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Galileo y la Inquisición

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altGalileo Galilei nació en Pisa el 15 de febrero de 1564. Su padre era músico de vocación y poseedor de una amplia cultura humanista. En el 1574 su familia se mudó a Florencia y Galileo ingresó a un monasterio de donde fue removido por su padre que no era muy religioso. En el 1581, se matriculó como estudiante de Medicina en la Universidad de Pisa. Cuatro años más tarde abandonó la universidad sin haber obtenido un título. Para esa época los principios aristotélicos dominaban el pensamiento humano. Aristóteles había afirmado que los cuerpos pesados caen más rápido que los livianos. Galileo retó esa idea lanzando dos objetos de distinto peso desde la Torre de Pisa y demostró que los dos objetos llegaban al suelo al mismo tiempo. De ser eso cierto se dice que allí nació el método científico moderno.

Nicolás Copérnico propuso la teoría del heliocentrismo, que el sol es el centro del universo y que la tierra giraba alrededor del sol. Esa teoría contradecía al geocentrismo de Tolomeo que postulaba que la Tierra era el centro del universo y el sol giraba alrededor de ella. Galileo apoyaba la teoría heliocentrista de Copérnico. La postura promulgada por Galileo le ganó muchos enemigos. Los jesuitas se lideraron los ataques al astrónomo por entender que la teoría de Copérnico estaba en contradicción con las enseñanzas bíblicas.

Galileo fue citado a Roma en el 1916 y albergaba la esperanza de una resolución favorable con la Iglesia. El 23 de febrero de 1616 el Santo Oficio condenó la teoría de Copérnico como falsa y contraria a las Sagradas Escrituras y fue incluida como una obra proscrita. Se le ordenó a Galileo a no enseñar al público las teorías de Copérnico. El cardenal Maffeo Barberini fue electo papa como Urbano VIII y éste le tenía un gran afecto a Galileo. Es entonces que Galileo escribe El Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo en el 1632. Por tal acción, Galileo es reclamado nuevamente por la Inquisición a Roma, esta vez acusado de desacato por desobedecer la prohibición de divulgar la teoría del heliocentrismo de Copérnico. El juicio comenzó el 12 de abril de 1633, Galileo ya era un anciano de 70 años. Su interrogatorio duró 20 días y fue fatigoso y humillante. Galileo rehusó defenderse y fue obligado de rodillas a retractarse de sus creencias y condenado a prisión perpetua. Galileo fue sentenciado por la Inquisición o Santo Oficio. Ante sus acusadores Galileo pronunció su frase célebre, Eppur si muove, (Y sin embargo se mueve) refiriéndose a la Tierra. Su libro pasó a la lista de libros prohibidos. La pena fue modificada por el papa Urbano VIII a arresto domiciliario. Muchos científicos de la época incluyendo a René Descartes creían que Galileo fue víctima de una confabulación de los jesuitas. Galileo padecía de artritis y ceguera. Murió en la madrugada del 8 de enero de 1642 a la edad de 77 años. En el siglo pasado Albert Einstein llamó a Galileo el padre de la ciencia moderna. Así mismo el físico inglés Stephen Hawkings expresó que Galileo fue el máximo exponente del nacimiento de la ciencia moderna.

La lucha entre la ciencia y la religión tuvo una lucha injusta y desigual durante la época de La Inquisición. La Inquisición comenzó en la Europa medieval. En España el Tribunal de la Santa Inquisición fue fundado en el 1478 por los Reyes Católicos Isabel y Fernando en el 1478, algunos años antes del descubrimiento de América. La Inquisición no se aplicó en Castilla, Inglaterra ni en los territorios escandinavos. Algunos personajes famosos que fueron juzgados por La Inquisición, además de Galileo, lo fueron Giordano Bruno, astrónomo, fraile dominico, filósofo y matemático, quien fue quemado en la hoguera; Juana de Arco también murió en la hoguera; Johannes Kepler, matemático, físico y astrónomo alemán fue perseguido pero no quemado; Miguel Servet, teólogo español, fue poeta y traductor, describió la circulación de la sangre en el circuito pulmonar, murió en la hoguera; Jan Hus, profesor de la Universidad de Praga donde enseñaba teología, fue condenado a muerte; Giulio Cesare Vanini, médico, físico y astrónomo fue quemado vivo; Cayetano Ripoll, filósofo y educador, fue quemado en la hoguera.

Algunos alegan que La Inquisición no fue tan severa, pero el mismo Vaticano en octubre de 1998 informó que 49,000 personas habían sido quemadas en la hoguera en siete países europeos, solamente los acusados por brujería. No se menciona las otras herejías que llevaron a la muerte a más personas que osaron retar la religión católica de la época. Los acusadores actuaban sobre la base de conjeturas, no de certezas. Con el pasar del tiempo, la utilización de la tortura y la quema de brujas y herejes se consideraron como un caso extremo de abuso de poder y de intolerancia.

En el 1741 el papa Benedicto XIV autorizó la publicación de las obras sobre el heliocentrismo y los escritos de Galileo son removidos del Índice de Libros Prohibidos. En el 1939 el papa Pio XII describió a Galileo como, “héroe de la investigación, sin miedos a lo preestablecido y los riesgos a su camino”. Y en el 1979 el papa Juan Pablo II designó una comisión para estudiar la controversia de Ptolomeo-Copérnico de los siglos XVI y XVII. El 31 de octubre de 1992, Juan Pablo II reconoce los errores de algunos teólogos del siglo XVII con respecto a Galileo. Curiosamente, el papa Juan Pablo II 359 años y cuatro meses más tarde pidió perdón por los errores que habían cometido los religiosos en contra de Galileo y rehabilitó al filósofo y matemático de Pisa. Se le concedió así una satisfacción póstuma que no remediaría jamás la soledad y amargura que pasó en la cárcel y en encierro domiciliario a lo largo de su vida. “Que desgraciada es la tierra que necesita héroes” escribió en el 1939 el dramaturgo alemán Bertold Brecht en una obra teatral basada en la vida de Galileo.

El mundo está lleno de injusticias y de acciones de abuso de poder por instituciones políticas, religiosas y judiciales. Galileo tuvo que esperar tres siglos y medio para que sus planteamientos fueran reconocidos como los correctos, basados en la ciencia e investigación y no en la fe religiosa. La Iglesia Católica tuvo que reconocer el error y el daño moral y físico que le causaron al acusado Galileo basado en la intransigencia y la incomprensión. Posiblemente Galileo nunca pensó que en un futuro tan lejano se iban a reconocer los principios del heliocentrismo que promulgó y que tuvo que retractarse para no ser quemado en la hoguera.

Los miembros de La Inquisición no tenían ni siquiera que plantearse que poseían inmunidad por los castigos que infligían, se daba por sentado que eran inmunes e impunes y que sus acciones eran respaldadas por poder del papa de turno.

Al presente, otras víctimas de la supuesta inmunidad e impunidad judicial no están dispuestos a esperar más de tres siglos para poder ser reivindicados ante la sociedad y sus pares. Alguien que será catalogado de irreverente y hereje retará el sistema judicial del territorio no-incorporado de Puerto Rico.