Mié03202019

Last update11:34:44 AM

El infame demeanor

  • PDF

Image result for demeanor wordDemeanor es una palabra inglesa que significa la apariencia general de una persona, generalmente un testigo, sus expresiones y gesticulaciones las cuales pueden influir en la apreciación de un juez a su declaración o testimonio. Esa apreciación es muy subjetiva; puede estar enmarcada en un grado de histrionismo del testigo que puede llevar al juez a equivocarse. Tanto los abogados como los jueces le adscriben un gran valor al demeanor. Los tribunales apelativos y el Tribunal Supremo aceptan prácticamente sin cuestionamiento la interpretación del demeanor del juez de Primera Instancia. Esto es así porque esos dos tribunales sólo bregan con papeles, no con seres humanos. Sin embargo, en ocasiones su interpretación del demeanor de un testigo que realiza el juez de Primera Instancia es incorrecta, y pueden por tanto ratificar una decisión errónea. Se desconoce cuan frecuentemente la interpretación de demeanor de un testigo es incorrecta.

La responsabilidad tanto de los tribunales apelativos como del Tribunal Supremo es llegar a una decisión justa, no absurda, ni increíble o reñida con los conocimientos científicos del momento. Ambos tribunales tienen a su disposición la realización de vistas orales citando a expertos en la materia en discusión y en la que los jueces no poseen conocimiento alguno. Pero en muy raras ocasiones se conducen vistas orales. Cuando se creó el Tribunal Apelativo se intentaba aliviar la carga y atraso del Tribunal Supremo y que se llevaran a cabo vistas orales en ambos tribunales como en la mayoría de las jurisdicciones de Estados Unidos.

Una de las consecuencias adversas de la realidad de que la Constitución norteamericana no sigue a la bandera en la colonia de Puerto Rico es que no se pueden llevar a cabo juicios civiles por jurado en las cortes locales. Por el contrario, en la corte federal se permiten juicios por jurado en casos tanto criminales como civiles.

El jurado equivale al Ágora, la gente común que se reunía en la plaza de la Grecia antigua a discutir sus problemas y votar por la mejor forma de resolverlos. El Ágora sabía más que el Dios Apolo que dirigía el Óraculo de Delfus. El dios Apolo no se equivocaba, como también nuestros jueces pretenden creer que son infalibles. Además, pretenden creer que si incurren en un error judicial craso o en el delito de prevaricación son inmunes e impunes, no son demandables. Lo que nos lleva a pensar que el hecho de que todos los hombres son iguales ante la ley según la Constitución norteamericana y la de Puerto Rico es una falacia. Además, resulta una farsa la aseveración en nuestra Constitución que lee: “que la dignidad del ser humano es inviolable”.

Fíjense si el demeanor puede ser defectuoso si consideramos el siguiente ejemplo. Cuando ocurre un asesinato de una mujer por su cónyuge, los vecinos son entrevistados por los medios noticiosos y expresan lo mucho que se quería esa pareja, que nunca habían sabido que tenían problemas. Puede que el señor que agredió a su pareja lo hizo porque padece de Alzheimer y la agredida no se percató de ese problema.

Lo que implica que la apreciación que continuamente hacemos de nuestros amigos, vecinos, cónyuge o acusados es muy superficial y plagada de incertidumbre y errores.

Además, si el testimonio de un perito es incorrecto, que está reñido con la ciencia el Tribunal de Instancia no lo puede aceptar como cierto basado en el demeanor y por tanto los tribunales superiores deben concluir que la apreciación del demeanor del testigo no se aplica por haber incurrido en perjurio. Cuando un testimonio está reñido con evidencia científica inexpugnable esa declaración no puede ser admisible en corte.

La evaluación de las decisiones que emite el Tribunal Supremo tiene que estar enmarcadas en un grado de objetividad extraordinario para no incurrir en decisiones absurdas o injustas, a menos que la decisión obedezca a prejuicios o discrimen en contra del perjudicado.