y preocupado, fue a ver a Muñoz Rivera.

Allí se encontró a Tulio Larrínaga (poeta y periodista) que estaba allí por la misma razón. Acordaron con Muñoz Rivera que ambos irían a ver al Gobernador para solicitarle que evitara el asalto.

No obstante, al llegar a Fortaleza se encontraron que salía de la oficina del Sr. Egózcue, alcalde de San Juan y archienemigo de Muñoz Rivera.

Lo primero que vieron al entrar al despacho del Gobernador Allen, según narró Díaz Navarro, durante el juicio al que fue sometido LMR, fue un ejemplar de la misma hoja suelta que los movió a ir allí, en el escritorio del gobernador. Mr. Allen los escuchó, y al pedirle el licenciado Díaz Navarro y Tulio Larriaga , garantías y protección para la familia de Muñoz Rivera y su imprenta éste les contestó :

“Yo creo que el atentado no se realizará; el señor alcalde acaba de asegurármelo, pero si se realiza, avisen ustedes en el acto por teléfono y yo enviaré fuerzas para rechazarlo”.

Contrariados al ver que el gobernador estaba dispuesto a suprimir el ataque, pero no a evitarlo, creyeron un deber permanecer en la casa de Muñoz Rivera para protegerlo. La lealtad al líder era grande, el peligro era real. La hoja se había regado como la pólvora, e hizo que espontáneamente más de 40 correligionarios de todas las clases sociales llegaron con revólveres y permisos de portar armas a la calle Fortaleza para proteger a Muñoz y se ubicaron frente de las oficinas de El Diario La Democracia donde estaba la imprenta.

Días antes de atacar la casa de LMR , las turbas destruyeron su imprenta: “atacar los hombres del” Diario” empezando por la cabeza “

Razones tenían para estar preocupado por la vida de LMR, el ambiente se había caldeado a tal punto que en vísperas del atentado del 14 de septiembre, salió a relucir en el juicio que las turbas irrumpieron impunemente “ en la imprenta y oficinas del Diario de Puerto Rico, periódico del señor Muñoz Rivera, rompiendo cristales, destrozando máquinas, arrojando a montón por las alcantarillas de la calle los tipos ( de imprenta) y destrozando en medio del arroyo las ediciones.”

En ese ambiente agresivo y brutal es que se repartió la hoja suelta invitando a asaltar la casa de Luis Muñoz Rivera. Se esperaba lo peor contra la vida de Luis Muñoz Rivera

Comenzó el juicio e interrogado por la Presidencia, con la declaración de Don Luis Muñoz Rivera, quien contestó de la siguiente forma:

—¿Cómo se llama el procesado? —Luis Muñoz Rivera.
—¿Qué profesión ejerce? —Periodista.

—¿Cuántos años tiene?

—Cuarenta y uno.

—¿Ha sido procesado alguna vez?

—Cuarenta y dos.

—¿Por qué delito?

—Por defender al débil contra el fuerte y al oprimido contra el opresor; por predicar el derecho y la justicia...

Interrúmpele el Presidente.
—¡Bueno, bien! ¡Por hacer política! —No, señor Presidente: por hacer patria.

Muñoz Rivera sufrió más arrestos que los años que tenía: a los 41 años ya lo habían llevado preso en 42 ocasiones. Su vida no fue fácil.

Al empezar el juicio, procede el abogado de la defensa, el Lic. López Landrón, a leer parte del texto de la hoja suelta titulada “pueblo soberano”, y transcribo las palabras porque evidencian la persecución , intimidación e intolerancia contra la prensa liberal dirigida por Muñoz Rivera. Muñoz era considerado enemigo del gobierno americano en la isla y las turbas piden su cabeza. El perverso plan consistía en acusarlo falsamente de libelo , excusa útil para fabricarle un caso que afectara su prestigio

El abogado de Luis Muñoz Rivera, López Landrón, cita textualmente lo expresado en la hoja suelta que se repartió antes del atentado : "Si se reproduce hoy aquel libelo inflamatorio (refiriéndose a los artículos de LMR) “Pueblo, si el libelo se reproduce, que no quede un periódico en la calle!” “Pueblo; si el libelo se reproduce, que desaparezca la imprenta del Diario!”
“Pueblo; si el libelo se reproduce, que sean atacados los hombres del “Diario” empezando por la cabeza... Y QUE DIOS REPARTA SUERTE.—EL PUEBLO SOBERANO.”

Y concluye el abogado defensor : ... “Bien decía mi digno compañero el señor Fiscal; yo no veo la figura del Pueblo Soberano en las exaltaciones de esa hoja volante de las calles. Imagino que tres o cuatro, quizás un solo autor asuma la secreta responsabilidad de la provocación”

Ante el anunció de este nuevo ataque contra Luis Muñoz Rivera, el Lic. Díaz Navarro narró en el estrado que estuvieron toda la tarde acompañado a Luis Muñoz Rivera , pero ante la tranquilidad reinante, se fueron marchando cada cual a su casa. Pero como a eso de las 8 de la noche, al poco tiempo se empezaron a oír los disparos. Las turbas dejaron que el tiempo transcurriera para atacar la casa de LMR cuando casi todas las personas que custodiaban la casa se hubieran marchado.

Y para hacer el cuento corto, comenzó el tiroteo y un corre y corre en la ciudad, llegó la policía, y ¿a quién arrestaron y llevaron a juicio? No a los agresores. Arrestaron a Muñoz Rivera y a una parte de sus correligionarios. Muñoz bajó con su revólver para evitar que subieran al segundo piso donde se encontraba su mujer y su hijo de tres años.

Sin embargo, nada hizo el gobernador Allen contra las turbas republicanas que atacaron , al contrario las protegía, las alentaba. Alegaron entonces falsamente varios guardias en el juicio que Muñoz habían tirado a matar “a quemarropa” a un policía . Los interrogatorios de la defensa sobre esa acusación no tienen desperdicios, aquí algunos ejemplos:

“López Landrón: ( abogado defensor)—¿Por qué dice usted que el Sr. Muñoz Rivera disparó contra su compañero el guardia González Galvarín, siendo de suponer que fuera oscura la noche?

Rengel:—Porque vi el fogonazo del revólver del Sr. Muñoz, casi en la cabeza del guardia González Galvarín. López Landrón:—¿De frente?

Rengel:—De frente.

López Landrón:—¿Qué hicieron ustedes los guardias ante tal agresión?

Rengel:—Como en seguido sonó una descarga contra nosotros y eran muchos los del grupo, retrocedimos.

López Landrón:—¿Cómo? ¿Retrocedieron ustedes acaso para huir?
Rengel:—Para defendernos, y por eso acudí a guarecerme de los disparos que se me hacían en la esquina de la puerta de la tienda de préstamos de don José Bazán. López Landrón:—¿Retrocedió usted entonces dando las espaldas al grupo? Rengel:—No, señor. Retrocedí de frente.
López Landrón:—¿Cómo de frente?

Rengel:—Sin dar las espaldas para atrás.

López Landrón:—¿De prisa o despacio?

Rengel:—Yo corrí de espaldas como acostumbro. (Risas)

El Presidente impone silencio.

Tampoco se encontró una sola huella de disparos en esa pared según salió a relucir en el juicio.

Pero uno de los momentos dramáticos no exentos de humor se dio cuando el acusado en este caso Luis Muñoz Rivera, interroga al policía municipal que lo acusaba de haberle disparado a quema ropa. Comparto el interrogatorio que se explica por sí mismo :” El Presidente, dirigiéndose al guardia González Galvarín y al señor Muñoz Rivera: habrán ustedes observado las contradicciones en que incurren. Yo les ruego se sirvan llegar a un acuerdo, si es posible, tocante a la verdad: y que mutuamente se hagan las reconvenciones y advertencias oportunas. Muñoz Rivera:—Está bien, señor Presidente, y ya que su Señoría así lo dispone, ¿me permitirá repreguntar al guardia González Galvarín concretando los puntos?

Presidente:—Puede usted hacer esas preguntas.

Muñoz Rivera:—(Dirigiéndose al Guardia González Galvarín). A preguntas de mi Letrado defensor ha fijado usted la distancia a que yo le disparé; dijo usted que yo le había hecho fuego a distancia de un metro próximamente ¿no es así?

González Galvarín:—Sí, señor.

Muñoz Rivera:—Pues bien; acérquese usted a mí, colóquese usted de pie como a la distancia de metro y medio; así, está bien; ya lo ve usted (el señor Muñoz Rivera extendiendo el brazo en actitud de disparar al guardia), añade: ya lo ve usted; yo soy de alta estatura, soy corpulento, tengo el brazo largo, bastante largo, lo extiendo hacia usted para dispararle, tengo en la mano un revólver, que, añade, es una cuarta próximamente la longitud de mi brazo... Es insignificante la distancia que queda entre la boca de mi arma y su cuerpo de usted; pues bien: ¿cómo es que, ni yo con mis disparos, ni el grupo de personas armadas, junto a mí con sus descargas cerradas, no le hirieron ni a usted ni a sus compañeros?

González Galvarín:—(Palideciendo y algo perplejo) Puede que ustedes hayan disparado al aire. Muñoz Rivera:—Pero... ¿No comprende usted que disparar hostilmente al aire contra la policía era dejarnos herir inmediatamente por ella? González Galvarín:— Es que nosotros retrocedimos para defendernos.
Muñoz Rivera:—¿Cómo?... ¿así cumplían ustedes con su deber, en vez de detenernos y herirnos, caso necesario?

González Galvarín:—Señor; como eran tantos los que estaban en el zaguán y disparaban, fui a protegerme en una de las puertas del “Boletín Mercantil" en la acera de enfrente, desde donde contestaba a los tiros que me hacían.

Muñoz Rivera:—Pero... ¿cómo dice usted que contestaba a nuestros tiros desde allí, cuando ni siquiera se ha encontrado las huellas de un proyectil de revólver en el ancho zaguán de mi casa, ¿dónde supone usted a los agresores?

González Galvarín:—Es que yo disparaba al aire.

Muñoz Rivera:—Pero... ¿es que desde allí tampoco podía Ud. defenderse ni protegerse. Cerrada como estaba la puerta, en el hueco, de una cuarta escasa, que tiene el arco no podía usted ocultar el cuerpo. Necesariamente habría de estar usted al descubierto, mucho más en actitud de disparar continuadamente. ¿Cómo es posible que no hiciera usted blanco en los del grupo, ni que los del grupo llegasen a herirle a usted? Valiente defensa hacía Ud. en sus funciones de policía!...

(El guardia González Galvarín palidece mostrándose en extremo afectado.)

El señor Muñoz Rivera le reconviene entonces para que, como hombre sincero y honrado, rectifique las absurdas acusaciones que formula.

González Galvarín exclama: ¡lo que he dicho lo puedo jurar y lo juro por los huesos de mi madre!

Muñoz Rivera:—¡Pobres huesos, Señores del Tribunal!

Un murmullo de asombro se propagó por todos los espacios del salón de sesiones.

“Las contradicciones flagrantes fueron constantes y los 83 testigos de cargo se esfumaron, se aflojaron y se negaron a ser interrogados por la defensa, solo quedaron 4 testigos que se enredaron en sus propias contradicciones”

La hoja titulada “pueblo soberano” se mencionó contantemente durante el juico, la defensa la presenta como prueba para demostrar que parte del propósito fue acallar la voz y desprestigiar al líder . Y así lo expresa “el señor Muñoz Rivera extiende su discurso para persuadir a los jueces de que las cuarenta o cincuenta declaraciones que contra él aparecen, no prueban nada o prueban que el tiroteo se quiso forjar un arma política, con el solo fin de inutilizar a un hombre político acusándole de una infracción del Código, cuya significación moral sería más grave que la pena material.… Y si esos ejemplos son frecuentes, y si el espíritu de sectarismo es capaz de llevar aquí a los ciudadanos a tales excesos, ¿cómo no creer que cincuenta o sesenta sectarios se dispongan a declarar en falso, a mentir en perjuicio de un compatriota suyo y a pretender, de esa suerte, la anulación definitiva de ese compatriota?.

Dicho juicio de 1901 hizo historia y el país vivió un momento dramático y angustioso .

Cayetano Coll y Cuchi lo describió años décadas tarde:

“El país entero estaba pendiente al proceso. Fue un momento cuando el gobierno perseguía y solicitaba el presidio, bajo los pliegues de la bandera americana para los más nobles próceres de nuestras luchas libertarias”

Ante la burda fabricación del caso contra LMR, creció paralelamente la solidaridad con el líder y su valor.

La reacción de indignación y preocupación no se hizo esperar; particularmente, al saber que éste podía enfrentar la cárcel. La angustia era válida, Luis Muñoz Rivera se exponía, junto a los otros acusados que lo acompañaron, a 4 años de cárcel:

“Las penas que corresponden y deben imponerse a cada uno de los acusados son las de cuatro años, dos meses y un día de prisión correccional, multa de seiscientas veinte y cuatro pesetas con apremio personal en caso de insolvencia, accesorias del artículo 60 del código.

Y LUEGO SUCEDERÁ una reunión secreta y DRAMÁTICA Y más cosas que les relatare después.