Mié06032020

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Sin distracción [todos los caminos conducen] a la independencia

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) La mano que dirige a Puerto Rico, nos pasa comentando todos los días de los exabruptos que tienen aquellos en el poder, o que pretenden tener poder, en Puerto Rico. El fin de semana inició con los influenciadores al servicio del Partido Nuevo Progresista, los de servicio general, acabando con Alexandra Lugaro, y pidiendo su renuncia.

Ayer, de forma "clandestina" un chateo privado entre dos personas, se hizo público y viral. Se trata del momento del gozo, regocijo dicen los cristianos, entre Juan Maldonado, abogado, y Robert Rodríguez López el dueño de APEX. Estos celebran el contrato de $38 millones de dólares para comprar pruebas de Covid-19, como si estuvieran en un juego de pelota. Todo es alegría. Otros influenciadores del PNP, estos al servicio de Pedro Pierluisi y su campaña, hicieron públicos ese chateo privado, y todo se ha tornado en conmoción nacional.

No es posible permitir que periodistas como Zugey Lamela, Jay Fonseca, o la empresa GFR Media, dirigen nuestras respuestas anímicas. Criticar para reformar el estado colonial no conduce a ningún fin, que no sea, sacar a este grupo de corruptos, y traer a otro grupo que eventualmente participaran en actos de corrupción. No es posible continuar promoviendo la denuncia de la corrupción, sin tener un plan alterno.

El único plan que la crisis de la pandemia nos ha ofrecido, es dejarnos ver que en el ejercicio de poderes soberanos, Puerto Rico ha demostrado garantizar que su población en general haya sobrevivido lo peor. En esta medida, Puerto Rico ha dado cátedra de lo que un país con poderes soberanos puede hacer: garantizar la vida.

Ahora es momento de traducir esto en bienestar general. Las medidas adoptadas por el gobierno colonial de Wanda Vázquez Garced, reconociendo sus desaciertos en permitir actos de corrupción, también hay que reconocerle que la mayoría de las medidas adoptadas de corte soberanista, fueron las correctas. Ante las continuas denuncias de corrupción, tolerada por el metrópoli colonial de Washington, lo único que nos queda es reclamar la independencia. Comenzar de cero, entre nosotros, y construir un país nuestro.

Los boricuas ya demostraron que ante la crisis del Covid-19, la falta de apoyo manifiesto de nosotros al pueblo de los EE.UU. es más que nada evidente. Por lo que no podemos hacer nada más que no sea, pronunciarnos en la separación. Ni una cama le ofrecimos nosotros de hospital isleño a la ciudad de Nueva York. Eso lo dice todo.

Por lo tanto, es momento de irnos. De independizarnos. Ya tenemos la madurez política para ser libres. Vamos. Pensemos.