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Trump, las elecciones congresionales/gobernaciones y los boricuas

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) No porque Donald Trump, el actual presidente de los EE.UU. tenga una personalidad poco agradable, no debo asumir que nunca la razón le asiste. El problema del debate entre la derecha, la ultra derecha, los liberales y la izquierda en los EE.UU. es la simplificación del contenido de sus debates. Mientras más superfluos, mejor. No obstante, las elecciones de ayer, son un instrumento útil para examinar como el pueblo de los EE.UU. se comportó en estas elecciones.

En primer lugar, las elecciones no eran un plebiscito sobre Donald Trump, sino sobre los incumbentes que iban a reelección. En este sentido, todo indica que ambos partidos salieron bien, pese a que en el Senado el Partido Republicano amplió su base y se mantuvo en el poder; mientras en la Cámara de Representantes, el Partido Republicano perdió escaños, el Partido Demócrata los ganó y tomó control. En este sentido, hay un empate para los Republicanos y una victoria para los Demócratas.

Mientras en la gobernación, hubo una clara ampliación del poder Republicano a lo largo de los EE.UU. Dicho partido hoy controla sobre el 80 por ciento de las gobernaciones, manteniendo su poder en estados muy importantes para ellos, como lo es la Florida. No obstante, perdieron Kansas y Michigan que eran sus bastiones tradicionales, y fueron adquiridos por el Partido Demócrata.

Ahora bien, donde hay una anotación importante, es el hecho que el Partido Demócrata logró impulsar una abierta lógica liberal y alternativa en la Cámara de Representantes con gente más fresca, alternativas y diversas. Mientras el Senado federal mantuvo su lógica conservadora. Y la mayoría de las gobernaciones que fueron a elección, 36 en total se mantuvieron completamente conservadoras con la excepción de Colorado donde un candidato demócrata de orientación sexual LGBTT fue electo.

Ahora bien, contrario a término, Trump puede reclamar victoria. También los Demócratas. Pero la de Trump tiene otro valor. A dos años de su mandato, nada indica que su poder se ha debilitado. Lo que ha pasado, a lo boricua en las elecciones locales, es que la presencia de los Demócratas en la Cámara plantea un tipo de fiscalización. No imposibilita su gobernanza, pero plantea un tipo de fiscalización. Lo más interesante es que salvo algunas personas electas en la Cámara de Representantes, en particular mujeres que fueron ahora electas, el grueso de la cámara y el senado, sigue pensando de forma tradicional y la agenda populista de Donald Trump en nada aparece ser cuestionada. La gente votó, todos los indicadores dan fe, por asuntos estrictamente locales y no nacionales.

Finalmente los boricuas. Contrario a término, el voto boricua no tuvo ningún efecto más allá de uno o dos condado en la Florida. A decir por el resultado, la tendencia en general, fue conservadora en pro de Trump y sus amigos. En dichos dos condados aparentemente votaron por los demócratas, pero su ausencia de influencia se refleja en que en Florida el voto Republicano se impuso con fuerza y claridad. Las elecciones se ganan por un voto. Solo un voto.

Estas elecciones no tienen ningún efecto real para Puerto Rico. Seguiremos siendo colonia, bien o mal tratados por la presente administración de Donald Trump, que es la primera que abiertamente se ha manifestado en contra de la estadidad para Puerto Rico. Si una oportunidad nos ofrecen estos comicios, es en profundizar en la búsqueda de la independencia para Puerto Rico, fuera de la lógica federal. Pensemos.