El fracaso de los intentos del domingo para escoger candidatos de los partidos principales -comprometidos con la permanencia del dominio de Estados Unidos- ha colocado súbitamente a Puerto Rico en el marco de los más de media docena de países caribeños con dificultades graves en sus respectivos sistemas electorales.

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El relato oficial dice que entre la muerte de Franco en 1975 y el fallido golpe de Estado de Tejero (23 de febrero de 1981), España sería una Arcadia idílica (de apellido Transición), en la que los líderes de la oposición al régimen de Franco y los reformistas del interior pactaron una agenda para preparar al Estado español para su anhelada entrada en Europa así como garantizar la democracia y el progreso generalizado, todo ello bajo la supervisión del rey Juan Carlos I como valedor de la balbuciente democracia.

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El 26 de julio tiene para los cubanos, latinoamericanos y luchadores antiimperialistas a escala global un significado especial. Se inscribe en la historia como uno de los sucesos más significativos de la segunda mitad del Siglo 20. En esa fecha del año 1953, un grupo de jóvenes opuestos a la dictadura de Fulgencio Batista Saldívar en Cuba, llevaron a cabo un ataque armado a dos cuarteles, el Moncada localizado en la ciudad de Santiago de Cuba; y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo. Su propósito era abastecerse con armas depositadas en dichos cuarteles para el desarrollo de la lucha armada iniciada por la juventud del Partido Ortodoxo encabezada por Fidel Castro Ruz. 

Los ataques fracasaron desde el punto de vista militar, independientemente décadas más tarde en su reflexión en torno a los sucesos, el propio Fidel señalara que si tuviera que volver a llevar a cabo dichas acciones, su planificación se hubiera guiado por las mismas premisas. Las acciones desataron una feroz represión de parte del gobierno la cual, por la naturaleza en que se dio, provocó hacia el gobierno el rechazo por parte de amplios sectores del país.

A partir del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, la historia resulta más conocida para nosotros. Primero, la carnicería desatada por el régimen contra los detenidos; luego, las increíbles torturas a las que fueron sometidos muchos de ellos; el juicio contra los jóvenes sobrevivientes; la defensa encabezada por Fidel Castro Ruz, la cual posteriormente sería publicada bajo el título La historia me absolverá; los casi dos años de prisión; la amnistía; el exilio en México; el inicio de la organización político militar  para retomar la lucha por vía de las armas; los preparativos para la expedición y el desarrollo de un frente urbano en las ciudades; el desembarco de combatientes trasladados hasta las costas de Cuba en el barco Granma; la derrota de Alegría de Pío; el inicio de la lucha armada con 15 sobrevivientes del desembarco y 7 fusiles; la lucha guerrillera y el frente urbano; los tres años de la guerra; la huida de Batista; y finalmente, la entrada en la Habana y el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959.  Parte de aquellos jóvenes sobrevivientes que fueron condenados a 15 años de prisión, entrarían  días más tarde victoriosos a la capital cubana, La Habana.

El Cuartel Moncada era la sede del regimiento número 1 “Antonio Maceo” en la ciudad capital provincial Santiago de Cuba. El Cuartel Moncada era considerado la segunda fortaleza principal del país ocupada por un contingente de un millar de efectivos militares. 

Desde el 10 de marzo de 1952, Fulgencio Batista, cuyo nombre de pila fue Rubén Zaldívar, fungía como Dictador en Cuba. Ya derrocada la Dictadura de Gerardo Machado en 1933 y establecido un nuevo gobierno bajo Carlos Manuel de Céspedes y Quesada se propicia un primer Golpe de Estado del cual participa Batista como parte de la llamada “Revuelta de los Sargentos”. Posteriormente  fue nombrado Coronel y Jefe del Ejército, conservó el poder real durante los gobiernos de varios presidentes entre los años 1934 a 1940. Tras ser electo presidente en 1940 y haberse aprobado bajo su mandato una Constitución, en 1944 al expirar su término, Batista pasa a vivir en Estados Unidos desde donde regresa como candidato nuevamente a la presidencia del país en las elecciones de 1952. Ante la posibilidad de resultar derrotado, Batista optó una vez más por la alternativa golpista, dejando sin efecto la Constitución y suspendiendo las libertades consagradas en ella.

Se estima que durante su Dictadura, caracterizada por la represión anti comunista, violencia contra sus oponentes, torturas, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones, cerca de 20 mil cubanos fallecieron víctimas de la represión del Estado.

Las condiciones económicas prevalecientes en Cuba se caracterizaban, entre otras, por la presencia de los grandes intereses económicos extranjeros, principalmente estadounidenses, en todos los renglones de la vida nacional y la utilización del ejército nacional de la Dictadura en la defensa de éstos. Los partidos políticos existentes en el país se encontraban en total descrédito frente al pueblo, donde las propias circunstancias creadas por la Dictadura le cerraban la puerta a toda vía genuinamente democrática. La lucha armada como método de lucha no era ajena a la tradición política cubana, habiendo desarrollado su pueblo tres guerras de independencia para un total de 18 años interrumpidos de lucha anticolonial frente a España entre 1868 y 1898; así como una férrea oposición durante el Siglo 20 durante la Dictadura de Gerardo Machado. En estas luchas, decenas de miles de cubanos regaron generosamente su sangre por la libertad e independencia.

Las condiciones que vivía Cuba al momento del desarrollo de la lucha en la Sierra Maestra era la siguiente: 700 mil personas se encontraban en edad productiva sin opciones de trabajo; 500 mil trabajadores de la caña sólo conseguían empleo durante 7 meses al año; aproximadamente el 30% de la población campesina era totalmente analfabeta; 8% de los propietarios poseían el 70% de la tierra. Las empresas de Estados Unidos en Cuba eran dueñas del 70% del terreno fértil; del 90% de los servicios públicos, minería y producción de petróleo; del 40% de la industria azucarera; donde además, las empresas norteamericanas suministraban el 80%  de las mercancías, controlaban los hoteles, casinos y el turismo, poseían en aquellos momentos una inversión aproximada en el país de $800 millones y eran dueños de gran cantidad de playas.La expectativa de vida de los cubanos llegaba a 54 años; la mortalidad infantil era de 70 por cada mil nacimientos; la mayor parte de la población rural vivía en bohíos inadecuados sin suministro de agua, alcantarillado, energía eléctrica, servicios médicos, escuelas o insumos para la agricultura. Los dueños de la tierra explotaban al trabajador agrícola mientras con sus ganancias enviaban a sus hijos a escuelas privadas y colegios en Estados Unidos. Las diferencias entre negros y mulatos frente a una población minoritaria blanca era sumamente marcada, donde los primeros vivían relegados a una posición de ciudadanos de segunda categoría, y los segundos poseían el poder económico.

Por su parte, el programa desplegado por los jóvenes encabezados por Fidel Castro, dentro de lo que tras el fracaso de los ataques a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes vino a llamarse “Movimiento 26 de julio”, fue lo suficientemente amplio y flexible como para lograr aglutinar en su apoyo a diferentes clases y sectores de clase inconformes, no sólo con la Dictadura, sino también  con las condiciones económicas, sociales y políticas existentes. A lo anterior se suma de forma destacada el sentimiento nacional forjado por el pueblo cubano, lo que desde muy temprano permitió el desarrollo de una conciencia colectiva, nacionalista y antiimperialista, sin la cual muchos sectores que posteriormente se incorporaron a la lucha, jamás lo hubieran hecho de la manera en que lo hicieron, anteponiendo los  intereses de una lucha antiimperialista a concepciones organizativas y personales. 

El acimut ideológico de esta Revolución, como dijera Fidel en su alocución durante el juicio efectuado contra los sobrevivientes del Asalto al Cuartel Moncada en 1953, fue inspirado en las enseñanzas del Apóstol de la Independencia de Cuba, José Martí.

En un mensaje ante una concurrencia de varios miles de ciudadanos reunidos en el Parque Carlos Manuel de Céspedes de la ciudad de Santiago de Cuba hace años, Raúl Castro Ruz  destacó que fue “la capacidad de resistencia y lucha de varias generaciones del noble y heroico pueblo cubano, verdadero protagonistas de… su Revolución”, lo que hizo posible el triunfo allí conmemorado. Decía en aquel discurso que ese primer día de enero de 1959 Fidel, al dirigirse a la concurrencia rebosante de alegría por la caída de la Dictadura, desde el balcón del ayuntamiento a sus espaldas, advertía que era a partir de ese momento que empezaba, en condiciones aún más difíciles, la Revolución.  Describía Fidel que la obra a iniciar la Revolución es una “empresa dura y llena de riesgos.”

Quien haya seguido las difíciles condiciones bajo las cuales el proceso revolucionario cubano ha tenido que desarrollarse no puede sino confirmar la corrección de las expresiones hechas ese día por Fidel. 

El precio pagado por el pueblo cubano en la defensa de su independencia nacional y su soberanía ha sido muy alto. Al cabo de más de medio siglo de incansables esfuerzos en la construcción de su modelo socialista, la Revolución Cubana ha enfrentado difíciles amenazas internas y externas. Aún en momentos sumamente terribles como fue el “período especial”, sobrevenido tras el colapso de la Unión Soviética y de los países europeos orientales, cuando muchos creían perdido para siempre la posibilidad del socialismo, Cuba insistió en esta opción política y económica haciendo los ajustes necesarios que permitieran que las conquistas principales de la Revolución permanecieran. 

Por eso hoy, desde la distancia de prácticamente varias décadas, la referencia a una Revolución Cubana, continúa siendo un proceso vivo y no una letra muerta. Por eso también, aún dentro de las cicatrices que como recuerdo de ese pasado económico continúan percibiéndose en la subjetividad de las actuales generaciones de cubanos, el sentimiento de este pueblo por su Revolución y sus conquistas sigue siendo, en la inmensa mayoría de sus ciudadanos, un valor apreciado, estimado e irrenunciable. Lo anterior, sin embargo, no supone que el proceso político cubano al presente, tanto como fue antes, deje de estar expuesto a situaciones que dificulten su potencial de desarrollo.

De lo anterior, la pertinencia de las palabras del ex presidente cubano Raúl Castro al recurrir a la expresiones hechas por Fidel al dirigirse al pueblo en ocasión del Primero de Mayo de 2000, las cuales recogen de alguna manera las piezas de un rompecabezas sobre el cual se inscribe la agenda de la Revolución Cubana al indicar:

“Revolución es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; “

“es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; “

“es convicción profunda de que no existe otra fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas”.

El proceso por el cual ha atravesado la Revolución Cubana no ha estado exento de dificultades, como exentos de dificultades nunca han estado el desarrollo y fortalecimiento de los procesos revolucionarios en cualquier otro lugar o tiempo. Aún así, el pueblo cubano y su Revolución persisten en resistir y avanzar en la lucha por la defensa de su independencia, soberanía nacional y socialismo.

Las organizaciones, partidos, dirigentes y militantes participantes de la Conferencia virtual Latinoamericana y de los EEUU suscribimos las siguientes definiciones políticas y nos comprometemos a impulsar las resoluciones y campañas abajo planteadas:

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