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La crisis de educación en Panamá

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) El Ministerio de Educación, se desempeña basado en "improvisaciones" de todo tipo con el consiguiente desfase, desorganización e ineficiencia. Edificios escolares en pésimas condiciones físicas, no recomendables para la enseñanza; falta de docentes para atender la demanda estudiantil; desorganización administrativa; burocracia creciente-deficiente y tantas otras fallas que sería largo enumerar.

Panamá necesita de un ministro que pueda asumir la responsabilidad de hacer una selección inteligente al seleccionar la persona que ocupe el despacho del Ministerio de Educación: un profesional culto, honesto, digno y capaz que pueda impulsar enérgicamente el desarrollo de la educación nacional en todos sus niveles de enseñanza.

Los indicadores de las pruebas PISA en Panamá, vislumbraron en el año 2009 que solo 3 de cada 10 estudiantes de 15 años podían leer un texto y comprender su significado, y solo 2 de cada 10 podían realizar un cálculo. Para que tengan una idea de calidad de la educación istmeña. Poniendo en contexto, el nivel cualitativo de nuestro modelo educacional en comparación a otros países de la región latinoamericana es terrible. Los estudiantes de mejor desempeño en Panamá tienen cifras de desempeño semejantes a los estudiantes de más bajo desempeño en Chile. Además de ser el país con mayor brecha de desigualdad entre educación pública y privada en la región, los estudiantes de colegios rurales están casi un año rezagados en comparación a las escuelas urbanas. Y ni entramos a hablar de los estudiantes pertenecientes a pueblos originarios, ya que ese tema merece un análisis y redacción de otras proporciones.

El sistema de educación pública en Panamá es el que menos gasta en comparación a otros países de la región en términos del PIB. Además de tener uno de los niveles más bajo de gasto anual por alumno (1069 dólares, en comparación a Chile, por ejemplo, que invierte 3055 dólares por estudiante). El sistema de educación pública en Panamá es el que menos gasta en comparación a otros países de la región en términos del PIB. Además de tener uno de los niveles más bajo de gasto anual por alumno (1069 dólares, en comparación a Chile, por ejemplo, que invierte 3055 dólares por estudiante).

Panamá está por debajo de los indicadores internacionales en materia de educación, especialmente en el gasto público y años de estudio. El Gobierno de Panamá invierte, a través del Ministerio de Educación, sólo el 3% del PIB.

Hasta el momento, los gobernantes panameños no han tenido claro que la educación es la única vía para que el país salga del tercermundismo. Mientras las autoridades no cambien su forma de pensar, este terrible panorama no cambiará’, expresó Diógenes Sánchez, miembro de la Asociación de Profesores de Panamá.

Cada vez es más aceptada la hipótesis en torno el extraordinario potencial de la educación para el desarrollo económico de los países. Se considera como el principal determinante de la lucha contra la pobreza y se afirma su potencial para incidir en la habilidad del factor humano para generar valor agregado, a través de la capacidad organizativa y la creatividad, para atraer inversiones e incorporar tecnología (Gorostiaga, 2000).

Cada vez es más aceptada la hipótesis en torno el extraordinario potencial de la educación para el desarrollo económico de los países. Se considera como el principal determinante de la lucha contra la pobreza y se afirma su potencial para incidir en la habilidad del factor humano para generar valor agregado, a través de la capacidad organizativa y la creatividad, para atraer inversiones e incorporar tecnología.

Como puede verse, con 4.3 por ciento de la población con estudios universitarios, Panamá se sitúa en la cola sólo por delante de Paraguay, Honduras, Nicaragua y Guatemala. Resultan destacables los casos de Argentina, con 13.4 por ciento, y Chile, con 11.4 por ciento de la población de 25 años y más que ha completado la educación universitaria.

Territorialmente, en Panamá coexisten siete grupos indígenas: kuna, emberá, ngöbe buglé, teribe, bokota, wounaan y bribri, que se distribuyen en su mayoría en tres comarcas: Kuna Yala, Ngöbe Buglé y Emberá. El grupo indígena representa 12 por ciento3 del total de la población del país. Pese a este amplio porcentaje, sus poblaciones se encuentran muy concentradas en determinadas comarcas, muchas de ellas de muy difícil acceso. Este aislamiento ha provocado una elevada marginación, muy bajos niveles educativos y altos niveles de pobreza y pobreza extrema..

La situación en cada provincia y comunidad indígena en lo que respecta a las dotaciones de capital humano de la población en edad de trabajar, dista mucho de ser homogénea. Entre las provincias con mayor capital humano sobresale Panamá, con 10.9 años de escolarización, seguida de Los Santos con 10.6 y Colón con 10.4. Al final de esta lista se sitúa Darién con 7.6, que tiene 3.3 años menos respecto de la provincia de mayor capital humano. Por el contrario, en el caso de las comarcas indígenas, los resultados son muy inferiores: Kuna Yala ocupa la primera posición con 5.6 años de escolaridad en promedio, seguida por Emberá (5.2 años) y Ngöbe Bugle (5.0 años).Se ha producido un incremento del gasto en educación de un 83.34 por ciento y se ha aumentado el número de escuelas abiertas en un 47.36 por ciento. A su vez, estas mejoras han conllevado un incremento en los años promedio de estudio de la población ocupada, pasando de 8.2 años en 2001 a 9.2 años en 2009, una reducción en la erradicación del analfabetismo de 2.5 puntos porcentuales y un crecimiento de 8 y 5 puntos porcentuales en la población con estudios secundarios y universitarios, respectivamente.