Mar01232018

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Cien días sin luz, ¿dónde está la resiliencia?

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alt(San Juan, 11:00 a.m.) En el Puerto Rico del 2017 todavía tenemos muchas comunidades sin acceso a la energía eléctrica. Muchos llevan más de cien días sin luz desde el paso del huracán María, y muchos más desde Irma. Esta situación ha provocado un sentimiento de desesperanza en muchos, de derrota en otros y de frustración en la mayoría. Bajo el manto “protector” del país, supuestamente, más poderoso del mundo los puertorriqueños simplemente no pueden tener acceso a energía eléctrica, ni llega la luz y algunos pretenden convertir esa situación en una virtud invocando el mito de la resiliencia del pueblo de Puerto Rico. La resiliencia es un mito, una buena excusa para justificar lo que está sucediendo, pero la realidad es que la historia nos demuestra que la resiliencia no es una de las características del pueblo de Puerto Rico.

Esto no lo afirmo con la intención de ofender o despreciar a nuestro pueblo sino de resaltar el aspecto perverso del discurso sobre la crisis que estamos viviendo. El lado perverso es el de las oligarquías que pretenden minimizar lo que está pasando afirmando nuestra resiliencia. El lado perverso es el de un país donde no se puede restablecer la energía eléctrica en más de cien días, pero se proclama la bondad de ser “parte” de los Estados Unidos. El lado perverso es el del país donde la gente no tiene energía eléctrica, pero se la declara resiliente. Esa perversidad es más evidente cuando comprobamos que la resiliencia no se comprobó ante la salida masiva de puertorriqueños de la isla. Esa salida, esa nueva diáspora, esa huida sólo nos recuerda que la gente realmente no aguanta mucho, y con razón, y prefiere salir corriendo antes de ser “resilientes”.

El mito de la resiliencia no deja de ser eso, un mito. Aguantar una situación de violaciones de derechos humanos, donde se está perpetuando un genocidio silente, no es ser resiliente, es simplemente eso, aguantar. Incluso muchos de los que aguantan, callados y pasivos, aspiran también a salir, irse a otro lugar donde no sean tratados como poca cosa, a irse a un lugar donde la oligarquía no abuse de ellos mientras les declara su admiración por ser tan resilientes.

La realidad es que la resiliencia es una palabra significativa pero aplicada a nuestra situación actual es simplemente un acto de abuso. Es abuso que nos digan resilientes cuando lo único que hacemos es aguantar, aguantar sin tirarnos a las calles a sacar a toda esta gente que nos gobierna. Esa gente en la legislatura está legislando tonterías en medio de la crisis, me pregunto por las investigaciones legislativas acerca del contrato de Whitefish, o las investigaciones sobre el colapso bochornoso de las telecomunicaciones, o sobre la incapacidad de proveer energía eléctrica a las comunidades de la isla. Me pregunto por qué la legislatura no ha comenzado a investigar y adjudicar responsabilidades. Me pregunto qué hace el Departamento de Justicia que no está procesando a los responsables de esta catástrofe. Me pregunto por qué los gremios profesionales legales no están investigando el colapso del sistema de tribunales y las razones por las cuales no se está adjudicando responsabilidad en esa situación.

Mientras la isla sigue a oscuras el Senado y la Cámara están legislando para concluir el proyecto del banquete total que el santo patrón de la corrupción del Partido Nuevo Progresista ideó. Mientras la gente está a oscuras el gobernador Rosselló está promoviendo la privatización del sistema de energía eléctrica detrás del eufemismo de la “democratización” de la misma. Como si el ejemplo de las telecomunicaciones no fuera suficiente para percatarnos de que la privatización no implica mayor seguridad ni eficiencia. Mientras que los comerciantes se siguen empobreciendo, nuestros viejos siguen viviendo una vida precaria sin energía eléctrica y mientras las escuelas siguen cerrando el futuro de la isla, bajo el control de la oligarquía local, sigue siendo perverso.

Ahora vendrá la despedida de año, los buenos deseos y el futuro como imposición, y en medio de ello me queda afirmar que no somos resilientes, somos colonizados. Si queremos cambiar esta situación el primer paso es aceptar nuestra condición. Luego de aceptarla podremos comenzar a reconstruir de verdad, para la gente, para el futuro, para todos y todas en una isla que hoy es sólo de la oligarquía.