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La migración y la diáspora, ¿qué es ser puertorriqueño hoy?

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alt(San Juan, 1:00 p.m.) Enfrentamos una nueva realidad que definirá el futuro sociocultural de los puertorriqueños. La migración masiva a raíz del paso de huracán María ha roto récords históricos, los boricuas somos la mayor migración en la historia del Caribe y nos aprestamos a convertirnos en la más grande desde los tiempos históricos.

La mayoría de los puertorriqueños residen ahora en los Estados Unidos. La migración forzada que se inició en 1899, con la llevada de trabajadores a Hawaii, ha vaciado la Isla de 5.5 millones de seres humanos que reclaman ser puertorriqueños. En Puerto Rico, hasta el azote del huracán María, residían 3.5 millones. Sin embargo, en los últimos dos meses hemos perdido alrededor de 250,000 habitantes y se espera que para el 31 de diciembre esta cifra haya ascendido a 350,000.

Estos son números inmensos a la hora de contabilizar a los boricuas, pero también nos pone en un espejo con una realidad innegable, la cultura puertorriqueña está en transición.

“Nadie puede negar que ahora la mayor parte de los puertorriqueños residen en los Estados Unidos”, afirma Ada Quiñones, historiadora y profesora retirada. “Ya no podemos definir la puertorriqueñidad basado en los parámetros de los años 1950 que consideraban a un boricua como aquel ente nacido en la isla cuyos abuelos eran puertorriqueños”.

“Ser puertorriqueño tiene ahora una connotación emocional que nos ata a la cultura, al sentido identitario de una isla caribeña”.

“No es que esto no fuera una verdad en el pasado. El cambio viene con la desaparición de elementos recalcitrantes que encajonaban la cultura puertorriqueña a la isla y le negaba el derecho a la diáspora a su identidad”.

El idioma era el mayor obstáculo. Los jeques culturales puertorriqueños no conceptualizaban que se pudiera hacer “cultura” en otro idioma que no fuera el de Cervantes.

Los hijos de la migración de los años 1950 comenzaron a producir una literatura en inglés con toques de “spanglish”. Esta literatura era vista como algo foráneo y era rechazada por la mayoría de los puertorriqueños. Sin embargo, la globalización de finales del ciclo pasado gestó conciencia de que esa literatura neorican (nuyorican) era boricua como la producida en la Isla. La temática podía ser foránea para los nativos de Puerto Rico, pero el medio ambiente nuevo era descrito por hijos de boricuas que idealizaban una Patria a la cual tal vez nunca conocerían personalmente.

El choque entre nativos y la diáspora es resultado del temor de los primeros a la perdida de la identidad nacional ante el avance de la “americanización”. Este temor surge como resultado a la imposición de la cultura y el idioma por parte de los invasores estadounidenses.

“En Puerto Rico se formó una resistencia hacia el inglés y las costumbres estadounidenses”, afirma Annette Miranda Lamberty, historiadora y maestra de historia de Puerto Rico a estudiantes de séptimo grado. “Todo lo que se escribía en la lengua de Shakespeare era rechazado, aunque tratara temas relacionados a los puertorriqueños y su cultura”.

“La gente que migraba era vista como desertores y sus hijos como parias”, afirma Miranda,

La americanización golpeó a la nación puertorriqueña desde 1898. Estados Unidos pretendió americanizar a los puertorriqueños a través de un programa masivo de educación y aculturación. Impuso su idioma como instrumento de enseñanza en las escuelas entre 1899 y 1949. Hubo variaciones en la imposición lingüística en las escuelas acorde a la política educativa del Comisionado de Educación, pero la finalidad siempre fue la misma, los puertorriqueños debían aprender inglés y olvidarse del español.

“La imposición lingüística se encontró con una gran oposición en todos los sectores del país. Aun en la actualidad la mayoría de los puertorriqueños criados en la Isla no dominan el inglés más allá de unas frases coloquiales”, señala Miranda Lamberty.

La metrópoli planifico bien sus estrategias. En 1903 se fundó la Universidad de Puerto Rico con el propósito de preparar maestros que ayudaran en el proceso de aculturación del país. Se construyeron planteles escolares a través de todo el archipiélago borincano. El sistema educativo intentó fallidamente inculcar los valores de la sociedad estadounidense a través de las gestas de sus héroes y la celebración de sus efemérides. Hubo la intención de minimizar la cultura nacional y forzar un sentimiento de agradecimiento por los beneficios que suponía ser colonia estadounidense. Los puertorriqueños transformaron las fiestas estadounidenses y le dieron un sabor nacional. La imposición cultural fue resistida y llevó al fortalecimiento de tradiciones nativas.

La americanización no solo se intentó a través de la educación sino de la religión.

Las iglesias protestantes por su parte encontraron un campo fértil en Puerto Rico. El clero católico siempre se mantuvo distante del pueblo. El rito en latín no llenaba las necesidades espirituales de una sociedad atribulada por la estrechez económica, el hambre y las necesidades más básicas de un ser humanos como lo son la salud, la vestimenta, la instrucción… Las iglesias lograron desarrollar el sentido comunitario y ayudaron a mejorar las condiciones de vida de los más necesitados.

“Los puertorriqueños hemos resistido la americanización, pero esto no quita que tomemos prestado elementos de la cultura estadounidense y los adaptemos a nuestra hegemonía. El proceso de puertorriqueñización de estos elementos constituye al final un nuevo producto que lo hace totalmente nativo”, especifica.

La nueva realidad que enfrentamos los puertorriqueños está basada en el impacto que tendrán los puertorriqueños en el exterior sobre la cultura nacional.

“La diáspora puede expresarse en inglés, pero su alma sueña en español y su cuerpo vibra al son del pandero”, asegura Kevin José Sánchez González. “La diáspora quiere que seamos puertorriqueños. Ellos intentan aprender español, se cobijan bajo la bandera y veneran a los Reyes Magos”.

“Los principales exponentes de la cultura popular puertorriqueña actual, Marc Anthony, Jennifer López, Lin Manuel Miranda, se expresan en español con acento en anglo, pero su cultura es puertorriqueña”.

“La diáspora es una Patria extendida. La cultura es progresiva, evoluciona, y la nuestra esta en transición, pero si de algo podemos estar seguros es que los elementos identitarios que nos hacen puertorriqueños se mantendrán inalterables”, puntualiza Sánchez González.