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¡Pa’l centro, P’árriba, P’abajo. ¡Que viva el Pitorro!

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Image result for pitorro(San Juan, 5:00 p.m.) Ya estamos en octavitas—queriendo decir que se han ido los días de celebración oficial. Sin embargo, los días de regocijo de la Navidad en Puerto Rico continúan.

La época de Navidad es tiempo de reclinar la guardia y decir, con un bajar la mirada fijada en el suelo, que nos arrepentimos de las malas cosas que hemos hecho durante los meses pasados. Pero no hay por qué negarlo, nos entregamos (aquellos que quieran) al regocijo . Si algo define al puertorriqueños es la capacidad de celebración.

En Puerto Rico para la celebración de la época hay que, como decía el Gran Combo, comer pasteles, comer lechón y beber mucho ron. Claro. Lo del ron ya no es muy acceptable para aquellos que se dedican a observar las ocasiones en que celebramos y mirar con desapruebo nuestro comportamiento exuberante. No debemos dejar aparte al Cristo Señor, pero la realidad es que el regocijo en las Navidades en nuestra isla es pegajoso, lo que incluye la degustación del ron clandestino, o como lo llamamos aquí pitorro a lágrima de monte.

Siempre, en los años que llevo en la Tierra gracias, se podría decir a Jesucristo, pasó el día de Los Santos Reyes Magos en un campo en el habitan unos primos agricultores. En sus celebraciones hay un lechón a la varita, muchas morcilla premia´, o sea picante, y todo lo demás que se asocia con la Navidad en esta isla nuestra. Siento decirles que eso incluye del pitorro. Sí, es un bebida clandestina, pero su confección no hay quien la detenga. Hay buenos y malos pitorros—y los hay excelentes como los que bebo en la finca de mis primos.

¿Y por que confeccionar ron clandestinamente? Porque surge algo especial ya que cada pitorro se “cura” de una manera singular, y porque el bueno pitorro sabe a gloria!.

Hay un producto relativamente nuevo, de esos que se venden en la farmacia, que ostentan usar la palabra pitorro en su etiqueta. Saben a agua de piringa, y no son clandestinos. Todo esto tiene que ver con la idea que existe una manera muy personal de preparar lágrima del monte. Es ignorar la clandestindad que pone acento en ese atrevimiento de beber algo cuya elaboración no esta acorde con la ley. Les digo a los detractores que así es Puerto Rico y así es el Caribe.

En islas, hablando del Caribe español, donde los barcos de la metrópolis, que atracaban con todo tipo de víveres, a veces ni siquiera llegaban, ¿cómo no va a florecer el contrabando y lo clandestino? Lo clandestino, tal como el espiritismo, es una

manera tras bastidores de honrar y de celebrar. Tiene muchas veces con, como decía Arcadio Díaz Quiñones, el arte de bregar, arte que muchas veces incluye lo tras bastidores. Si el Estado, sean los españoles y ahora los norteamericanos, no miran con buenos ojos a algo que está fuera de su fisco, como los impuestos, tenemos como reflejo continuar con esa actividad aunque signifique seguirla pero bien bajo la mesa. Así pasa con la bolita también, y pasará con las peleas de gallos. Una isla que tuvo que arreglárselas por si sola sin el ojo de Big Brother, seguirá con sus costumbres. Venimos, en gran parte de la clandestindad. Venimos de una islas tanto de cimarrones que huían y del jíbaro “jincho” del campo que tenía que hacer lo imposible no solo para vivir sino para celebrar. En fin, nos formamos “bregando”. Mientras exista el pitorro seguiré consumiéndolo sencillamente porque así siempre mis primos y siempre hemos celebramos la época. Total, ante el Estado, hay veces en que hay que bregar.