(San Juan, 9:00 a.m.)  Finalmente la narrativa empieza a cambiar.  La gente comienza a hablar de la independencia.  En los EE.UU., el grupo de presión puertorriqueños Unidos en Acción (PUA) que lidera Manuel Rivera, ha solicitado al presidente de los dicho país la independencia de Puerto Rico. 

Esto es un movimiento innovador en un momento donde las únicas voces que se unen son a favor de la integración de Puerto Rico a los EE.UU, por vía del Partido Nuevo Progresista (PNP); o para la administración del territorio colonial por vía del Partido Popular Democrático (PPD), Movimiento Victoria Ciudadana (MVC) y Proyecto Dignidad (PD).

Por lo tanto, hablar de la independencia de los EE.UU., y solicitarle la misma al presidente Donald Trump, suena como un asunto de ensueño.

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(San Juan. 10:00 a.m.) Cuando Carlos Días Olivo sugiere que hay una conspiración detrás de la campana de desacreditación a Alexandra Lúgaro del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC), yo me preocupo.  Me parece que en un periodismo comprometido con el mejor postor, las palabras de Días Olivo, el responsable de un proceso legal injusto e inmerecido contra Urayoan Walker y Carlos Severino por el llamado escandalo de las becas presidenciales de la UPR, tienen que ser tomadas con sospecha. La pregunta de rigor es ¿para quién trabaja Alexandra Lúgaro?

En ese contexto entra el Sindicato Puertorriqueno de los Trabajadores, que dirige Roberto Pagán. Sindicato, como todos, lucha por la cuota de sus unionados para garantizar una calidad de trabajo en las unidades laborales y un bienestar económico para estos y el cuerpo gerencial que es subvencionado por la propia unión. Entonces, bajo esto, resulta que el SPT, lleva casi dos décadas bajo la presidencia de Roberto Pagan (algo así como los alcaldes de Caguas, Bayamón, Fajardo, y Canóvanas), e incursionan en la película como un PAC criollo (Political Action Committee).

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(Madrid, 12:00 p.m.) “El financiamiento gubernamental es necesario porque los productos para la pandemia son inversiones de altísimo riesgo; el financiamiento público minimizaría los riesgos para las compañías farmacéuticas y haría que se metieran con todo”. Estas declaraciones de Bill Gates en la prestigiosa revista médica New England Journal of Medicine, que hemos citado en otras oportunidades, se completan con la indicación de que los gobiernos deben otorgar facilidades para la producción de las vacunas y comprarlas para distribuirlas en la población que las necesita. Como vemos, todo un programa para garantizar las ganancias de la industria farmacéutica multinacional en relación con la producción de una vacuna para enfrentar la pandemia.

Subsidiar a las multinacionales en lugar de invertir en vacunas

El reclamo del multimillonario Gates fue escuchado menos de dos meses después. En abril pasado, el gobierno de los Estados Unidos anunció el programa Warp Speed, que dedica 10.000 millones de dólares para financiar la investigación y producción de vacunas anticoronavirus a través de asociaciones público-privadas. Las principales multinacionales recibieron importantes subsidios; por ejemplo, la norteamericana Pfizer obtuvo 2.000 millones, y Sanofi GSK, la misma suma. Por su parte AstraZeneca, gracias a la unión con una firma estadounidense, obtuvo 1.200 millones de dólares.

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(San Juan, 9:00 a.m.) Puerto Rico vive una indiferencia total ante los problemas que se confrontan y viven en los EE.UU. La única forma que nos interesa dicho país es a partir del reclamo de fondos federales.  En ese momento, nunca nos olvidamos. Y de forma ocurrente y por temporada, cada vez que vuelven las elecciones generales en dicho país, la prensa comercial criolla alude a que el voto de los boricuas en los estados importantes por el colegio electoral, determinan quien gana. Vinculan, tontamente, el reclamo de la estadidad a concederle el voto a un partido como a otro.

Puerto Rico no existe en los EE.UU., pese a los esfuerzos de Bad Bunny de ser el mejor compositor musical que le dedica una canción  anti-Donald Trump.  Puerto Rico no existe. Es un territorio con ínfulas de ser, pero realmente hablando ni los 3.1 millones de boricuas en la isla, ni los 5 millones de personas que se reclaman como boricuas en los EE.UU. existen.  Solo existen políticos de origen boricua, como Alexandra Ocasio Cortez, y cuya vinculación a las necesidades materiales de la población inmediata los hacen americanos de facto y boricuas por deseo y voluntad.

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Ayer se corrió “El Derby”. Un clásico del deporte hípico en los EE.UU. que se celebra en el estado de Kentucky.  En el evento, la corrida principal la ganó el caballo Authentic, cabalgado por el jinete boricua John Vázquez.  La noticia del evento, la que se discutió en los EE.UU. fue el dato que el evento se llevó a cabo sin público, debido a la pandemia, pero también que afuera del hipódromo habían tres protestas con potencial de guerra civil: por un lado los seguidores del movimiento Black Lives Matter; por otro lado un contingente de más de 200 hombres y mujeres afroamericanos, vestidos de negro, y parte del movimiento NFAC (No F…g Around Coalition); y finalmente otro contingente del grupo de blancos de derecha pro cultura de ley y orden y a favor de la policía también armados, llamados los Angry Vicking Patriots.  

Pues bien, ¿cuál fue la noticia que se transmitió en Puerto Rico?  Desde Jay Fonseca hasta el GFR media, incluyendo los grupos de izquierda y partidos políticos tradicionales, minoritarios y emergentes, la noticia fue que John Vázquez ganó la carrera.  Monumental noticia que un boricua gana por tercera vez el Derby, mientras todas y todos los boricuas invisibilizan que alrededor del hipódromo hubo la posibilidad de un encuentro que daría espacio a una guerra civil en los EE.UU.  

¿Cuál es la importancia de este evento?  Sencillo, el boricua, en general no se siente parte de la historia, procesos sociales, ni urgencias politicas de los EE.UU. Nuestra relación es una de convivencia oportunista, la cual nos permite pensar en la estadidad por el dinero; pedir fondos federales por todo, sin asumir responsabilidad en nuestro bienestar; y más que nada asumir en el rol de dependencia económica nuestra subordinación perpetua por razones de  nuestra “incapacidad” estructural.

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(Madrid, 12:00 p.m.) El relato oficial dice que entre la muerte de Franco en 1975 y el fallido golpe de Estado de Tejero (23 de febrero de 1981), España sería una Arcadia idílica (de apellido Transición), en la que los líderes de la oposición al régimen de Franco y los reformistas del interior pactaron una agenda para preparar al Estado español para su anhelada entrada en Europa así como garantizar la democracia y el progreso generalizado, todo ello bajo la supervisión del rey Juan Carlos I como valedor de la balbuciente democracia. En realidad el Estado español seria un escenario distópico fruto del Tejerazo de 1.981, en el que los líderes políticos confinados en el Congreso fueron “invitados” a aceptar un acuerdo tácito por el que se declaraban intocables el status quo asociado al sistema monárquico (Juancarlismo) , al sistema político bipartidista ( implantación de las listas cerradas y de la Ley D´Hont) y a la defensa de la “unidad indisoluble de la nación española”.

El establishment del Estado español estaría formado por las élites financiera-empresarial,política, militar, jerarquía católica,universitaria y mass media del Estado español que serían los herederos naturales del legado del General Franco y que habrían fagocitado todas las esferas de decisión (según se desprende de la lectura del libro “Oligarquía financiera y poder político en España” escrito por el ex-banquero Manuel Puerto Ducet) y que veló para mantener impoluta la honorabilidad del Rey mediante la “espiral del silencio” de los medios de comunicación de masas del establishment (PRISA, Vocento, Grupo Planeta, Grupo Godó, Grupo Zeta, Editorial Prensa Ibérica, Unidad Editorial, TVE y Mediaset España).

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(San Juan, 10:00 a.m.) La propuesta para atender el problema colonial de Puerto Rico mediante una nueva asamblea constituyente, que tomó por sorpresa a los promoventes de la anexión, fue preparada de manera discreta durante por lo menos dos años y marca un rumbo posible en Washington si los demócratas logran triunfar en noviembre.

La estrategia busca revivir un proceso iniciado en Washington en 2006 para solucionar la condición política convocando una asamblea constituyente, sistema que había sido usado para resolver los casos de Filipinas y otras posesiones de Estados Unidos en el Pacífico.

Con las elecciones tan cercanas y en momentos en que en EEUU el tema de la condición política de Puerto Rico no levanta interés público, el proyecto tiene más bien la apariencia de ir calibrando la puntería para el próximo cuatrienio. Pero un disparo político en esa dirección, si fuese certero, podría resolver uno de los temas diplomáticos espinosos con América Latina y, de paso, salir del círculo vicioso de plebiscitos fallidos, convocados por los anexionistas de Puerto Rico, con resultados cuestionados y que no han sido bienvenidos por Washington.

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(San Juan, 1:00 p.m.) Resido en un país de crédulos. La gente se cree cada cuento que le hacen sus líderes políticos por más inverosímiles que sean. A veces me pregunto si el análisis, el pensamiento crítico, el poder de cuestionamiento y el raciocinio se fueron del archipiélago.

La clase política se ha convertido en una farsa. Emplean el engaño, la mentira, la desacreditación y otras malas mañas para manipular a los crédulos seguidores que son incapaces de cuestionarlos y mucho menos enfrnetarlos. Muchos son tan fanáticos, que repiten la misma mentira, sin siquiera investigar. Cuando los confrontas con la verdad te acusan de propagar noticias falsas o “fake news”.

Si militas en la misma colectividad política o crees en su ideal y cuestionas o te enfrentas al liderazgo, son capaces de fusilarte. Las turbas te recriminan, te insultan, te amenazan, te desacreditan y hasta te destruyen por no ser un zombi. Las historias son tétricas. Los fanáticos, sean de derecha o de izquierda, utilizan cualquier método disponible, legal o ilegal, para acallar a los disidentes que rechazan el engaño y exigen la verdad.

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