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Hambre: entre la novela y la poesía de Rafael Acevedo (segundo acercamiento)

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altsolo el pobre que mira desde el suelo

recuerda el hambre

en estos casos…

todo hambriento es un microeconomista.

Antonio Gamoneda

Eliminando las carnes rojas.

Me voy a hacer un jamberguito

con esa carne orgánica,

de vaquilla que pasta serena.

¡Qué difícil es escapar del capitalismo,

del consumo, de la producción suicida!

¡Qué rico sabe con ajo y salsa de soja!

¡Queso de cabra!

No puedo yo solo contra el hambre.

Ni siquiera contra la mía.

(“Gastronomía con conciencia,” 2020)

RA

RAFAEL ACEVEDO, escritor: poeta, novelista, dramaturgo, columnista, profesor, performero, director de revistas literarias, editor, perteneciente a la generación de 1980…

¿Poeta novelista o novelista poeta?

En este ensayo se articulan dos novelas, EXQUISITO CADÁVER (2001), novela cienciaficcional detectivesca, y DEL OTRO LADO DEL MURO HAY CARNE (2016), “fantaciencia” (según le llama el autor); con dos poemarios: CANNIBALIA (2005) y sobre todo, MONEDA DE SAL (2006), a partir del cual se plantea la conclusión.

TRAYECTORIA GENERAL: del hambre en la novela al hambre en la poesía.

Periplo: de la voracidad antropofágica en EXQUISITO CADÁVER a la precarización del alimento en DEL OTRO LADO DEL MURO HAY CARNE; de ahí a los dos infinitivos que, en términos del hambre, encarna la poesía: el “consumir” de CANNIBALIA y el “intercambiar” de MONEDA DE SAL.

El hambre como apetito caníbal-biológico, erótico y metaliterario plantea una imbricación difícil de separar en estos textos, como atestigua el poema “Suavemente caníbal” de CANNIBALIA:

“Tu cabellera negra es un apagón general

se suelta el corcel negro que monto

y llego hasta aquí

donde se anuncia tu voz como las banderas húmedas

te miro dócil, ligeramente caníbal

te beso como a un vegetal alado

y esta noche de asedios

este catálogo de acercamientos

esta enumeración de caminos

culmina en tu mordida

suavemente caníbal

danzando

en el olor a biblioteca quemada

--carne, saber—

que es el mundo”

No obstante, entre la novela y la poesía el hambre, en sus tres acepciones (apetito caníbal-biológico, erótico y metaliterario), será atenuada en MONEDA DE SAL; donde una nueva ecuación, sobre todo desde el “intercambio” económico-erótico, aplaca la voracidad del consumo para establecer, en vez, una economía poética de la cualidad y no de la cantidad.

NOVELA. Como centro de este pequeño universo crítico, EXQUISITO CADÁVER (2001) sienta las bases del banquete antropofágico, erótico y metanovelístico. ¡Comilona! El hambre, como voracidad caníbal y sexual, es también el hambre de la novela que se come a sí misma, desconectándose, al final del texto, tanto de su dimensión cienciaficcional como detectivesca. Lo que implica, siguiendo la analogía, una “desaceleración” tecno-poética más proclive a la sobremesa intersubjetiva que a la voracidad del banquete. Movida esta a la que volveremos en el poemario MONEDA DE SAL.

Gravitando alrededor de EXQUISITO CADÁVER, la otra novela, DEL OTRO LADO DEL MURO HAY CARNE (2016), plantea el hambre biológica en el contexto de la precarización posapocalíptica; la dificultad de conseguir alimentos saludables en el Puerto Rico del año 2040 (por lo cual se importan gusanos/proteínas de Bangkok y de México); distopía de la que se aleja MONEDA DE SAL, inscrito en la desigualdad radical del neoliberalismo preapocalíptico actual [1970-2020, anterior al coronavirus], que el poemario mitiga.

POESIA. Como extensión poética de EXQUISITO CADÁVER, CANNIBALIA (2005) se acerca a la antropofagia desde la pulsión metaliteraria de EXQUISITO CADÁVER, la cual el poemario pone sobre la mesa desde el énfasis textual que estructura el libro, dividido en cuatro partes:

“I Cuaderno desatado

II Cuaderno suelto

III Cuaderno ciudadano

IV Cuaderno de los suburbios”

Antropofagia libresca. Escritura-libreta-libro. En una entrevista, titulada “Diálogos desconcertantes” (2005), que el también escritor José E. Santos le hace a Rafael Acevedo, Santos sintetiza el poemario compuesto de cuatro cartapacios, que considera el más importante de la época, en un infinitivo contundente, “consumir”:

“!Oh, mandíbulas de la desnudez [plantea el último poemario del libro],

qué gran bocado han tomado de mí!.”

CANNIBALIA se lo come todo, incluida la carne política que, como crítica al neoliberalismo,

plantea, entre tantos otros, un poema como “Morder a los comensales”:

“Siete comensales invitados a la Cena

enrojecidos con sus propios cuerpos

financieros.”

Por eso, al abrir MONEDA DE SAL, en la primera de tres partes, titulada “Economía de las pasiones,” el primer poema del libro, “Deseo,” arranca, si se quiere, desde el infinitivo de CANNIBALIA (“consumir”):

“¿Acaso estás palabras registran mi consumo?”

Por eso también el segundo poema de MONEDA DE SAL, “Industria,” reitera el hambre neoliberal:

“(pero sé que hay una industria escondida / que nos consume.”

MONEDA DE SAL. Aunque parte del hambre de CANNIBALIA, MONEDA DE SAL no repite su desmesura; más bien, la modula y la reconfigura desde otro infinitivo: en vez de “consumir,” “intercambiar.” Verbo que conjuga sobre todo el intercambio económico y el erótico con una declarada alteridad poética:

“El comercio

Será carnal, o no será.”

Modulación; MONEDA DE SAL atenúa la voracidad de CANNIBALIA, lo que no apaga el hambre:

“Te pago en carne, me dice

y se me va llenando la sangre de especias.”

Reconfiguración; de un poemario en cuatro cuadernos (CANNIBALIA) a uno dividido en tres partes (MONEDA DE SAL): “Economía de las pasiones,” “Prosa de la mundial economía” y “Nombres del eco.”

Tres partes (economía, prosa y nombres) en las que la poesía (porque la prosa es poética) quiere transformar en “Fluctuaciones” el intercambio brutal, oposicional, entre la economía y el erotismo, entre el centro y la periferia, desde una realidad asimétrica, neoliberalmente desigual, que la poesía trastoca:

“No posesión,

No riqueza,

Flujo.

Ésa es la ecuación

Ricura”

Ante el hambre de la economía que lo devora todo; el hambre de la crítica (en verso y en prosa) a ese apetito devorador:

“Lo que quiero es gozar

y negarme a gozar.”

Hambre de justicia económica (en prosa poética):

“Lo internacional del fondo monetario es un solo país, uno solo, que ostenta un voto efectivo.”

Hambre del cuerpo heterosexual que se come otros cuerpos y que desea ser comido por esas bocas en un flujo anticapitalista:

“Tus muslos inician la fábrica.

Un problema de producción

y no de representación:

Tu brillo patronal,

mi sudor proletario.”

Nueva política monetaria; hambre de una economía salada (valga la redundancia; la etimología de “salario” viene de la sal) que yuxtapone críticamente el intercambio sexual desde el monetario de modo que los pobres gocen tanto como los adinerados:

“Ay, qué rico, me dice

Y sonrío porque soy pobre

Y estamos desnudos.”

Hambre solapadamente metapoética de un poemario que, en el tercer y último cuaderno, “Nombres del eco,” nos plantea en clave que se trata de lo contrario; es decir, no del eco sino de la voz propia. ECO NO MÍA:

“Nombrar el hambre no es suficiente.

Por eso muestro aquello que puede reconocerse.”

Cuaderno que termina con el poema más complejo del libro; tipo suma poética, “Tratado para la nueva economía,” el cual, sin decirlo, pero demostrándolo en la última y más importante estrofa, plantea, siempre de una manera tácita, el nuevo erotismo como un intercambio modulado de la ingesta descomunal que propicia el banquete o la comilona (neoliberal):

“Sobrio propongo esta nueva economía:

intercambiarnos,

asumir la lentitud de las transacciones,

trabajar el sudor con artesanal paciencia,

desacelerar hasta el cansancio.”

A MODO DE CONCLUSIÓN. Como poemario monetarizado que es, MONEDA DE SAL se vale del cuerpo económico para tramitar el intercambio erótico, cuya transacción carnal socava el intercambio neoliberal.

Por eso, la crítica a la vieja economía implica a lo largo del poemario una crítica al hambre biológica que la economía neoliberal produce:

“Es sencillo.

Salarios más bajos

Y menos protección laboral.

Nada complicado.

Por eso hay más cuchillos

tratando de cortarse el pan

en el cuello

de las víctimas.”

Poesía monetarizada; la de MONEDA DE SAL plantea una economía ecopoética, más inscrita en saborear que en devorar.