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Feliz Día de Reyes

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altConmemoramos hoy la festividad de los Santos Reyes Magos o la Epifanía del Señor. Para los católicos cristianos es una fiesta de profundo significado religioso en que Jesús se manifiesta o se da a conocer a los seres humanos como hijo de Dios a través de la visita de los sabios o magos de oriente. La Epifanía es la conmemoración más antigua de la Iglesia, precede a la Navidad. La solemnidad era una celebración fuertemente arraigada entre los cristianos de Egipto y Arabia para el siglo IV fecha en que también se festejaba el solsticio de invierno en esas regiones. Todavía hoy, el 6 de enero es la Navidad para la iglesia armenia que aún conserva el antiguo calendario juliano.

En el caso de Puerto Rico, los Reyes Magos han cruzado el muro fronterizo (¿será el que quiere construir Trump?) entre Iglesia y Estados para constituirse como el símbolo más amado de la puertorriqueñidad luego de la Monoestrellada. Los Reyes representan la esencia de lo que somos los boricuas: fervorosos, resistentes y buena gente.

Esta definición la podemos resumir con el famoso ¡Ay bendito! y el “¡Njú!” Todos saben que el ¡Ay bendito! nos acarreó la burla de nuestros hermanos latinoamericanos que nunca entendieron el mensaje oculto detrás de la frase, que no es otro que somos buena gente, pero no cruces la raya sino quieres conocer el otro lado. El “Njú” implica que nos pueden contar veinte cuentos y solo creeremos uno de ellos, si acaso, pero a la vez, como buenos jíbaros, tenemos afilado el machete para tumbarle el pescuezo al que pretenda pasarse de listo. Somos resistentes, hasta un día.

Los Reyes Magos viajaron desde el antiguo Irán en busca del Mesías o Rey de los Judíos. Aún hoy día es un viaje difícil. Para el siglo I era una travesía larga que cruzaba terrenos desérticos plagados de bandidos. Había que apertrecharse bien para no pasar hambre y sed. Las caravanas requerían de guardias armados diestros en el combate. Llegar a Judea desde “tierras lejanas” era símbolo de resistencia, fortaleza y arrojo o valentía.

Para entender a los puertorriqueños solo hay que analizar la simbología de los magos y su travesía. Somos resistentes y hemos sobrevivido como pueblo con características distintivas bajo dos metrópolis. Una aglutinó a los pueblos que nos formaron como cultura y sociedad la otra nos quiso despojar de nuestra identidad. Ambas aportaron a nuestro acervo, pero al final nosotros escogimos lo que nos apetecía de ambas y desechamos el exceso de bagaje para mantener nuestra idiosincrasia.

La puertorriqueñidad comenzó a forjarse en el siglo XVI. Nació con el primer “mestizo” o hijo/hija de aborigen y español para la segunda década de los 1500. La madre amerindia les enseñó a sus hijos su cultura e identidad, por eso preservamos vocablos y costumbres de nuestros ancestros que el ADN ha definido como huecoides (un grupo aborigen con raíces en los Andes bolivianos), saladoides (grupo con raíces étnicas en Venezuela) y un grupo arcaico que nos llegó desde Florida y Centro América. Luego nacieron los “mulatos”, nombre dado a los hijos de negra y español, pero al mismo tiempo nacieron los “zambos” nombre dado a los hijos de aborigen y negro. Para los años 1530 la mezcla entre los grupos era tan común que podemos hablar de un “criollo” con unas características únicas que lo definían como puertorriqueño.

Para finales del siglo XVI y principios del XVII tenemos una identidad tan definida que se habla de los de allá (peninsulares) y los de acá (nacidos en suelo de Boriquén). La mezcla de razas fue tan común que comenzaron a aparecer “cuarterones”, gente de piel clara (blancos) con pelo lacio y facciones europeas, pero con sangre negra y aborigen. Basado en esa mixtura surgió el dicho que reza “el que no tiene dinga tiene mandinga, de congó o de carabalí”. En el Perú la frase dice “el que no tiene inga tiene mandinga”. Inga es un apellido de origen incaico y el refrán, de donde lo mal copiamos, hace referencia a los incas o al hecho de que los peruanos son el resultado de la fusión de aborígenes, negros y españoles. Lo de congó y de carabalí nos llega del refrán cubano “aquí el que no tiene de congó tiene de carabalí”.

El siglo XIX nos llegó con una nacionalidad definida con su cultura particular, una literatura criolla que alaba a la Patria y manifestaciones artísticas que ensalzan quienes somos. Manuel Alonso en su poema El puertorriqueño, publicado en 1849, nos describe como gente morena insuperable en el amor a la Patria.

Color moreno, frente despejada,

Mirar lánguido, altivo y penetrante,

La barba negra, pálido el semblante,

Rostro enjuto, nariz proporcionada,

Mediana talla, marcha compasada;

El alma de ilusiones anhelante,

Agudo ingenio, libre y arrogante,

Pensar inquieto, mente acalorada,

Humano, afable, justo, dadivoso,

En empresas de amor siempre variable,

Tras la gloria y placer siempre afanoso,

Y en amor a su patria insuperable:

Este es, a no dudarlo, fiel diseño

Para copiar un buen puertorriqueño.

La invasión estadounidense llegó en el preciso momento en que los puertorriqueños estrenábamos un gobierno autonómico. Los invasores impusieron primero un gobierno militar, ignorado el gobierno autonómico y luego uno colonial de corte británico, gobernador estadounidense y alcahuetes locales. La colonia evolucionó a un autogobierno donde la palabra final la tiene el Congreso o sea una colonia sujeta a la voluntad de la metrópoli, pero maquillada hipócritamente para darle seguridad al colono y mantenerlo sujeto al yugo sin problemas.

La corrupción y al mal manejo de los recursos económicos, inducidos por la metrópoli y sus buitres, llevó a la colonia autogobernada y sujeta al yugo, a la quiebra. La situación enfatizó la visión imperial de que los colonos no saben regir sus designios, lo que da paso a la otra parte de la consigna, deben permanecer bajo el yugo. La colonia entró en un retroceso, a la larga lo que el Congreso profundamente deseaba para volver a la historieta arcaica de que el “estatus no está en issue”. Todo parece señalar que la colonia continuará en su estado actual, para beneficios de las sanguijuelas que se nutren económicamente de ella.

Los que buscan la anexión recibieron un balde de agua fría cuando los republicanos le dijeron que la estadidad no va y entraron en negación. Iniciaron el 2019 diciendo que van a promover la estadidad, pero el Congreso demócrata dijo que el estatus no se va a discutir.

Para darle una bofetada definitiva al Partido Nuevo Progresista y a la inhabilidad de la Comisionada Residente y militante en el Partido Republicano, Jennifer González, para establecer diálogos con congresistas demócratas, se ha designado a la Congresista Nydia Velázquez para determinar la agenda para Puerto Rico. Velázquez favorece el estatus colonial de la Isla. Tan grande fue el menosprecio a los azules que la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, fue invitada a una reunión con el presidente del Comité de Recursos Naturales, Raúl Grijalva. Yulín también se reunió con Bennie Thomson, presidente del Comité de Seguridad Interna de la Cámara baja. El poderoso Comité de Recursos Naturales determina la política congresional para Puerto Rico.

Algo se cuece en Washington y Carmen Yulín Cruz jugará un papel importante. ¿Será la Yulín familia de Artabán, el cuarto rey mago? Artabán no llegó al nacimiento, pero si a la muerte.

En fin estos dos años de guerra entre demócratas y republicanos en Washington tendrá un impacto definitivo en la colonia puertorriqueña. Los jugadores ya se posesionaron en el tablero de ajedrez. González fue excluida elegantemente del juego. Pero, ¿Qué papel tendrá el Gobernador Ricardo Rosselló Nevares en estos asuntos? Parece ser que sus coqueteos con el presidente Donald Trump le harán pagar un alto precio con los demócratas en el Congreso.

Roguemos a los Reyes Magos para que podamos liberarnos del yugo colonial y definir nuestros designios para escoger una ruta definitiva que nos libere del estigma de ser la colonia más vieja del planeta.

¡Feliz día de Reyes!