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El país necesita que Rosselló renuncie

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alt(San Juan, 11:00 a.m.) Ante los eventos del miércoles 10 de julio de 2019, los cuales pasarán a la historia del país como otro huracán de categoría 5, el gobernador de turno Ricardo Rosselló al momento en que se escribe aún no ha dado cara en el país. Se desconoce si llegó, si está escondido, o si continuó hacia Washington, en su viaje desde Europa, en busca de apoyo y solidaridad. Lo real es que Ricardo Rosselló se ha quedado solo. Ante esto, siendo un gobernador del 41 por ciento de los votos emitidos a su favor, no será momento que éste considere, voluntariamente, su renuncia. Hoy todos nos preguntamos, ¿estaba apto Rosselló para gobernar el país?

Independientemente de qué pase con Ricardo Rosselló y el gobierno de Washington, lo cierto es que el país no necesita gobernantes como él. En esta medida, lo más correcto en este momento es que él voluntariamente renuncie o que se vea forzado a renunciar por las protestas sociales. Pero la salida de Rosselló solo sería un elemento simbólico para plantear otra cosa: el desarrollo de una cultura política más democrática para el país.

En un territorio colonial como Puerto Rico, solo la crisis provoca cambios. Solo la crisis. En este momento experimentamos una crisis de gobernanza muy profunda en la isla, donde tanto el modelo colonial como los administradores, estatales y federales, han colapsado. En otras palabras, una colonia con 3.1 millones de habitantes no puede ser administrado, por vía del FBI, Fiscalía Federal, la Junta de Supervisión Fiscal y más que nada por legisladores federales y un presidente federal, comentando de nuestra capacidad incapacidad de gobernarnos.

La crisis hoy del territorio colonial, puede comenzar a rectificarse por vía de la renuncia del gobernante de turno. Pero no para que sea sustituido por el secretario de estado, Luis Rivera Marín. Sino para forzar una reestructuración profunda de la forma de administrar la colonia. Una solución que nos permita movernos en una dirección de autonomía, soberanía e independencia plena. Pensemos.