[Nota de la autora: The Puerto Ricans: A Documentary History.  Ed. Kal Wagenheim, Olga Jiménez de Wagenheim, y Luis Martínez-Fernández.  Princeton: Markus Wiener Publishers, Updated and Expanded Ed., 2020. 411 págs.]

(San Juan, 10:00 a.m.) Para 1973 cuando se publicó  Puerto Ricans: A Documentary History tanto los Estados Unidos como la isla de Puerto Rico convulsionaban ante graves problemas nacionales e internacionales que se convertirían en emblemas de una conflictiva década, marcada por protestas contra la Guerra de Vietnam, la invasión de Camboya, la intervención de la Guardia Nacional en universidades, el icónico caso de Kent State University, la crisis petrolera de 1973, el intervencionismo político en Chile y otros países, el escándalo de Watergate, la dimisión de Nixon y otros. En la isla, se recuerdan el fortalecimiento del bipartidismo, el fin de “Operación Manos a la Obra”, el surgimiento del Partido Socialista Puertorriqueño, la trágica muerte de Roberto Clemente, el regreso de un número significativo de puertorriqueños de Nueva York, huelgas laborales y universitarias, el aumento del desempleo, la masacre del Cerro Maravilla, además de una continuada presión por la descolonización. 

En el contexto académico y educativo continentales era frecuente el reclamo de textos y monografías, particularmente en inglés para suplir el mercado de los recién establecidos programas de estudios puertorriqueños que empezaban a proliferar y consolidarse, particularmente en el este del país. La recepción no se hizo esperar.  La acogida de The Puerto Ricans: A Documentary History en todos los círculos fue excelente.

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(San Juan, 10:00 a.m.) Conocí a Carmen Valle una tarde de verano justo en la fila de Shakespeare in the Park. Una tradición nuyorkina es la de sentarse en la grama del Central Park para esperar a que abran la taquilla, a una determinada hora de la tarde, y así obtener los boletos gratuitos de la función de esa misma noche. Ya me había percatado de su trabajo, gracias a la antología de Julio Marzán Inventing a Word: An Anthology of Twentieth-Century Puerto Rican Poetry. Mi recuerdo de ahí en adelante es un collage de imágenes, una onda de sonidos, fragmentos de conversaciones, no necesariamente en orden: un flyer que tapizaba las paredes del Spanish Department de NYU, anunciando una lectura de tres poetas puertorriqueños que se llevaría a cabo en CUNY. A saber: Iván Silén, Carmen Valle y Manuel Ramos Otero. Un grupo de nosotros, los de NYU, decidimos acudir a la invitación. En lo personal, me parecía inexplicable que hubiese un evento en donde se convocaran dos figuras provocadoras: ambas participantes de ese evento, mucho más cuando la polémica entre Iván y Manuel estaba servida. Había que acudir.

            Una decena de flyers tapizaban las paredes sirviendo de guía al salón de la lectura. El silencio del recinto a las seis de la tarde impactaba, considerando que a esa misma hora NYU era un hormiguero de gente. Carmen estaba sentada en el centro de la mesa e Iván y Manuel a cada lado. La poeta irradiaba una paz tan extraordinaria que levantó aún más mi interés. Ya era ella conocida por su formidable colección de pulseras de plata, tantas como cupiesen en sus brazos; o fue la energía de la plata que de alguna forma tocó a aquellos dos o fue precisamente el aura de Carmen. En fin, la lectura estuvo gloriosa.

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(San Juan, 1:00 p.m.) El escritor trinitario. V. S. Naipaul, Premio Nobel de Literatura de 2001, es una referencia que nos ayuda a entender la dimensión de ser colonial en Puerto Rico al interpretar la realidad del mundo colonizado: "Ser colonial es, entre otras muchas cosas ser ignorante, en particular del propio pasado. Quien no tiene pasado que lo dota para ser algo definido se encuentra desnudo e inerme en el presente e incapaz de futuro".

 Ser colonial es negarse a defender y proteger nuestra lengua materna, nuestra máxima señal de identidad

 Ser colonial es no educarse en el amor a su país, ni en el entendimiento de otros, es pensar que no hace falta afirmar la puertorriqueñidad porque eso está pasé. Estarían pasé todos los pueblos del mundo que se afirman y se enorgullecen a diario desde su identidad de su lengua, de su cultura, su arte, su olimpismo

Ser colonial es apoyar que se desfigure la lengua propia. Apoyar que Puerto Rico acabe en un “espanglish”, que nos separa de la lengua general que hablan 500 millones de hispanoparlantes. Equivaldría a colocarnos en un apartheid cultural, a la negación de lo propio, a discriminarnos y despreciarnos nosotros mismos.

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(San Juan, 9:00 a.m.) Cuando un estado quería apoderarse de las tierras o los productos de un mercado para su propio beneficio o de algún sector privilegiado, realizaban una expropiación forzada. Esto consistía en varias formas. Por ejemplo, si una compañía no acataba los mandatos de un gobierno, su manufactura pasaba a manos del estado. Ocurría lo mismo con los dueños de las fincas, sus tierras pasaban a manos del gobierno para el beneficio de una compañía (nacional o extranjera) que de alguna forma beneficiaria a los mandatarios. Esto se ha implementado en diversos países. 

La United Fruit Company, les pagaba a gobiernos de Centroamérica para comprar tierras, hacer carriles para transportar sus productos (en este caso del guineo) a cambio de alguna ayuda militar, política y económica. Esta compañía bananera podía hacer lo que fuera para controlar su monopolio y quienes estuvieran en contra de sus intereses, le esperaba un golpe de estado como ocurrió el 1954 en Guatemala. Otro ejemplo fue cuando triunfó en 1959 la revolución cubana. La llegada de Fidel Castro al poder, todas las empresas privadas fueron expropiadas y pasaron a manos del gobierno. Esto era para el beneficio del pueblo cubano, lo cual nunca ocurrió.

Por otra parte, cuando un estado tampoco le gustaba las opiniones, expresiones artísticas o políticas, ponían en marcha un plan estratégico para ocultar la libertad de expresión: la censura. Este plan elaborado terroríficamente señalaba que aquella persona, movimiento o grupo social, partido político, artista, etc., serían acallados e incluso perseguidos de estar en contra del gobierno. En mi opinión, todos los países han implementado la censura de menor a gran magnitud. Por ejemplo: Calle 13 al opinar sobre algunos temas y expresar su ideología política, fue censurado por un tiempo en Puerto Rico. Otro ejemplo y este sería en mayor magnitud, sería del Papa Sixto V. Considerado como un tirano dentro de la historia del periodismo, mandó a que capturaran, en noviembre de 1587, al jefe de noticias en Roma: Aníbal Capello. A este último, se le cortó la lengua y la mano con la que escribía y fue colgado hasta morir con una pancarta que decía “falsario y calumniador”. 

Estos dos casos que mencioné (la expropiación y la censura) fueron implementadas en diferentes partes y épocas del mundo. Desde las monarquías y el feudalismo, los imperios, la iglesia católica, el socialismo y el comunismo, e incluso en países liberales y capitalistas. Aunque no era en todos los casos, este mecanismo era utilizado para que un gobierno o un sector en particular tuvieran ganancia absoluta sobre un mercado y/o mantener controlado las libertades que debe gozar cada sociedad.

Ahora los tiempos son otros, lo que en alguna ocasión se obtenía por medio de los fusiles, ahora se obtiene por medio de la tecnología y las palabras. Las palabras, nuestra fuente de magia como decía Dumbledore. Con esto estarán preguntándose ¿A qué me estoy refiriendo? Simple, al boicot.

El estado ya no necesita intervenir directamente en la expropiación o censura, porque ya un sector socio-político (partidos políticos, movimientos civiles, etc.) aprovechan los frutos de la libertad de expresión para llevar a cabo boicots ¿Qué significa esto? Sencillo, el boicot se convirtió en un eufemismo social para expropiar o censurar. No importa si es un individuo, artista, una compañía de comida o un programa de televisión. Lo importante es que, de no acatar las normas establecidas por algunos movimientos, serán boicoteados por un bien común.

Con esto no quiero decir que todos los boicots tienen un plan maléfico en el fondo. Gracias a unos de estos, hemos podido poner un alto a ciertas expresiones o comportamientos repugnantes en nuestra sociedad. Sin embargo, se debe tener cuidado. No porque ciertas acciones o cosas no cumplan con los parámetros de algunos sectores, gobiernos o movimientos significa que tienen la potestad de boicotear todo aquello que no le agrada. Esto debería ser así cuando la vida y los derechos de un sector son vulnerables y/o atacados severamente. Tampoco podemos discriminar, blasfemar e incluso enjuiciar socialmente a todas las personas que piensan diferente y quieran expresarlo. De ser así, cambiaríamos la libertad de expresión por el totalitarismo, algo que dudo que queramos vivir.

“Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla”, era una frase que me decían de niño. En ocasiones opinamos sin darnos cuenta que podemos ofender y quizás nuestra intención fue otra. Siempre se ofenderá por más que uno lo evite. Pero, por el hecho de que alguien opine correcta o incorrectamente sobre un tema y no me agrada el comentario ¿Debo boicotearlo? Creo que no.

La democracia ha sido un sistema social, político y jurídico que desde sus comienzos le ha traído libertad al ser humano sobre decir lo que quiera hacer con su vida, sin que su libertad o creencia profane la libertad del prójimo. No podemos dejar que un sector esté boicoteando todo aquello que no le agrade porque no siga sus normas. A ellos tampoco les gustaría vivir bajo las normas y los estándares de los otros.  

Sería injusto que estos sectores que acabo de mencionar no puedan ejercer su libertad de expresión en una democracia. Pero también sería injusto que se aprovechen de la democracia para implementar otro sistema opuesto al que vivimos y nos harían esclavos del pensamiento, donde solo aquel puede opinar si piensa como el que está en el poder.

(San Juan, 9:00 a.m.) Hace 47 años Jacobo Morales y yo (¿estamos igualitos, verdad?) hicimos un recital en el cafeteatro La Tea, ubicado en el Viejo San Juan.  Jaboco, el director de Dios los Cría (Dir. Jacobo Morales, Puerto Rico, 1980), con su habitual creatividad, tituló J y P en las rocas.

Jacobo incluía cinco poemas de su autoría. Yo escogí un fragmento de novela, el prólogo de la novela Tres Tristes Tigres de Guillermo Cabrera Infante, ganadora del premio Biblioteca Breve de la Editorial Seix Barral, y dos cuentos de autores cubanos, entre ellos El Cojo de Jesús Díaz.

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El pasado viernes, 31 de julio de 2020 murió el historiador de la ciudad de la Habana, Eusebio Leal Spengler (nació el 11 de septiembre de 1942). Uno de los personajes históricos, postrevolución cubana de 1959, más reconocido en su país, en el Caribe y a nivel mundial, por haber documentado de forma sistemática, la reconstrucción de la ciudad de la Habana.  Curador de la historia nacional, delicado artesano del recuerdo, Eusebio Leal se ganó un sitial en la historia por algo tan sencillo:  le gustaba contar historias.

Fue autodidacta hasta una parte de su vida, cuando consiguió trabajo en el ayuntamiento/municipio de la ciudad de la Habana. Ahí entró en la división de preservación histórica y el resto es la historia.  Concursó para entrar en la Universidad de la Habana, mediando su titulo de escuela superior de forma independiente. Fue admitido e hizo una licenciatura en historia. Luego estudió dos grados de maestría en la misma universidad, y luego hizo su doctorado en dicha universidad en historia.  A su muerte tenía varios títulos y reconocimientos internacionales, de los cuales por lo menos tres son doctorados honoris causa.

Desde el 1981 se le había encomiado la interesante tarea de remodelar y preservar el casco viejo de la ciudad de la Habana. Esa encomienda la hizo con esmero, y le confirió múltiples reconocimientos y distinciones a nivel internacional y nacional.  Entre otras, posee la Orden Juan Marinello, así como la Medalla de Alfabetización, ambas otorgadas por el gobierno de Cuba.

En el 1982, a la raíz del trabajo arduo y el empeño de Eusebio Leal, la organización cultural y de ciencias de las Naciones Unidas, la UNESCO, le confirió a la ciudad de la Habana la categoría de Patrimonio de la Humanidad.  La Habana vieja, parcialmente reconstruida, parcialmente aún en deterioro, es uno de los puntos turísticos de mayor atractivo en Cuba. En parte esto se le debe a la tenacidad de Leal y al apoyo que recibiera del gobierno cubano para realizarlo.

En una nota personal, fue conocido de mi padre, Emiliano, quien en algún momento de una visita a Cuba, se lo encontró.  Mi padre, también cubano, solo me hizo un comentario, “al historiador Eusebio, le gusta contar historias”.  Que en paz repose hoy.  

(San Juan, 1:00 p.m.) El último escándalo que vincula a un colegio católico en Puerto Rico no es el último. Es el último que hoy conocemos, pero todo indica que debe de haber más. Por lo tanto, algo nos hace pensar que la organización que administra estos colegios, entiéndase la Iglesia Católica, sede de Puerto Rico, es en términos generales responsable del problema.  ¿Por qué? Porque todo indica que los jóvenes, niños y niñas, que salen de estos colegios, así como sus padres, tienen una propensidad que los marca al escándalo, al robo y a la participación de actos de corrupción pública.

Es curioso pero nos acabamos de enterar que una treintena de niños estudiantes del prestigioso Colegio San Ignacio, participaron en un esquema para defraudar el Departamento del Trabajo, y apropiarse de los cheques de desempleo por razón de la pandemia del Covid-19.  Lo “simpático” del asunto es que se alega que algunos de los padres y madres tenían conocimiento; que había un padre organizador, “un empresario”, y que supuestamente algunos empleados del colegio participaron.  Lo “bonito” del evento, es el silencio en la prensa de nombres, apellidos, y vinculaciones entre los participantes, la gerencia escolar, y sectores “respetables” de la sociedad.   Pero ¿en serio que tanta gente participó en esto?

En el portal de dicho colegio se destaca lo siguiente, como parte de la misión de la escuela. Este indica que “En el Colegio San Ignacio de Loyola evangelizamos educando con el propósito de promover relaciones humanas solidarias, justas y fraternas, para la Mayor Gloria de Dios”.  Nos preguntamos en donde falló esta escuela, que aparentemente estudiantes, padres y madres y empleados, vieron como natural defraudar al estado. Seria sencillo indicar que es un problema cultural, que toda la sociedad boricua es igual.  Discrepo.

Sería más correcto indicar que hay un problema de estructura con la Iglesia Católica y los colegios que esta administra en Puerto Rico.  Todo indica que los problemas de corrupción son más repetitivos en dichos colegios, y podría uno pensar que son más prominentes en el espacio católico que en el laico (publico) o en el privado de otras denominaciones.

Pero el problema de corrupción asociada a la educación en colegios católicos comienza a ser una repetición continua.  Por ejemplo, en el Colegio Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, una madre, Zulma Rentas Ramos, fue hallada culpable y sentenciada a prisión en el 2020 por haber robado $71 mil dólares de la clase graduanda de dicho colegio en el cual estudiaba su hija. 

De igual forma, en el famoso y desacreditado “chat” de Ricardo Rosselló, del verano del 2019, la escuela que predominó en el diálogo, lo fue el Colegio Marista.  Por este episodio nadie ha sido hallado culpable o acusado, pero la situación fue suficiente para “derrocar” al gobierno de Rosselló y lograr su renuncia.

Por lo tanto, ante este cuadro, no sabemos si la orden Jesuita de San Ignacio, los hermanos Maristas del Colegio Marista, o la devoción Mariana del colegio Perpetuo Socorro son responsables. Tampoco sabemos si la Iglesia Católica, en su conjunto, es responsable. Lo que si podemos dar fe hoy, es que hay una relación histórica entre el poder, el estado (desde Cristóbal Colon y el descubrimiento) y la Iglesia Católica, donde la corrupción es un asunto normalizado. 

A ver, ¿es que los padres y madres que vieron a sus hijos comprando con dinero que no les pertenecía, no les preocupó?  ¿Es que los que participaron en el chat de WhatsApp de San Ignacio, vieron como normal extorsionar al estado?  No puede ser, el problema es una cultura que ya ha aceptado la corrupción como normal. Me pregunto, ¿De qué se habla en las misas de las iglesias asociadas a estos tres colegios, de cómo robar?  Pensemos. 

(San Juan, 10:00 a.m.) En medio de la pandemia del covid-19 y el encierro forzado (lockdown) la cultura ha demostrado su arraigo y capacidad para reinventarse en tiempos de crisis. Aunque el significado de cultura es sumamente abarcador e inclusivo, para esta columna utilizaremos el término para referirnos a las manifestaciones artísticas, folclóricas e identitarias que nos caracterizan como nación. 

Al principio, los profetas del abismo juraron y perjuraron que la cultura nacional colapsaría porque no se podrían llevar a cabo los eventos aglutinadores de multitudes que han caracterizado a las manifestaciones identitarias puertorriqueñas.  Sin embargo, los gestores y promotores culturales no se amilanaron e iniciaron proyectos amenos y educativos transmitidos a través de las redes sociales. Lentamente estamos regresado a las actividades tradicionales manteniendo las nuevas reglas impuestas por el distanciamiento físico. La normalización también ha traído un aumento en el contagio con el coronavirus debido a irresponsables que se niegan a protegerse y cuidar de los demás.  

Entre las actividades que más he disfrutado durante este encierro están los talleres de bomba del Museo de Arte de Ponce, así como sus clases de dibujo y confecciones artesanales. Las visitas virtuales a museos, los conciertos artísticos, la celebración del Festival Casals y muchas otras actividades que han servido como oasis en medio de la ansiedad generada por el encierro. 

 Debo destacar también las charlas organizadas por el Dr. Pablo L Crespo Vargas para el Instituto de Cultura Puertorriqueña; las de El Post Antillano coordinadas por el Dr. Daniel Nina; las de la Asociación Puertorriqueña de Historiadores coordinadas por los Dres. Félix Huertas, Nancy Santiago Capetillo y Aida Mendoza y los talleres sobre temas de investigación histórica del Dr. Josué Caamaño para la Universidad de Puerto Rico y el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Otros grupos han llevado a cabo presentaciones, como la celebración de los loiceños ausentes transmitido el pasado sábado 25 de julio por WIPR. 

El grandioso trabajo que a diario lleva a cabo la Dra. Carmen Alicia Morales en su página de Facebook para conmemorar el quinto centenario de la fundación de la ciudad de San Juan deben ser también reconocidos. No puedo dejar de señalar los poderosos mensajes del arqueólogo Miguel Rodríguez López que nos hace recordar los eventos históricos que hemos vivido en los últimos años, así como los logros culturales de grandes puertorriqueños. 

La explosión de manifestaciones culturales coordinados por grupos afropuertorriqueños nos han hecho bailar al son de bomba y la plena, declamar versos negristas y leer libros y revistas que nos descubren la valiosa aportación cultural del puertorriqueño negro a la puertorriqueñidad.

La publicación de libros no se ha detenido. Hemos disfrutado la presentación de autores coordinadas por el Pen Club de Puerto Rico y otras instituciones. Los centros culturales también se han mantenido activos en las redes sociales. 

El Dr. José Luis Vargas, presidente del Centro Cultural de Lajas nos ha deleitado con sus escritos y comentarios. En mayo 2, Vargas escribió un mensaje muy significativo en la página de Facebook de la institución que marca la pauta que otras organizaciones culturales deben seguir. 

Nos dice Vargas que, “Seguimos acatando las órdenes de distanciamiento social y precaución con motivo de la pandemia del Coronavirus Covid 19. Por el bienestar de todos, nuestras actividades continúan en suspenso y es incierto cuando reanudaremos nuestra agenda de reuniones y actividades”.

“También ha sido suspendido nuestro Campamento de Jóvenes del mes de junio.

Mientras tanto, continuaremos publicando en nuestra página información que pueda ser pertinente a nuestra labor: comunicaciones, conferencias, videos, etc. También continuaremos pendiente y en seguimiento a cualquier gestión administrativa necesaria.

Esperamos que todos estén bien y cuidándose para volvernos a ver. ¡Dios nos bendiga a todos!

Nora Cruz, la gran poeta y folclorista guayamesa, no se ha detenido en su trabajo cultural. Desde la sede de la casa de los Poetas del Sur, Cruz ha organizado recitales poéticos, lecturas y cátedras folclóricas en sus redes sociales.   

Todas estas actividades y muchas más han sido instructivas e inspiradoras. 

La cultura es un ente vivo que se adapta y transforma, pero no se desarticula. Nadie puede evitar las manifestaciones identitarias e intelectuales profundamente arraigadas en el alma boricua. La resiliencia puertorriqueña es proverbial. No importan los golpes, nuestra identidad se yergue majestuosa sobre el colapso socioeconómico que enfrentamos. La puertorriqueñidad se solidifica al son de tambores en las comunidades. 

Una nota interesante sobre la fortaleza identitaria lo ha sido las duras críticas que recibió un anuncio presentado por el pre candidato novoprogresista a la gobernación Pedro Pierluisi. El anuncio político presentaba al progenitor del precandidato hablando sobre su hijo y proyecciones de eventos pasados donde este hablaba en inglés. El anuncio fue tan mal recibido, que solo las palabras en español del padre perduran y los comentarios en inglés quedaron silentes.  

La cultura nacional sale fortalecida de este encierro. No ha podido ser acallada. Encontró nuevas manifestaciones que se sumarán a las viejas para capturar la imaginación de los futuros gestores culturales. Estamos ante el nacimiento de un nuevo Puerto Rico.

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