¿Cómo le fue a la gente de Joyuda ante el paso del huracán María?

alt(San Juan, 1:00 p. m.) El fin de semana pasado bajé al área suroeste de Puerto Rico para visitar mi familia. No pude contener las lágrimas al ver la destrucción de lugares icónicos como el área de los restaurantes de Joyudas en Cabo Rojo, la Urbanización Luchetti en Yauco, el sector Pozo Hondo del Barrio Añasco Abajo, la playa de Rincón y el sector El Maní en Mayagüez.

“Los comerciantes puertorriqueños hemos sido golpeados sin piedad por la furia de María”, Carlos Manuel Sánchez González dueño del restaurante Dagüey en Añasco. “Las historias son tétricas. El agua inundó el sótano, no perdimos el negocio porque el río se ensañó con la otra orilla”.

Los dueños de los restaurantes de Joyudas no corrieron con tanta suerte.

“El mar se retiró y regresó con una fuerza inmisericorde. No dejó nada en los restaurantes aledaños a la costa. Nunca pensamos regresar y no encontrar nada; se llevó todo: el piso, las mesas, las sillas, la barra… No dejó nada”, expresó José Treviño quien trabajaba en Perichis un hotel en el sector Joyudas.

“Este es un golpe fuerte para los que trabajamos en la industria gastronómica. Cientos de amigos han perdido sus empleos, la mayoría padres de familia. Yo tengo a mami, que me da la mano, pero los demás no sé cómo saldrán adelante”.

La sombra de la desesperanza cubría El Maní. Casas, restaurantes y pescaderías fueron tragadas por las aguas.

“Hay nene nos ha caído algo tan malo”, comentaba Blanca Rodríguez. En mis 80 años de vida nunca había visto tanta desolación. Somos gente pobre, pero trabajadora. Esto es un golpe duro, pero continuaremos luchando, no hay de otra”.

Muchos alegan que el huracán María se ensañó con los trabajadores.

“Mis padres lo perdieron todo”, indica Luis Valle, un pescador de Rincón. El huracán se ensañó con los trabajadores, somos los que dependemos del trabajo diario, de los salarios y de las ventas los que más estamos sintiendo la crisis dejada por María”.

“Comida no nos faltará, sabemos pescar”, afirma Vega. “Me preocupan los que no tienen como subsistir sus lugares de trabajo desaparecieron o ya no hay quien compre sus servicios”.

“Tengo amigos con restaurantes y tiendas que no tienen generadores y los que tienen el costo del combustible les dificulta sus operaciones. Los hoteles aquí están cerrados. Somos un pueblo de desempleados”, añade.

La situación se agrava con el incremento de la criminalidad.

“En Añasco estamos cerrando los comercios a las tres de la tarde. Proliferan los asaltos. El viernes asaltaron el negocio de Javier dueño del negocio Las Latas en la Carretera 402; eran las 5:00 p.m.”, comenta Sánchez González.

Los comercios de dueños puertorriqueños languidecen mientras los grandes almacenes de capital foráneo prosperan.

“No podemos compartir con las mega tiendas”, puntualiza Juan Alameda, quien ha sido comerciante en Lajas y Guánica por 40 años. “Los costos se han triplicado desde María. Nos vemos obligado a incrementar nuestros precios porque los nuestros han subido mas hay que pagar por el combustible de las plantas”.

Los puertorriqueños intentan retornar a la normalidad, pero todo se hace cuesta arriba por la falta de electricidad.

“Nos hicimos dependientes de la electricidad y de los combustibles fósiles”, afirma Pedro Jusino, coordinador de eventos. “La falta de energía ha afectado todo. Los eventos nocturnos se han cancelado. Los diurnos se han pospuesto indefinidamente. La falta de electricidad ha creado un efecto dominó cuyo impacto principal son las industrias puertorriqueñas”.

Para la mayoría de la gente en el área suroeste alguien se beneficiará de la crisis.

“Mis años de experiencia me indican que los adinerados y poderosos serán los beneficiados con esta crisis. Los pobres y la clase media son y serán los más afectados”, asegura Alejandro Santana, 95, de San Germán.

“En momentos de incertidumbre ganancia de pescadores. Los más listos explotaran y pisarán a los más necesitados. Este país se olvidó de los años de pobreza extrema. Nadie recuerda el hambre”.

“La mayoría de la población nació bajo la colonia glorificada del Estado Libre Asociado. Hubo años de bonanza. María nos golpeó en los momentos de las vacas flacas”.

“Bien dice el dicho que el mal del pobre viene todo junto. A nosotros nos ha caído el matrimonio y la mortaja del cielo, todo al mismo tiempo”.

“Los gobiernos estatal y federal le han fallado al país. Serví en tres guerras: la Segunda Mundial, Corea y Vietnam, he visto mucha destrucción, pero nunca había vivido tanta metida de pata y falta de liderato. Nos han fallado. Nos han humillado y enajenado”.

La falta de fe en el gobierno, la carencia de empleos y la incertidumbre de una solución rápida a la situación generada por el paso de María han llevado a un éxodo masivo de puertorriqueños hacia los Estados Unidos. Empero el nacionalismo boricua está a flor de piel.

“Mis hermanos me mandaron el pasaje, pero yo no me voy”, asevera Luz Rodríguez de San Germán. “Este es mi país y no lo cambio por nada”.

“Me crie en épocas que nadie recuerda. No había luz, se buscaba agua en el pozo y se lavaba a mano, hemos retrocedido”.

“En casa todos quedaron desempleados. Mi hijo perdió su negocio, mi hija no sabe si la escuela privada en la que trabaja pueda abrir… Es mucha la inseguridad. Estamos perplejos, pero no muertos.

“Este tiempo pasará. El pobre luchará y volveremos a construir este país. Somos los jíbaros los que siempre batallamos por sacar a flote a Puerto Rico. El que puede se va, el que no lucha con la ayuda de los que se fueron”.

“Somos una gran familia. En los sesenta mis hermanos emigraron; ayudaron a mis padres y a los que nos quedamos a mejorar las condiciones de vida”.

“La gente habla de las ayudas del gobierno; se olvidan que estas nunca han ayudado al pobre realmente, solo alivian la situación. Fueron los veteranos de guerra y los forzados a emigrar los que invirtieron en Puerto Rico. El dinero de las remesas levantaron al país y lo volverán a hacer”.

La tristeza está presente en los rostros, pero la determinación de un pueblo orgulloso de ser boricua se impone ante la devastación.

“Yo nací en este país, no lo cambio por ningún tesoro del mundo. Bien lo dice la canción:

“Yo soy boricua, mi amor es Puerto Rico para mi islita no existe parangón… Yo soy boricua de sangre y corazón”, concluye Rodríguez.