Ayer mi compadre Gilberto Concepción Suárez, hubiera cumplido 77 años. Queremos recordarlo con estas hermosas palabras con las que terminó su mensaje en el Centenario de su querido padre, el patriota Gilberto Concepción de Gracia en el teatro de la Universidad de Puerto Rico en el 2009:

“Sé que muchos para los que soy el hijo de Gilberto Concepción de Gracia pensarán que yo debía hablar esta noche del padre y no del patriota. A esos buenos amigos les digo únicamente: imaginen por un momento lo que era aquel hombre y lo que significaba ser su hijo, si Alma y yo éramos sus retoños y volcaba sobre nosotros ese inmenso amor que tenía para todos.

“Nunca podremos agradecer lo suficiente, y sé que hablo por mi y por mi hermana, de haber tenido el privilegio de ser parte de uno de los grandes, cabales, comprometidos, defensores, amantes de este entrañable pedazo de tierra poblado de hermanas y hermanos, compañeras y compañeros de un destino común. ¿Qué más de haber aprendido a amar esta tierra nuestra y a nuestros compatriotas?

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(San Juan, 10:00 a.m.) Cuando los científicos elaboran investigaciones, utilizan el método científico (ordenado de la siguiente forma: observación, pregunta, hipótesis, experimento, resultado y conclusión) para ordenar su trabajo. Dependiendo el tipo de labor que realizan, hacen una rigurosa indagación con dicho método. De hecho, no necesariamente tengan que comenzar al pie de la letra su investigación por el orden del método científico, sino que comienzan donde les llega la “musa”. Esto no es algo propio de las ciencias naturales, también se puede ver este método en investigaciones de índole político, económico, sociológico, entre otras facetas de las ciencias sociales. Claro está, no es un método igual que las ciencias naturales.

La razón de estas investigaciones es la causa de una epifanía, la idea de explicar aquello que nos rodea o darle forma a lo desconocido. Estas investigaciones de alguna u otra forma, pueden impactar tanto en el ámbito científico como en el social y transcender fronteras.

Entonces, pensé en los escritores y en las personas que, en algún momento y al igual que yo, queremos escribir y publicar libros. Pensé que nosotros a través de las novelas, cuentos o incluso en el teatro podemos formar investigaciones de carácter social. Investigaciones artísticas reveladas proporcionadas por alguna epifanía y explicar aquello que nos inquieta o nos rodea. En palabras más cortas, ser científicos culturales o sociales con la literatura. 

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(San Juan, 12:00 p.m.) Hemos explicado el término “mandamientos”, o sea, el imperativo ético y político que nos exige la defensa de los derechos y de las más amplias libertades enunciadas en ese gran código. Preguntémonos ahora por “los hombres libres” en la expresión que se halla en el título: “los diez mandamientos de los hombres libres”. ¿Qué significa para Betances un ser humano libre? ¿Qué implica libertad y cuáles son sus consecuencias en el orden ético y político? La primera idea, la idea matriz o fundamental, es que los seres humanos nacemos libres e iguales. La libertad y la igualdad son derechos naturales, “al nacer lo trae cada hombre”. (Betances, 2013, IV: 61) Betances postula que “la primera ley es la libertad”. (IV: 81) En verdad es una consecuencia de la primera idea, la idea matriz que acabamos de citar, nacemos libres e iguales, de derecho, es decir en ley, la primera ley.

 Es interesante la semejanza con el pensamiento de Hostos, pues éste afirma que la primera ley de la sociedad es la libertad. Son siete leyes las que afirma Hostos como leyes sociales, pero la primera es la libertad. Betances afirma, pues, que la libertad es la primera de las leyes inherente a los derechos naturales de los seres humanos. Además, valiéndose de otra semántica nos dice: “este bien superior a todos los otros: la libertad”. (IV: 316) La libertad es la primera ley del derecho y es al mismo tiempo el bien supremo para los seres humanos. Si el ser humano es libre, y nace libre, no puede ser esclavo de nadie.

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(San Juan, 1:00 p.m.) A pesar de mis 75 años soy nuevo en las lides de la Independencia en Puerto Rico.  Desafortunadamente, muy pocos, y cada vez menos, somos los boricuas que nos la planteamos.  Eso sí, le estoy dedicando cada día mas tiempo a meditar porque en Puerto Rico el PIP no ha podido aglutinar a todos los que creen en la independencia.  Pero no logro identificar la causa.  A veces pienso que el conglomerado no se ha puesto de acuerdo sobre cual deber ser la formula económica que los defina; a veces pienso que esos famosos egos inflados no les permiten a los teóricos sentarse en una mesa a dialogar y lograr consenso; a veces pienso que la Independencia se ha convertido en una quimera poética sin substancia.  La razón que sea, me dejaba perplejo. 
En mis noches de aturdimiento pandémico me da por ver una vieja película de Warren Beatty, el hermosísimo, talentosísimo y hermanísimo de Shirley McLaine por aquello de la memoranza y me re-encuentro con su maravillosa película “Reds”.  ALBRICIAS: quien me iba a decir que allí encontraría la clave a la causa de mis desvelos!  No es una enfermedad boricua la causa de la falta de consenso en términos de la Independencia.  Es que los seres humanos, entre los cuales se nos olvida que estamos los boricuas somos seres complejos. No hay forma de que lleguemos a un consenso.  Por eso inventamos aquello de que la mayoría manda.  El Sueño de la Independencia Boricua no deja de ser un mero sueño donde no existen consenso posible. 
Con la imagen en mi mente de un Warren Beatty perplejo y desesperado, pero bellísimo, retorno a mi mundo de ensueños pandémicos, creyéndome que solucione el problema de la Independencia de Puerto Rico, pero allí bien profundo en mi mente, se firmemente que vendrán otros tiempos y otros combatientes y que la lucha seguirá y que al final, ganara!

Cada   que   revisamos   las   bandejas   de   mensajerías siempre nos llevamos sorpresas, para inicios de junio del presente año, recibí un mensaje por Messenger de parte de la poeta y periodista  de origen Colombiano  Hedda Ibarra  y era una cordial invitación para participar en una   hermosa   antología   poética, de la cual es gestora y editora,   donde   participan poetas     de   distintas   partes   de   Latinoamérica. Aprovecho el espacio para felicitar a todos los poetas que   han   participado   en   este   proyecto.

Hedda sobre este proyecto manifestó: “Ha nacido una antología y en estos momentos donde todo pareciera estar nublado, se alcanzan a distinguir  entre sus hojas, los pétalos vibrantes de muchos  girasoles. Todos somos poetas, somos semillas de flores que brotan en esta tierra, y la tierra es el lienzo donde escribimos nuestras historias.  Por eso… quiero recordarles que para escribir sentimientos basta con mirarnos por dentro, somos girasoles desde el interior, la luz nos llega desde arriba, y  entonces  nuestra   piel de pétalos  va tocando la vida con la palpitación del corazón de un girasol  que siempre mira al sol”.

Hoy he tenido el honor de adornar un jardín, que viene siendo este libro colectivo “Siempre un girasol”, con maravillosos y coloridos poemas, relatos, anécdotas y testimonios de veintinueve girasoles latinoamericanos, que para escribir solo se aferraron hoy más fuerte con sus raíces a la tierra, a la vida, y que a pesar de las vicisitudes del presente año 2020, compartieron con el amarillo de la esperanza”. Enfatizó la poeta y periodista Ibarra.

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(San Juan, 10:00 a.m.) Hoy conmemoramos la efeméride del Grito de Lares. Han pasado 152 años desde aquel glorioso 23 de septiembre de 1868, pero todo sigue igual. La gran mayoría de los puertorriqueños continúan sumidos en la pobreza y las ideas políticas siguen siendo las mismas, anexionistas, autonomistas e independentistas. Una burguesía adinerada, favorecida por las políticas imperiales, rigen los destinos del país mientras se ceban de la pobreza.

En el Lares de 1868 hombres y mujeres decididos a tomar control de sus destinos, erradicar la opresión y forjar una nación libre y soberana recurrieron a las armas porque todas las gestiones ante las Cortes españolas (Legislatura) resultaron infructuosas. España se negaba a otorgarle libertades a las últimas colonias que le restaban, Cuba, Las Filipinas y Puerto Rico. Los gobiernos coloniales imponían leyes restrictivas, sangraban los bolsillos de los contribuyentes y mantenían una rampante corrupción donde los amigos del alma eran favorecidos.

Eran tiempos difíciles para todos. El año anterior al Grito de Lares, 1867, fue uno devastador para Puerto Rico. El 19 de octubre de 1867 la isla fue impactada por un huracán, San Narciso. El fenómeno entró por Naguabo y salió por el noroeste. Todos los 67 municipios del país fueron afectados por el huracán, que destruyó los cultivos y dejó sin hogar a miles de puertorriqueños.

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(San Juan, 11:00 a.m.) El escrito más conocido de Ramón Emeterio Betances (1827-1898) es el manifiesto  intitulado  “Los diez mandamientos de los hombres libres”. Redactado en San Thomas en 1867 fue el preámbulo necesario a la insurrección del Grito de Lares.  Reparemos, de momento, en el título. La expresión “diez mandamientos” sugiere una cierta analogía con las tablas de la ley mosaica que también se intitula “Los diez mandamientos.”  Y, efectivamente, así es. Si nos referimos al campo conceptual en el cual se mueve Betances, es decir, el de la revolución francesa y sus varias constituciones cuyos prólogos enuncian “Los derechos del hombre y del ciudadano” podemos comprobar que en ese ámbito teórico aparece esa analogía con “Los diez mandamientos” de la ley mosaica. “El término Montaña adquirió en el año II una significación muy precisa. En Saint-Flour en la sociedad popular, al comienzo de cada sesión se procedía a la lectura de los Commandements révolutionnaires de la Montagne, Sinaí des Français”. (A. Soboul, La revolución francesa, 1987: 293) El término francés “commandements” se traduce al castellano por “mandamientos”. El texto continúa así: “Garnier des Saintes, diputado de la Charente Inferior, al recordar que la Legislativa tenía ya su Montaña, añadió dirigiéndose a los jacobinos: “Moisés fue a buscar sus leyes a lo alto de una montaña también la Montaña de la Convención dará unas leyes a Francia”. (293)  El Sinaí fue la montaña en que la Biblia nos dice que Moisés recibió “los diez mandamientos”.

En la Francia revolucionaria la Montaña identificaba a los jacobinos en franca oposición a la Gironda, identificación de los girondinos. “Montaña: parece que la célebre expresión habría sido pronunciada por primera vez el 27 de octubre de 1791, por Lequinio, en la Asamblea Legislativa. Pero la Montaña, los montañeses no llegaron a hacerse populares hasta el otoño de 1792, cuando frente a la Gironda y a sus ataques se formó un grupo de convencionales decididos a defender la Comuna de París y a legitimar la insurrección del 10 de agosto”. (292) Así, pues, queda clara la analogía que ya en su tiempo los jacobinos tuvieron entre sus mandamientos (commandements) y los que Moisés llevó a su pueblo. Toda analogía supone semejanzas y diferencias en la palabra o término utilizado. En ambos casos se trata de “mandamientos”, es decir, de una serie de imperativos dados al pueblo como normas de conducta.

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(San Juan, 12:00 p.m.) En Mis memorias, Alejandro Tapia y Rivera (1822- 1882) narra una historia que aconteció en época del gobernador Juan de la Pezuela que algo dice de nuestra idiosincrasia. Resulta que desde tiempo inmemorial existían en San Juan las populares carreras de caballo de tarde y noche que en grandes trullas celebraban las fiestas del patrón San Juan Bautista  y de San Pedro Apóstol “que hacía las delicias de padres y abuelos “ Se sabía que eran “brutales” pero siempre habían sido respetadas y se esperaban con entusiasmo.

Sin embargo el gobernador Pezuela trató de “corregir viejas costumbres”, refiriéndose a las mismas como bárbaras, incultas .  Y es interesante lo que aconteció luego que Pezuela prohibiera dichas carreras, porque pone de manifiesto algunos rasgos inherentes al carácter del puertorriqueño. 

Ocurrió que el gobernador Pezuela ,que ocupó el cargo de gobernador de Puerto Rico de 1848 a 1851 tuvo la funesta ocurrencia de imponer por decreto la prohibición de las carreras de caballo (de noche) tachándolas de bárbaras.  Irónico que el gobernador encontrara civilizado esclavizar al hombre con el cruel y despiadado sistema de libretas* que  no impuso, pero sin embargo se perturbaba y rechazara  por considerarlas salvaje, el celebrar las carreras de caballo nocturnas durante las fiestas. Y así desde su autoritarismo y arrogancia  “ las prohibió por ahora y para siempre” . (cualquier semejanza con las peleas de gallos NO es pura coincidencia).

Tapia relata en sus memorias el gran malestar que causó en el pueblo el eliminarlas, para: “sustituir las carreras de caballo nocturnas con cabalgatas al paso y de la tarde.”  Pero la orden llegó con otro requerimiento aún más ofensivo que fue imponer una especie de apartheid tropical. Las carreras de caballo venían siempre acompañadas de bailes por cuatro días, pero en esta ocasión se obligó por decreto, que en la Plaza Principal ( o Plaza de Armas que es la que está ubicada frente al municipio) asistieran los blancos y en la Plaza de Santiago (hoy Plaza Colón) asistieran los negros. Recordemos que la esclavitud no sería abolida hasta el 1873, que el pueblo sanjuanero, aún sufriendo el odioso sistema de la esclavitud, y de habitar en la conservadora y oficialista capital de San Juan se resistió molesto a tan brusca y prejuiciada imposición.

Y abunda Tapia: 

“…hubo de ser notable el disgusto general  por está innovación brusca y desacertada, puesto que nadie absolutamente acudió a las dos plazas, en las cuatro noches de las fiestas de San Juan y  San Pedro y sus vísperas respectivas hasta que se retirara la música, a cuya hora se llenaba la gente la principal como era costumbre.  Por cierto que en la noche de San Pedro, que era la última, se presentaron algunas poquísimas personas del sexo femenino en la sala principal, y cuando Pezuela pretendía que se bailase el rigodón, algunos naranjazos de las vecinas azoteas las ahuyentaron .

Lo que amostazaba más a Pezuela era que todas las clases sociales de la población se hallasen unánimes en sentimiento repulsivo hacía su disposición sobre las fiestas sanjuanera y que el desaire fuera obra de todos. 

Se cuenta que en una de aquellas noches fue a la Plaza de Santiago, y encolerizado al ver la plaza desierta, a excepción de la banda que tocaba para los árboles y asientos que allí había entonces, exclamo furioso, arrojando el sombrero contra el suelo “hasta los negros me desaíran.”  

Pocos años más tarde el gobernador Fernando de Norzagaray restableció las carreras, que el pueblo acogió con entusiasmo doble, al disfrutar de herir el orgullo fatuo de Pezuela ante su fallida y derrotada prohibición “de ahora y para siempre”. 

Este relato revela un momento digno de nuestra historia, oportuno espantar el olvido  y resaltar momentos significativos que forman pueblos. Y reconocer que la actitud gregaria, e inclusiva del puertorriqueño, que se atrevió a desafiar y rechazar la nueva orden, no hubiera tenido en esa época, igual eco en Estados Unidos. Porque no es arbitrario pensar que en los estados del sur hubieran linchado a los negros que  sí se hubieran  negado a obedecer las ordenes reales. Y los blancos del Sur no hubieran objetado ir a bailar gozosos y festejar esas diferencias y prejuicios.

            Pero a la vez dice bien de los boricuas que desde la resistencia pasiva desobedecieron un nuevo decreto claramente ofensivo, racista, que chocaba con los estilos de convivencia de nuestro pueblo.  Y como relatara el propio Tapia, fue el gobernador Pezuela el que sufrió la humillación , el que se sintió frustrado porque nadie del pueblo obedeció su ordenanza. Lo significativo de la narración es que el gobernador se topó con algo digno, con la solidaridad de los puertorriqueños de todas las clases sociales ante la injusticia, ante un intento de segregarnos. . Eso es lo que es relevante de lo narrado.

 

 

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