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La educación pública: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) Nos enfrentamos a la realidad eminente de que el gobierno de Ricardo Rosselló Nevares se encamina a la privatización del sistema educativo del país. El bienestar del estudiantado no es el objetivo, sino producir individuos carentes de pensamiento crítico adiestrados con conocimiento mínimo para operar en una sociedad líquida donde todo es efímero.

Para completar el cuadro tétrico nos encontramos que muchas escuelas están sin acreditar y con una estructura física deficiente. ¿Por qué se le exige tanto a las escuelas privadas mientras las públicas continúan deteriorándose? Todo es parte de un plan orquestado para desacreditar el sistema público y ensalzar el sistema privado. Estamos siendo indoctrinados para rechazar la educación pública y exigir la privatización del sistema educativo. Lo peor es que una vez privatizado el sistema, será elitista y podrá excluir del mismo todo estudiante que considere “peligroso”. La lucha por la educación es una de clase sociales donde los oligarcas oprimen al pobre con el consentimiento de este porque fue manipulado y convencido de que los poderosos tienen la razón.

La pregunta es, ¿por qué llegamos a este momento? ¿Qué sucedió con el sistema educativo?

Durante el Decenio de la Educación (1960-1969) el Dr. Ángel Quintero Alfaro, entonces Secretario de Instrucción Pública, construyó un sistema educativo que empoderaba al estudiante, estimulaba su creatividad y lo enriquecía con una educación de clase mundial. Los estudiantes aprendían francés en escuela elemental, tomaban cursos avanzados de matemáticas y durante el cuarto año de secundaria los estudiantes que así lo desearan podían tomar los cursos avanzados que contaban como créditos universitarios. La llegada del Partido Nuevo Progresista al poder significó el descalabro del sistema educativo. Todas las iniciativas conducentes a formar profesionales de clase mundial fueron desmanteladas por considerarse antagónicos con la filosofía educativa estadounidense.

En palabras simples, si el proyecto educativo no giraba en torno al ensalzamiento de los Estados Unidos no podía ser parte del sistema educativo. Para ese entonces ya se había documentado las deficiencias del programa educativo de la metrópoli y el clasismo que existía entre los diversos distritos escolares estadounidenses. En Estados Unidos impera la norma de que mientras mayor es el ingreso de los padres, mejor es la educación que los estudiantes reciben. Nos guste o no, la metrópoli es un país oligárquico donde la élite recibe la mejor educación, mientras los pobres y las minorías solo aprenden el conocimiento básico necesario para forjar trabajadores diestros, no líderes.

Llegamos al siglo XXI con un sistema educativo saboteado por el colonialismo y limitado por los credos políticos de los dos partidos mayoritarios, Partido Popular Democrático y Partido Nuevo Progresista. Los dos colectivos políticos solo interesados en perpetuarse en el poder y no en la enseñanza de los estudiantes y mucho menos en el desarrollo del pensamiento crítico.

Las exigencias educativas de esta centuria claman por la innovación y al uso de técnicas visuales. Tristemente todavía muchos maestros siguen enseñando como en el siglo pasado no integrando en sus planes los nuevos paradigmas educativos. Tampoco se toma en consideración evaluar las razones del creciente número de niños con diversas discapacidades. Los educadores no conversan entre sí para compartir sus metodologías. Para completar, el Departamento de Educación restringe la capacidad de los maestros para investigar e innovar.

El problema se acrecienta con la creciente desmotivación de los educadores. Los buenos maestros terminan marchándose del sistema frustrados porque no se les permite enseñar. Un ejemplo clásico es la lectura. Hemos encontrado casos donde algunos directores consideran abusivo el que un educador les pida a los estudiantes que lean un libro. Educación cada día exige más papeleo y menos instrucción. Hemos olvidado que un educador feliz tendrá alumnos felices, un educador amargado tendrá alumnos distraídos, traviesos y ociosos

El liberalismo que rige esta sociedad líquida y el saboteo de la autoridad en todos los niveles ponen en riesgo la vida de los maestros. Estudiantes abusivos se burlan y golpean a un maestro, pero se les exige que no reaccione a estos actos violentos y que no se defienda en caso de ser agredido físicamente. Ser maestro en muchas escuelas del país significa poner la vida en riesgo. El sistema permisivo no funciona, lo demuestra el deterioro de la sociedad y el incremento en el crimen entre los jóvenes.

Los docentes deben realizar una reforma en el sistema desde la calle. Es hora de iniciar proyectos comunitarios que incentiven la lectura, la escritura creativa, el teatro comunitario y los huertos caseros. Los jóvenes deben también sensibilizarse ante las necesidades de los envejecientes y participar en trabajos comunitarios en los centros de ancianos. Estimular el sentido comunitario enriquece y fortalece los nexos entre vecinos.

Los educadores tienen el presente y el futuro de esta sociedad en sus manos. La respuesta a los problemas educativos no es la privatización del sistema. Debemos extirpar la política y los politiqueros de la educación, empoderar al educador, innovar e invertir en equipos modernos. Los educadores deben ser los empleados públicos mejor pagados, así como los más cualificados. No cualquiera puede ser educador.

La educación pública agoniza victima del amiguismo politiquero y las decisiones nefastas de administradores incompetentes. No sucumbamos a las manipulaciones de un grupo desafecto al sentido identitario, sin compromiso con los puertorriqueños e interesados en el lucro personal. Exijamos un sistema sensible a la realidad que vivimos y comprometido con la formación de ciudadanos pensantes.