Mar04072020

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Ante los terremotos, hay que pensar si Puerto Rico está en transición

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alt(San Juan, 2:00 p.m.) El mes de enero 2020 ha sido un mes atípico. Temblores, erupciones volcánicas, fuegos forestales, inviernos calurosos, lluvias fuera de estación, fuertes ventoleras y rumores de guerra nos presentan un cuadro apocalíptico similar al predicho por Jesús en el Evangelio según San Mateo 24:1-3 (también se puede consultar Marcos 13.3-23 y Lucas 21.7-24).

Profecías catastróficas similares fueran hechas por el estadounidense Edgard Cayce, mejor conocido como el profeta durmiente; el francés Miguel de Nostradamus, la búlgara Baba Vanga, la colombiana Deseret Tavares o la puertorriqueña Vivian Carla. Podemos sumar a estas predicciones catastróficas las predichas por los babalaos (sacerdotes) cubanos, seguidores del sincretismo ritual entre las creencias yorubas y el cristianismo, cuando sacaron la letra del año 2020.

Todas estas profecías marcan el año 2020 como uno de cambio trascendental que, si no modificamos nuestro comportamiento para construir sociedades basadas en la relación fraternal entre los humanos, fomentamos el desarrollo de valores positivos, detenemos el cambio climático y establecemos políticas para proteger el planeta, podríamos enfrentar una Tercera Guerra Mundial y ver como nuestro hogar planetario se convierte en un páramo yermo. El polo magnético norte se está trasladando lentamente y el cambio climático es un hecho innegable, el planeta ya no será el mismo.

altPor otro lado, geomorfólogos, sismólogos y otros científicos estudiosos del planeta y el sistema solar indicaron en el 2018 que a partir de ese año y debido a la disminución en la velocidad del globo terráqueo en su viaje alrededor del sol, entraríamos a un periodo de seis años donde observaríamos un incremento en los movimientos de las placas terrestres produciendo terremotos y erupciones volcánicas. No podemos negar que por años los climatólogos han predicho que el cambio climático generaría muchos de los eventos que han acompañados el inicio de este nuevo año y las postrimerías de la segunda década del siglo XXI.

Australia está siendo consumida por las llamas, pero antes que el país continente enfrentara los fuegos forestales se dieron fenómenos similares en el Amazonas y en África. Volcanes están haciendo erupción en Las Filipinas y sismos están afectando países en América y Asia.

Pero alejándonos del complejo panorama mundial y concentrándonos en nuestra limitada realidad isleña, el 2020 agarró por sorpresa a todos. Lo sorpresivo no necesariamente está en los terremotos porque tanto científicos como los videntes llevan años prediciéndolos, sino por el lugar donde han ocurrido. Todos esperaban terremotos en el área noroeste y el norte, donde están ubicadas la infame falla del Cañón de la Mona y la Trinchera o Fosa de Puerto Rico, el punto más profundo del Océano Atlántico.

No muchos conocíamos la Trinchera de los Muertos, fosa profunda al sur de la Isla, el Cañón de Guayanilla y mucho menos la falla de Punta Montalva que nace en Guánica y corre a través del Valle de Lajas hasta Cabo Rojo.

Todos escuchamos la palabra falla, pero sabe usted qué es. Una falla es una fractura en la corteza terrestre a lo largo de la cual se mueven los bloques rocosos que son separados por ella. Para entender esto debemos visualizar la tierra como un rompecabezas formado por piezas que llamamos placas tectónicas.

Las placas son fragmentos de la litosfera, nombre dado a la capa externa y rígida planetaria que tiene una profundidad variable entre los 10 y los 50 km. La litosfera está conformada por silicatos e integrada por la corteza y parte del manto terrestre. Las placas abarcan áreas continentales y oceánicas.

La capa inmediatamente inferior a la litosfera es la astenosfera formada por materiales silicatados dúctiles, en estado sólido y semifundidos parcial o totalmente que se mueve lentamente provocando la deriva continental y la isostasia en pocas palabras es como un mar cuyas olas o vaivenes permiten que las placas tectónicas se muevan.

Volviendo a las fallas, existen tres tipos principales: normal, inversa y de desplazamiento de rumbo o de movimiento horizontal. La llamada falla normal es la que separa a las placas tectónicas y tiene un movimiento de baja y sube entre las partes rocosas de las placas. Es como si tuviera dos bloques, que en momentos determinados parte de uno queda encima del otro, lo que hace que cuando uno se mueve empuja el otro hacia abajo. Las fallas de desplazamiento son aquella cuando los bloques se trasladan o deslizan lateralmente en oposición opuesta (uno para allá y el otro para acá, uno para el norte o el sur o el este y el oeste). Las fallas inversas son las que elevan el suelo o sea de los dos bloques uno sube rompiendo con la regla de la gravedad permitiendo ver espacios en la corteza que antes estaban sumergidas.

Nunca se debe construir cerca de las fallas porque sus movimientos pueden dañar o destruir las edificaciones. Lo ideal es que un geólogo haga un estudio del terreno e identifique la existencia de posibles fallas para evitar desastres posibles, pero no es tan fácil identificar donde se encuentras las fallas porque el tiempo y la erosión las borran de la superficie.

Esto último es lo que nos ha ocurrido con la falla de Punta Montalva, no sabíamos que existía. No conocíamos la existencia de estas fallas porque no eran visibles, ni existía información de movimientos telúricos o temblores con epicentros en el sur. Los registros desde hace tres siglos y los movimientos desde el principio de esta centuria han estado asociados a la Trinchera de Puerto Rico y al Cañón de la Mona.

Los científicos conocían de la existencia de una falla que corre a lo largo del Valle de Lajas, esta va de oeste a este. En el 2005 se comenzó a estudiar una nueva grieta que fue llamada falla del Norte de la Bahía de Boquerón. Ese estudio permitió identificar la falla de Punta Montalva y la nueva actividad sísmica hizo patente otra falla que nace en Caja de Muerto.

Fueron científicos del departamento de Geología del Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico y sus estudiantes los que han identificado estas nuevas fallas. Entre estos debemos mencionar a los profesores James Joyce, Hernán Santos, Víctor Huérfano y Eugenio Asencio (QEPD).

La falla de Punta Montalva corta de este-noreste a oeste-suroeste desde Punta Montalva en Bahía Montalva, hasta Ensenada Las Pardas, bisecando así el Bosque Estatal de Guánica. Los científicos lograron observar la falla a media milla al norte de Playa Santa que está cubierta por arbustos, pero su estructura escarpada es visible. Punta Montalva tiene un movimiento sinistral, es decir, que, si la falla divide dos bloques, uno al sur y otro al norte, si nos paramos en el que está al sur, todo lo del bloque norte se moverá hacia la izquierda. Este movimiento está evidenciado por la actividad sísmica y de modo tangible en un pequeño arroyo seco por allí cercano, que la falla ha obligado a torcer su cauce debido al constante movimiento.

Los científicos opinan que Punta Montalva se conecta con la falla del norte de la Bahía de Boquerón, pero no se sabe dónde. A raíz de la actividad sísmica actual se están efectuando investigaciones para identificar como interconectan estas nuevas fallas.

La realidad es que Puerto Rico está en un área sísmica, similar en intensidad a la de Japón. Lo que está ocurriendo ahora era una bomba de tiempo. Lo que más preocupa en este momento a los geólogos es la quietud que existe en la Trinchera de Puerto Rico, el área sísmica más activa del país.

Por alguna razón los puertorriqueños olvidamos lo que era un terremoto. Los más de cien años de aquella mañana del 11 de octubre de 1918 nublaron nuestro entendimiento y borraron la memoria colectiva. Hemos tenido un rudo despertar, puede ser peor.

Nuestra realidad y la del planeta está en transición. Debemos repensarnos. Esto es un aviso de muchos cambios que nos tocará vivir. El mundo no se está acabando, estamos siendo forzados a hacernos responsables de nuestro hogar.

Mantengamos la calma, estemos listos para cualquier emergencia y aprendamos nuevos estilos para sobrevivir y preservar el planeta. Nos esperan tiempos difíciles, pero saldremos adelante como lo hicieron nuestros ancestros. Adelante, siempre adelante.