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Economia Solidaria

Estado de Sitio: ¿dictadura con un país vivo?

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alt(San Juan, 3:00 p.m.) La gobernadora Wanda Vázquez decretó un toque de queda el domingo 15 de marzo de 2020. Algunos abogados constitucionalistas han criticado ese decreto por no ser específico y porque limita la libertad de circulación y asociación de los ciudadanos. Pero existe lo que se conoce como el bien común y el bien individual. La gobernadora estableció que existe un interés público primordial de preservar la vida de la mayoría de los puertorriqueños. El confinamiento en el hogar ya fue ensayado durante la epidemia del Ébola.

En el 1950, durante la Revuelta Nacionalista el gobernador Luis Muñoz Marín estableció la Ley Marcial y ordenó a la Guardia Nacional Aérea a bombardear el pueblo de Jayuya ya que los nacionalistas habían tomado ese pueblo y establecido allí la República de Puerto Rico. Ese ha sido la única ocasión en que un pueblo o territorio americano ha sido bombardeado por las fuerzas armadas de ese país.

El toque de queda se utiliza en tiempos de guerra ante la amenaza de un país agresor contra otro país en particular y en consecuencia el gobernante del país amenazado establece un estado de sitio. El estado de sitio es un régimen de excepción que es impuesto por el poder ejecutivo con la autorización del órgano legislativo correspondiente. La gobernadora Wanda Vázquez ejerció su autoridad ante la amenaza de un peligro inminente como una enfermedad viral con una alta mortalidad. En un estado de excepción se borran los linderos de los poderes del legislativo y judicial y se consolidan en el ejecutivo. Ya la gobernadora cerró los tribunales ante una amenaza contra la que no tenemos armas para defendernos. La corte federal de San Juan también suspendió sus labores. El estado de sitio representa un concepto equivalente al estado de guerra; y estamos ante un estado de guerra.

La acción de la gobernadora de establecer un toque de queda antecedió a decisiones similares por gobernadores norteamericanos. Ya California, Nueva Jersey, Nueva York y Pensilvania han tomado acciones similares. Los gobernadores de esos estados tuvieron que esperar que el presidente Trump activara la guardia nacional en sus respectivos estados. En Puerto Rico fue la gobernadora Wanda Vázquez la que activó a la Guardia Nacional. Wanda Vázquez ha demostrado el poder que tiene como gobernadora del territorio no-incorporado (colonia) de Puerto Rico.

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Estado del tiempo: Coronavirus en el Caribe hispano [a 21/3/2020]

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altLas Antillas Hispánicas están constituidas por Puerto Rico, Cuba y República Dominicana. Al 21 de marzo de 2020, en las Antillas Hispánicas se han identificado 154 personas contagiadas con Coronavirus. El mayor número de personas con Coronavirus se ha dado en la República Dominicana, con un total de 112. De estas 112 personas, 3 ya han fallecido al 21 de marzo de 2020.

Por su parte, en Puerto Rico y Cuba se han identificado 21 personas en cada uno de los dos países, habiendo fallecido una persona en cada uno de los dos países hispano-antillanos. En la República Dominicana el total de personas fallecidas con Coronavirus representan el 3 por ciento del total de los positivos, mientras que en Puerto Rico y Cuba, el total de personas fallecidas representan el 5 por ciento del total de los positivos.

De los datos previos, se desprende que al 21 de marzo de 2020 si bien en la República Dominicana se concentra la mayor cantidad de personas con Coronavirus en las Antillas Hispánicas (72.73 %), es en Puerto Rico (4.76 %) y Cuba (4.76 %) donde se concentra el por ciento mayor de personas fallecidas con Coronavirus por país hispano-antillano. También, a base de los datos previos, se puede ver que en la República Dominicana se han identificado no menos de cinco veces el número de personas con Coronavirus que en Puerto Rico y Cuba, respectivamente.

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COVID-19: La pandemia azota también al Caribe

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altEl crecimiento en la incidencia de casos del virus COVID-19 en las islas del Caribe ha superado el 200 por ciento en menos de una semana, en tanto que las perspectivas son de daño económico a más largo plazo -aún después de que sea contenida la pandemia- debido a la contracción de la industria turística y el sector servicios.

Aunque el Caribe isleño representa apenas un 30 por ciento de los casos registrados en los países que comparten las riberas de este mar de acceso al Canal de Panamá, a diferencia de los países de Centroamérica y Suramérica, las islas tienen economías más vulnerables y dependientes de las rutas marítimas y aéreas.

Al cierre de esta crónica, se informaba oficialmente 196 casos de coronavirus en las islas caribeñas, un crecimiento de cerca de 205 por ciento desde principios de la semana. Más de cien de esos casos fueron en islas que están bajo el dominio de Francia, Holanda, Inglaterra y Estados Unidos.

Las islas con más casos reportados eran Guadalupe, con 45, República Dominicana con 34 y Martinica, con 32. En segundo orden estaban Cuba y Jamaica, con 16 cada una, seguidas por Trinidad-Tobago con 9, Puerto Rico con 8 y Barbados y Aruba, con 5 cada una.

En el orden de 3 casos reportados estaban las Islas Caimán, Curazao, San Martín (la parte francesa), San Bartolomé, Bahamas y las Islas Vírgenes de EEUU. Haití y Santa Lucía tenían 2 casos cada una, mientras que Antigua y Barbuda, San Vicente y las Granadinas, San Martín (la parte holandesa) y Monserrat, reportaban un caso cada una.

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República Dominicana: Coronavirus y comunicación de gobierno

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alt(Santo Domingo, 2:00 p.m.) “Bienvenido a Santo Domingo, señor”, me dijo un temeroso funcionario de Aduanas dominicano al arribar al aeropuerto dominicano. El hombre, vestido de uniforme tenía puesto un barbijo y miraba con desconfianza mi pasaporte francés.

Viajar desde Montevideo –haciendo escala en Bogotá– hasta Santo Domingo en la primera semana de marzo de 2020, fue algo así como levantarse de un sillón en el que uno mira pasivamente un programa de televisión de domingo a la tarde para ingresar de golpe, como actor de reparto, en una película de cine catástrofe.

Los calurosos abrazos en el aeropuerto de Carrasco de las personas que embarcaban sus vuelos contrastaban enormemente con los comportamientos que se veían en Bogotá primero y Santo Domingo después, en donde la gente evitaba el contacto físico, sospechaba ante un carraspeo y usaba barbijos. Conclusión, el coronavirus aún no había arribado al Río de la Plata.

En los días siguientes, en forma gradual, mi teléfono comenzó a ser el receptor de todo tipo de información sobre el coronavirus. Familiares, amigos, conocidos y números sin identificar, con un gran sentido de solidaridad, me saturaron de información que además, en muchos casos se contradecía.

La solución no estuvo en los medios de comunicación que nos mostraban las desoladas calles de Madrid, los improvisados conciertos musicales de los vecinos de Milán y la opinión de una miríada de profesionales que desconocemos sus antecedentes y experticia sobre el tema.

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El Coronavirus y el efecto en nuestra vida diaria

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alt(San Juan, 11:00 a.m.) Por más que le busquemos el lado bueno y que tratemos de tomarlo con humor, a todas nos pesa la medida de aislamiento, ciertamente necesaria según el criterio clínico. Nuestras hijas fuera de la escuela; compromisos cancelados. Y para mucha, mucha gente, es un golpe terrible desde ya. ¿Cómo se registrarán estos días de aislamiento en la nómina de quienes no pueden ni ir al trabajo ni trabajar a distancia? ¿Hasta dónde la actitud condescendiente de los bancos, en cuanto a hipotecas y otros créditos, sin un mecanismo que los obligue? ¿Qué hay de los que viven de cheque en cheque, en vivienda alquilada—y de los que dependen del ingreso de ese alquiler, que no todos los caseros son gente acaudalada? ¿Cómo se las arreglarán las familias sin escuela ni cuido para sus hijas? Tiene que haber una exigencia unánime de medidas de protección a esas trabajadores. Porque, caramba, es que hasta el virus, por las medidas a las que obliga, hace blanco en los que menos tienen. Y si hablamos de responsabilidad social y de la obligación de toda la ciudadanía de permanecer en aislamiento entonces ESA RESPONSABILIDAD SE TIENE QUE DISTRIBUIR DE MANERA JUSTA.

Por ejemplo, hay empresas (como algunas de las querendonas de los privilegios contributivos) que, créanlo, puede sobrevivir sin abrir puertas por varias semanas. Pero sus empleadas no pueden subsistir sin tener con que pagar la compra, el agua, la casa, la luz. Ni es justo que se le cargue a vacaciones y enfermedad el aislamiento impuesto como medida de salubridad colectiva. Sin olvidar que hay muchos que ni tienen días acumulados, por que otro tema importante es la precarización del trabajo, que aun antes del COVID 19 obligaba a trabajar a gente enferma. Entonces, hay que empezar a internalizar que sí, gente, sí, hay ocasiones en que los grandes tienen que asumir su parte, en proporción a su riqueza y su poder. Por eso hay que pensar en licencias especiales que atiendan esta emergencia. Y considerar las circunstancias muy distintas de patronos pequeños, y de quienes trabajan por cuenta propia. Es un escenario complejo, y no creo que alguien tenga a esta hora la respuesta precisa. Pero no saber la contestación no puede ser la excusa para evadir cuestionamientos de la realidad de que golpe se nos ha instalado en la sala de la casa.

¿Qué va a hacer el Departamento de Educación, con miles de estudiantes que apenas llevan días de regreso a la escuela—y muchísimos que aún no han comenzado? Como siempre, los más golpeadas serán las niñas y niños de educación especial y quienes les prestan servicios. Las terapistas cobran por servicios prestados, y ya. Día sin clase, es día sin terapia y es día que no tienen cómo proveer para sus familias. Eso no es poca cosa, es sufrimiento y angustia de miles de hogares. Mientras, los estudiantes sin servicios, en especial las de diagnósticos severos, se descompensan, se deprimen. Años de esfuerzo se revierten.

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