La escasez: la culpa es de los bancos y de las gasolineras

(San Juan, 11:00 a.m.) Algo de razón tuvo la semana pasada el secretario del Departamento de Asuntos del Consumidor (DACO), Michael Pierluisi, al indicar que no había ninguna necesidad de imponer un tope en la venta de gasolina en Puerto Rico. ¿De quién fue la idea, ante el paso del huracán María, de imponer un tope de $20.00 de gasolina por cliente en las gasolineras? La idea fue de los detallistas. No había razón alguna para hacerlo, cuando en Puerto Rico, hablando solo de gasolina hay un acopio de sobre 550 mil barriles, suficiente para las necesidades del país.

Por otro lado, la banca mantuvo una forma muy extraña de hacer inoperantes las ATH, así como la sucursales por casi una semana luego del paso del huracán María. Luego, al cabo de una semana, la banca abrió de forma limitada, restringiendo el retiro de los depósitos bancarios. ¿Por qué? La banca de forma unilateral y de forma incompetente, decidió no permitir el flujo de fondos privados por ellos retenidos.

En cuanto a la banca privada en Puerto Rico hay que destacar dos asuntos: primero, en menos de una semana, al paso del huracán María, la reserva del banco de Nueva York, la que tiene bajo su responsabilidad a la banca de Puerto Rico, había enviado una transferencia de $250 millones en efectivo, para siempre garantizar liquidez al consumidor boricua. Segundo, la banca boricua demostró, tanto la nacional como la internacional, ser incompetente al no prevenir el manejo de una ocurrencia, como la del paso del huracán María. En otras palabras, ¿Dónde está la banca auto-móvil, con generadores y furgones preparados para ayudar a toda la isla? La banca boricua, con dinero en mano, lo que ha hecho es capitalizar en la crisis, no ayudar.

Es por tanto curioso pensar que el gobierno de Puerto Rico es responsable de las consecuencias del huracán María. Realmente hablando, y si somos consistentes en la crítica, habría que indicar que han sido algunos sectores, como la banca y las gasolineras, las que nos han impuesto un momento de precariedad, completamente innecesario. Pensemos.

Foto: Neysa Jordán