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El Tribunal Supremo la verdad jurídica frente a la verdad científica

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altSegún se relata en la Biblia hebrea en los libros de Éxodo y Deuteronomio Dios le dictó a Moisés los Diez Mandamientos (Decálogo) y estos fueron grabados en dos tablas de piedra. Al descender Moisés del monte Sinaí con las tablas de piedra encontró que los israelitas estaban adorando a un becerro de oro. Esto le causó un gran coraje y procedió a destruir las tablas de piedra. Al manifestarle a Dios la acción de los israelitas Dios decidió imponerles un castigo a éstos. Moisés intercedió a favor de los israelitas y Dios declinó imponer castigo alguno al pueblo de Israel e invitó a Moisés para que tomara dos lajas de piedra y Moisés obedeció y en ellas quedaron escritos los Diez Mandamientos. Este incidente nos enseña que nada es permanente, que aunque algo esté escrito en piedra, el texto se puede cambiar o alterar. Aunque el Decálogo original fue destruido por Moisés lo cierto es que el documento (las tablas) se pudieron substituir.

En una sentencia del Tribunal Supremo de Puerto Rico en votación de 5 a 4 este honorable tribunal concluyó que el calcio bajo causa pérdida de la memoria. Esta decisión estuvo basada en el testimonio de un perito médico norteamericano quien certificó que el calcio bajo que resultó de una operación de tiroides y paratiroides le causó la pérdida de memoria a la paciente. El perito norteamericano no pudo proveer documentación científica que confirmara su testimonio. El perito norteamericano le mintió a la juez del Tribunal de Instancia y por ignorancia y desconocimiento científico ésta creyó ciegamente su testimonio. La juez no consideró el testimonio del perito del demandado, un endocrinólogo puertorriqueño, quien indicó que una baja aguda en calcio puede causar una desorientación o pérdida de memoria transitoria. Los niveles de calcio se restituyen a la normalidad administrándole al paciente calcio y vitamina D y ningún paciente pierde su memoria permanentemente y por tanto no llegan a padecer de demencia. Aparentemente, el testimonio del norteamericano era más creíble que el del puertorriqueño por ser miembro del país colonizador. Hay jueces que padecen del síndrome del colonizado y todo lo que sea americano es superior al puertorriqueño. Las causas de las demencias se desconocen.

El Tribunal Apelativo en un documento plagado de errores: en por lo menos en cinco ocasiones donde debe decir hipocalcemia (calcio bajo) dice hipercalcemia (calcio alto), esto desvirtúa el sentido de la oración. Hasta en una ocasión crean un híbrido o una quimera entre los nombres de la paciente y su cirujano. Con ese documento defectuoso ratificaron al Tribunal de Instancia.

El Tribunal Supremo en su sapiencia ratificó en votación de 5 a 4 al Tribunal de Apelaciones sosteniendo que el calcio bajo le causó una demencia pero que no es Alzheimer. Pretenden poseer una sutileza exquisita en poder diferenciar los tipos de demencias que existen, que en ocasiones a los neurólogos les es imposible diferenciar. El Tribunal Supremo cambió una mentira científica en una verdad jurídica através de un error craso. Los jueces del Tribunal Supremo son los únicos en el mundo que saben la causa de las demencias que afectan al ser humano, saben más que los científicos y los neurólogos. Lo que es peor, los jueces no aceptan ser ignorantes en medicina. Por el contrario, no conducen vistas orales en la que citen a los expertos para que los eduquen en los preceptos médicos que ellos desconocen. Esos son los mismos jueces que pretender tener inmunidad absoluta e impunidad en sus decisiones. Solo les falta pretender que poseen inmortalidad.

Esa decisión del Tribunal Supremo está reñida con los conocimientos científicos del presente y lacera el respeto, la honestidad y la credibilidad que debe poseer el más alto foro judicial del país. Nunca se ha retado en Puerto Rico la inmunidad judicial de los jueces, pero eso pudiera ocurrir en un tiempo futuro cercano. Los tiempos cambian. ¿Quién hubiese pensado cinco años atrás que el Tribunal Supremo estaría presidido por una jueza lesbiana, casada con otra juez del Tribunal Apelativo y que tuviera dos hijos por inseminación artificial y que un juez estuviera practicando desde el proscenio con una pantalla en su oreja izquierda?

Algunos abogados muy prominentes indican que esa decisión equivocada del Tribunal Supremo no se puede cambiar, que permanecerá en los anales de la jurisprudencia del país para siempre, como si estuviera escrita en piedra. Creo, por el contrario, creo que si las Tablas de Moisés pudieron destrozarse y substituirse por otras, pudiera suceder que un ciudadano - equivalente a un Moisés local, sin implicación religiosa alguna – que haya sido castigado por una decisión equivocada del Tribunal Supremo que le impuso un castigo inusitado, entable un recurso legal novel para lograr romper y substituir la sentencia maléfica y perversa que le fue impuesta. La sentencia del Tribunal Supremo no estuvo basada en la justicia sino en criterios insólitos y ajenos tales como represalias, animosidad, parcialidad y hasta un asomo de vendetta hacia el perjudicado. Como ocurrió con Moisés, cuya credibilidad y prestigio fue restituida por Dios ante el pueblo de Israel, al perjudicado por la sentencia del Tribunal Supremo se le debe restituir su prestigio y credibilidad ante sus pacientes y colegas.

Los tiempos cambian, los perdedores de hoy serán los ganadores mañana. Así lo proclamó Bob Dylan en su tema musical de 1964, “The Times Are a- Changing”. ¡Y tanto que están cambiando…!