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Martin Luther King y la lucha por la igualdad en Puerto RIco

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) El 31 de marzo de 1968, en uno de sus últimos discursos antes de ser asesinado, Martin Luther King habló sobre la triple revolución. Esta revolución se refería a los adelantos tecnológicos, armamentistas y en derechos humanos. Según Martin estos cambios estaban impulsando una nueva forma de ver el mundo al considerar, por ejemplo, el cambio tecnológico que impulsaba el desempleo. En ese sentido la identificación de la triple revolución implicaba la elaboración de una visión del futuro que iba más allá de lo que tradicionalmente se le ha atribuido a Martin Luther King. En su discurso él afirmó que esos cambios eran una gran revolución ante la cual los cristianos no podían quedarse callados.

La idea de la triple revolución no era realmente una propuesta original de Martin Luther King sino que estaba haciendo referencia a un informe publicado en el 1964 por un comité especial que indicaba que dicha revolución estaba integrada a la narrativa de la década de los años sesenta. Mientras que la revolución de los derechos civiles y la de las armas nucleares era parte del momento histórico que se vivía; la revolución tecnológica era parte de un proceso a largo plazo hacia el futuro. Esa revolución tecnológica, como la identificó el informe del comité sobre la Triple Revolución, estaba caracterizada por la automatización y la destrucción de empleos. Esta revolución tecnológica no era percibida en el informe citado por Martin Luther King como un futuro de crisis o pobreza sino que era percibido como una oportunidad de progreso que implicaría el desarrollo de una sociedad más sustentable, productiva y humana. Esta caracterización de la sociedad del futuro como más humana y sustentable implicó la visión de la ampliación de los derechos económicos y sociales de los ciudadanos.

Un ejemplo de esa ampliación era la propuesta de que se asegurara un ingreso básico universal a todos los ciudadanos ante la posibilidad de que se llevara a cabo un desplazamiento masivo de empleados a causa de la revolución tecnológica. Contrario a lo que se ha tratado de implicar al hablar de la baja participación laboral ante la revolución tecnológica, el informe sobre la triple revolución, indicaba que el aumento de la productividad a causa de la automatización podía ser la base del desarrollo de un sistema de ingreso universal que asegurara que ningún ciudadano viviera en la pobreza a causa de la misma. La propuesta del ingreso básico, o renta básica, era uno de los elementos fundamentales del informe y era la solución racional al problema de desempleo que sería causado por la automatización.

Cuando Martin Luther King hizo referencia al informe sobre la triple revolución estaba indicando que las propuestas del mismo constituían el próximo paso natural del movimiento de los derechos civiles. Junto a las propuestas del informe de la triple revolución no podemos olvidar que el movimiento de los derechos civiles había adoptado el presupuesto de la liberación en el 1966. Dicha propuesta estaba dirigida a promover una política pública fiscal responsable que sirviera de fundamento a la lucha contra la pobreza y que colocaba a los pobres como el centro de las preocupaciones políticas de la época. En ese sentido la campaña de la gente pobre a la que se había adherido Martin Luther King en esa época, 1966, era el resultado lógico de la lucha por los derechos civiles que había logrado una gran victoria en la década de los sesenta.

La realidad es que la triple revolución y el presupuesto de la liberación eran parte de la evolución de la lucha de los derechos civiles que desembocaría en la articulación de una nueva lucha contra la pobreza, la desigualdad y el desempleo. Si las décadas de los cincuenta y sesenta fueron las de los derechos civiles, Martin Luther King había entendido, que la década de los setenta en adelante sería la de los derechos económicos y sociales. No es de sorprender que sea a finales de los sesenta cuando se comienza a articular la teología de la liberación en América Latina como un proyecto centrado en los pobres como protagonistas de la historia. Esa teología, esa visión de la historia, centrada en el derecho del pobre era la consecuencia natural de las victorias en materia de derechos civiles en las décadas anteriores.

El asesinato de Martin Luther King el 4 de abril de 1968 detuvo la evolución de su pensamiento hacia la radicalidad de la lucha contra la pobreza pero su legado está intacto. En el contexto actual donde el odio al pobre es el discurso imperante es necesario que rescatemos la narrativa de los derechos económicos y sociales y que integremos la lucha de Martin Luther King a favor de los derechos civiles con la preocupación, la denuncia y la lucha contra la desigualdad económica y las exclusiones sociales. En este momento el presupuesto de la liberación debería ser rescatado del olvido y las propuestas como la renta básica deberán ser parte del debate político. Contrario al pensamiento único que promueve el odio al pobre la memoria de Martin Luther Ling nos empuja a promover una agenda anti-pobreza y no anti-pobre. Una agenda de igualdad económica y de inclusión social.

Si realmente queremos ser fieles al legado de Martin Luther King no queda otra alternativa sino adoptar e impulsar propuestas como la renta básica o la creación de empleos dignos, bien pagos y estables como política pública. El debate sobre el presupuesto tiene que estar centrado en sus efectos en los sectores más pobres y en medidas que promuevan el mayor bienestar para la mayor cantidad de personas.

La memoria de Martin Luther King es la memoria de la justicia social. Como bien dijo Martin en ese discurso del 31 de marzo de 1968, “Mirad que yo hago nuevas todas la cosas, todo lo viejo ha pasado”.