“El lenguaje no es exclusivamente un medio de expresar nuestras impresiones frente al mundo. El lenguaje es, en sí mismo, conocimiento. Y el lenguaje implica una inteligibilidad del mundo que no existe sin la comunicación. Con esto quiero decir que es imposible acceder al significado simplemente a través de la lectura de las palabras. Primero debemos leer el mundo en el que esas palabras existen. Una de las cosas que hicieron los seres humanos a medida que comenzaron a connotar la realidad a través de su acción, a medida que comenzaron a tornarse aptos para hablar sobre la realidad, fue actuar sobre la realidad.”

Paulo Freire

Por Carlos R. Alicea Negrón

(San Juan, 9:00 a.m.) Los puertorriqueños que ya creemos, exigimos,  luchamos,  modelamos la independencia nacional, por lo que es, la única salida y fin al régimen colonial, debemos hablar y leer el mundo, con claridad y precisión.

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(San Juan, 1:00 p.m.) Volvimos a la última celebración anual, la de los regalos, la del gordito caucásico no nacional, y a otro año más de estadistas corruptos saqueando a el país.  El país consume en alegría, pero se consume sin preguntar de donde sale el dinero.  Por eso es que personas asociadas al Partido Nuevo Progresista, como Félix “El Cano” Delgado, o Ángel Pérez y su esposa Lisa Fernández, están asociados a un mundo de corrupción salvaje, que no se ha detenido desde la década de 1980.

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(San Juan, 1:00 p.m.) El 22 de diciembre se cumplirá el 125 Aniversario de la
adopción de la bandera de Puerto Rico por la Sección Puerto Rico del Partido
Revolucionario Cubano. Los puertorriqueños solemos mencionar, al referirnos a
las banderas de Puerto Rico, a dos banderas: la bandera del Grito de Lares y la
bandera que hoy conocemos y a la cual nos referimos como la “bonita bandera”,
aquella que el trovador Flor Morales Ramos (Ramito) describe en su cantar
diciendo “azul, blanca y colorada y en el medio tiene una estrella”. Ambas
responden históricamente hablando al reclamo y a la lucha de nuestro pueblo
por su libertad e independencia. Tales banderas, sin embargo, aparentan no ser
las únicas que nos han representado como pueblo.

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(Montevideo, 9:00 a.m.) El triunfo de Gabriel Boric en el balotaje chileno del
pasado domingo 19 de diciembre, se constituye en un acontecimiento muy
relevante no solo en su país, sino también en toda América Latina y que, además,
trasciende el plano de lo electoral.
Varias son las lecturas que han surgido desde la primera vuelta de las
presidenciales, entre ellas, una de las más importantes a nivel nacional es el fin
del bipartidismo histórico que ha gobernado Chile desde el fin de la dictadura de
Augusto Pinochet en 1990. Por primera vez ambas coaliciones de derecha –
centroderecha y de izquierda – centroizquierda ni siquiera llegaban al balotaje. En
cambio, el Frente Amplio, con raíces en la militancia estudiantil y con el
antecedente de haber logrado una muy buena votación en los comicios de 2017; y
el Partido Republicano, fundado en 2019 por José Antonio Kast para competir en
estas elecciones, resultaron los preferidos de la ciudadanía, superando a las
tradicionales colectividades que lideraron las últimas tres décadas.
Una nueva era política amanece en Chile, con la aparición de nóveles
protagonistas políticos, nuevos partidos en el gobierno y la oposición, pero sobre
todo con una nueva Constitución que aparece en el horizonte inmediato –que
debería ser aprobada en la presidencia de Boric– y que aparentemente tendrá un
muy marcado énfasis progresista, tomando en cuenta la composición de los
integrantes de la constituyente que se encuentra elaborando la carta magna.
Otra enseñanza que nos deja la última elección chilena es la consolidación de las
fuerzas ultraderechistas en Chile y en la región, admiradoras y reivindicadoras de
regímenes despóticos totalitarios que son identificados por las violaciones a los
derechos humanos y que gobernaron fundamentalmente en las décadas del 70 y
80.
Kast no es un personaje aislado, sino que es otro caso más de un fenómeno
mundial de auge de las derechas fascistas, como lo son Bolsonaro en Brasil, Vox
en España, Zemmour y Le Pen en Francia o Trump en Estados Unidos. Colectivos
conservadores ultranacionalistas, enemigos de la nueva agenda de derechos,
pero fundamentalmente con visos racistas, machistas, homófobos y aporófobos,
que han utilizado fuertemente estrategias basadas en fakes news en sus
narrativas políticas y electorales.

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(San Juan, 9:00 a.m.) Desmond Tutu fue una pieza fundamental del proceso político y democrático de Africa del Sur. Por mucho tiempo fue el lider de la iglesia anglicana de dicho país, y lideró desde esa posición posturas contestarias a la opresión del regimen racista del apartheid.  En el 1994, le concedieron el Premio Nobel de la Paz.  Un héroe. Un patriota.

Por razones de selección de vida, viví en Africa del Sur, de forma plena de 1991 al 2006.  Viví el inicio de la transición política hacia la vida democrática.  Por razones de trabajo, participé en las reformas de la policía y del departamento de justicia, para el gobierno democrático de Nelson Mandela, primer presidente negro y africano, de dicho país.  Ahora bien, de las personas que más han influenciado mi trabajo, se encuentra Desmond Tutu.

A él lo conocí cuando copresidía la Comisión de la Verdad y Reconciliación Nacional de dicho país.  Lo conocí personalmente y como lector de su obra sobre el perdón, la verdad y la transformación de los conflictos.  Como dicen tantos, un tipo bueno y alegre.

Ahora bien, destaco un encuentro en el 1996 que sostuviera entre un grupo de excombatientes y exguerrilleros de Irlanda del Norte y él.  Como parte de mis funciones profesionales, dirigía un proyecto internacional de resocialización de antiguos luchadores de Irlanda de Norte, modelo que se copiaba del caso de Africa del Sur. En ese encuentro, con un grupo de irlandés de origen protestante, nos reunimos con Desmond Tutu en su despacho de la comisión.  El resto es mi memoria.  En particular, porque nos habló de perdonar, y en el contexto de Irlanda del Norte, luego de los conflictos superados en parte por los acuerdos de Viernes Santo de 1998, muchos de los guerrilleros y combatientes modificaron sus posturas sobre la vida y la muerte del enemigo. En algo ayudó el encuentro con Desmond Tutu.

De mi parte en Puerto Rico, llevo tiempo señalando que los vivos como los muertos, deben ser reconocidos y respetados, en particular en la lucha por resolver el estatus de la isla.  Esto incluye aquellos que murieron de ambos bandos en el periodo de 1930 al 1960, en el quehacer político del Partido Nacionalista Puertorriqueño.  Pero también, a todos los que murieron en la década de 1970, en el quehacer político de la isla.

Perdonar es algo que se dice pronto, pero que es difícil de hacer y expresar.  Por lo tanto, sirva este recuerdo a Desmond Tutu para valorar una vida, que sin lugar a dudas fue distinta, porque profundizó en arte de perdonar y logró que un país entero lo aprendiera a hacer.  ¡Viva comrade Tutu, viva! ¡Yebo!

“Trabajadores de mi patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.”

Salvador Allende, 11 de septiembre de 1973, 9:10 a.m.

(San Juan, 10:00 a.m.) En la noche del 19 de diciembre de 2021 fue proclamado ganador en las elecciones chilenas el candidato a la presidencia del país por una amplia coalición de la izquierda chilena, Boric Font. Previamente, durante la primera vuelta electoral efectuada el 21 de noviembre de 2021, con una participación del 47.3% de los electores, José Antonio Kast había obtenido un número mayor de votos con 27,91%, frente a los votos de Boric Font con 25.83%.

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(San Juan, 12:00p.m.) Recientemente el periódico El Nuevo Día publicó un artículo de  Alberto C. Medina Gil, quien es colaborador de la agrupación Boricuas Unidos en la Diáspora, titulado “El miedo de Rita Moreno a la independencia de Puerto Rico”.

En dicho artículo, Medina Gil hace referencia a una entrevista realizada recientemente a la reconocida actriz puertorriqueña Rita Moreno en la que, a una pregunta sobre sus convicciones políticas respondió: “Yo quiero la independencia de Puerto Rico, pero me da miedo porque, ¿de dónde van a obtener el dinero? Eso es lo que realmente me asusta”.

A partir de esa afirmación, Medina Gil reflexiona sobre la situación de nuestro País y llega a varias conclusiones que debemos considerar.

A diferencia de lo que afirma el autor, no creo que, “…excepto los colonialistas más reacios, prácticamente todos los boricuas coincidimos en que el estatus colonial ha retrasado –y sigue retrasando—el desarrollo económico de Puerto Rico”.

Es cierto que por más de 123 años el colonialismo no sólo ha retrasado, sino que ha impedido el desarrollo económico de Puerto Rico. El gran éxito de la dominación colonial, sobre todo en el pasado medio siglo, ha sido convertir la dependencia económica en una única e inevitable forma de vida para cientos de miles de compatriotas. La visión cuponera de la vida se ha reproducido generación tras generación. La subordinación e inferiorización se han impuesto como si fueran algo natural e inevitable.

El determinismo geográfico, histórico y social pesa como una lápida: nos han dicho incesantemente que somos pequeños, que carecemos de recursos naturales, que somos racialmente inferiores, que nuestra tierra es pobre y poca, que nuestros mares son improductivos, que somos demasiados; que no nos queda otra opción que protegernos bajo el ala de alguna mamá gallina imperial.

En las actuales circunstancias, buena parte de nuestra población no ha tenido otra opción que estirar la mano para recibir alguna variante de fondos federales –cupones, tarjeta de la familia, plan WIC, renta negativa, desempleo, FEMA, toldos azules--; o emigrar.

Contrario a lo que quisiéramos los independentistas, en medio de tanta insatisfacción generalizada por lo que hay y de tantos anhelos por mejorar las cosas, la mayoría de la población no se plantea la independencia como opción al colonialismo. Le siguen temiendo. O la ven como algo imposible. El desasosiego prevaleciente no le lleva a desear automáticamente la independencia como alternativa.

El miedo y la inseguridad han sido y siguen siendo unas de las herramientas más  importantes en el arsenal de cualquier dominador frente a cualquier dominado. Puede tratarse de un adulto frente a un niño, un hombre frente a una mujer, un joven frente a un viejo, o un  gobierno colonial frente a un pueblo dominado.

Muchos compatriotas no responsabilizan al gobierno de Estados Unidos por la situación económico-social reinante en Puerto Rico, sino a las administraciones colonial-anexionistas, los partidos políticos coloniales y sus dirigentes más connotados que no administran bien lo que los “americanos” nos dan generosamente. Contradictoriamente, para muchos los federales son ahora más importantes que antes. En lugar de ser vistos como culpables de nuestras vicisitudes, se les ve como solucionadores de las mismas. Lo mismo repartiendo dinero que arrestando alcaldes corruptos.

Eso no equivale a preferir la anexión, sino a acomodarse a ”lo mejor de los dos mundos”.

La dependencia económica ha provocado en importantes sectores de nuestro Pueblo un sentido de incapacidad-imposibilidad creciente para desarrollar una economía propia, en un Estado independiente. Mientras tanto, ese mismo pueblo ha tenido la capacidad de producir montañas de riqueza para quienes le dominan.

Es cierto que nos hemos ido despojando de muchos de los miedos que nos han sido impuestos desde la invasión de 1898, y aun desde antes. Hemos perdido el miedo a afirmar con orgullo que somos una Nación. Hemos perdido el miedo a plantar nuestra bandera—como luego del huracán María—por todo el País, e identificarla como la única nuestra. Hemos perdido el miedo a marcar una distancia definitoria entre ellos, los dominadores extranjeros, y nosotros. Hemos perdido el miedo al disponernos a luchar por nuestra cultura, en defensa del ambiente, contra la Junta de Control Fiscal, contra el anexionismo y a favor de una mejor calidad de vida. Hemos perdido el miedo a afirmar lo que somos aun en las entrañas del monstruo. Hemos perdido el miedo a emocionarnos cada vez que uno de los nuestros se distingue, nos trae medallas, premios y reconocimientos. Hemos perdido el miedo a exaltar a Don Pedro, a Filiberto, a Lolita, a Rafaelito y a Oscar como nuestros héroes nacionales. Hemos perdido el miedo a decir, “!yo soy boricua, pa’ que tú lo sepas!”.

Pero cuando se le plantea a muchas personas que afirman todo eso y más, la necesidad y la conveniencia de la independencia, con toda honestidad te harán una pregunta contundente, inevitablemente cargada de prejuicios: ¿de qué  vamos a vivir?, ¿cómo nos vamos a sostener? Y luego, indiscriminadamente, remacharán: ¿seremos como Haití, como Guatemala, como los países africanos, como Cuba, Venezuela o Nicaragua?

Suele reconocerse que contamos con todos los atributos “sociológicos” de una nación. Pero a la vez,  se piensa que no podemos ser un Estado nacional porque, a diferencia de los más de 190 países del planeta—grandes, medianos o pequeños, más  ricos o más  pobres, insulares o continentales, la mayoría de ellos antiguas colonias-- no tenemos con qué.

No tenemos que “presentar a priori un plan macroeconómico infalible”; pero debemos tener un plan. No se trata de una “obsesión desmedida con la viabilidad económica”, sino de una necesidad política irrenunciable.

Claro que nuestras acciones han de estar guiadas por principios esenciales,  por un gran sentido de justicia y que nuestras aspiraciones como pueblo deberán estar encaminadas a alcanzar la libertad total. Pero no bastan los principios, la justicia, ni el convencimiento de que tenemos la razón. Todo eso puede ser cierto, pero la condición colonial se mantendrá inalterada mientras no tengamos la fuerza que conduce al poder. Y para acumular esa fuerza necesaria es preciso que nuestro Pueblo se convenza de que existe una manera superior de organizar la sociedad, que nos saque de la crisis colonial.

Los Estados nacionales no se fundan simplemente para tener una bandera, un himno y un padre o una madre de la patria. Adquieren sentido y pertinencia –cuando son genuinamente soberanos e independientes—si con el cambio la gente vivirá mejor. Para que los servicios de salud, vivienda y educación sean eficientes. Para que haya trabajo seguro. Para que la calidad de vida sea superior. Para poder enfrentar exitosamente la violencia y la criminalidad. Para que el transporte funcione y las actividades culturales, deportivas y recreativas formen parte usual de sus vidas. Para poder satisfacer sus necesidades básicas de consumo. Para que haya un eficiente servicio de electricidad y de acueductos. Para que la basura se recoja y no haya boquetes en las carreteras. En fin…

Esa es la patria material, la patria concreta, la que para cualquier ciudadano o ciudadana adquiere un sentido fundamental en su vida cotidiana, más allá de las demás consideraciones.

Cuando el movimiento independentista sea capaz de demostrar que se puede organizar en libertad una sociedad en la que la prestación de esos y otros tantos servicios puede ocurrir de manera superior, con nuestros propios esfuerzos, capacidad de trabajo e inteligencia, a la vez que ofrece una visión ética, moral y patriótica superior, ese día nuestro Pueblo irá perdiendo definitivamente ese singular miedo y concebirá la independencia como una posibilidad verdadera y confiable.  

Resulta indispensable que en la propuesta que hagamos los y las independentistas a nuestro Pueblo haya, al menos una idea general de nuestra concepción de la industria, el comercio, la agricultura y las actividades productivas en el Puerto Rico independiente. De forma tal que podamos mostrar ejemplos indiscutibles de cómo podremos superar el gran prejuicio de la imposibilidad material de la independencia, que ha sido una de sus herramientas más  efectivas del colonialismo a través del tiempo.

La única manera de combatir el miedo de alguien como Rita Moreno --que mientras tanto afirma sin miedo tantas otras cosas-- y de muchas otras personas que piensan como ella, es ofreciendo una respuesta razonable, sensata y viable a su pregunta: “?de donde van a obtener el dinero?” Es decir,  de dónde saldrá la riqueza material que nos permita edificar una sociedad próspera y feliz. Entonces el proceso descolonizador, sostenido en una autoestima colectiva indetenible, nos llevará a la victoria.

Mientras el movimiento independentista no ofrezca una propuesta económica y material –-tan general o específica como queramos o podamos --que permita en gran parte de nuestro Pueblo concebir al Puerto Rico solvente, soberano y próspero al que aspiramos, prevalecerán la incógnita, la incredulidad y la incertidumbre.

Y, peor aún, por más deteriorada que esté la colonia,  prevalecerá el miedo a la independencia.

(San Juan, 9:00 a.m.) Se acabó el relajo. Toda persona acusada de corrupción y hallada convicta debe pagar su descaro, con cárcel del por vida.  En otras palabras, no con penas de seis meses de cárcel ni pre acuerdos de cinco años.  Simplemente con toda su vida en un confinamiento de “rehabilitación”.

En una columna firmada por Benjamín Torres Garay, en el diario El Nuevo Día, en el día de ayer, se nos informó que el Lcdo. Santamaría, el hoy convicto corrupto y  propietario de Waster Collection, tenía contratos ascendentes a $143 millones de dólares con casi todos los municipios de la isla. Contratos comprados por vía de la corrupción.  Dicho esto, entonces, ¿Se legitima su accionar con el cumplimiento de cinco años de cárcel, si con el dinero por él recibido o por él pagado, los estudiantes de la UPR, por lo pronto Rio Piedras pudieron haber ido a la universidad de forma gratuita?

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