alt(San Juan, 1:00 p.m.) La igualdad y la equidad son dos términos relacionados pero con algunas diferencias. Ambos conceptos implican aplicar a todas las personas igual trato ante las leyes. Bajo el principio de igualdad se debe tratar a todos los ciudadanos del mismo modo, sin importar género raza, posición social, identidad de género, o cualquier otra característica o cualidad. Bajo el principio de equidad se tiene la capacidad de ser justos o de impartir justicia partiendo de la igualdad pero considerando las necesidades individuales sin comprometer el sentido de imparcialidad.

La realidad es que son conceptos ideales pero en la aplicación, van a depender mucho del crisol del lente de quien observa y los aplica. Son términos que todos decimos entender, pero nunca se aplican de igual forma. Una de las formas más abiertas de tratos desiguales son aquellas conductas o acciones que se llevan a cabo basados en el color de la piel o en el género de la persona.

Cuando se redactó la constitución de Estados Unidos por los llamados padres fundadores, se incluyó el principio de que “todos los hombre son creados iguales, y que tienen derechos inalienables como el derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. En Puerto Rico, se amplió más el concepto para incluir en nuestra carta de derechos “la dignidad del ser humano es inviolable; todos los hombres son iguales ante la Ley; no podrá establecerse discrimen alguno por motivo de raza, color, sexo, nacimiento, origen o condición social, ni ideas políticas o religiosas.”

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) Hay dos varas. No siempre las han habido, pero las ha habido. Hoy Alexandra Lúgaro está siendo evaluada por una de las dos varas. Es curioso, pero ante el cumulo de información recibida, a partir de una acción legal de la señora Virginia Hernández, de origen dominicano, en contra de América Aponte & Associates Corp., en el 2015, todo el mundo asume una posición a favor o en contra de ella. La pregunta no es si estamos a favor o en contra, sino cual es la consecuencia de los actos de las personas, en el contexto de la lucha contra el racismo en Puerto Rico.

Es problema es que el trato que le han dado a Lúgaro, sobre todo en contexto del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC), se impone una lógica que es la de linchamiento al hombre negro, y una aceptación tacita a favor de la mujer blanca [y de paso al hombre blanco]. Mientras, que cuando se alegó que Néstor Duprey, por parte de su esposa, Raquel M. Quiñones, de que él había cometido maltrato emocional en su contra, se le sacó del partido.

Ahora bien, en el caso de Duprey, éste renuncia o lo despiden de MVC. Es decir, es el hombre linchado, que es despedido, despreciado, y marginado por la colectividad política.

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) La explosión social que ha surgido a partir de la muerte de George Floyd el pasado lunes 25 de mayo de 2020. A partir de ahí el pueblo americano se tiró a las calles, mientras sus gobernantes tuvieron una serie de reacciones acertadas y desacertadas para controlar la crisis social. Luego de la experiencia en los EE.UU. a nivel global se ha ido componiendo una respuesta masificada en la cual los pueblos de muchos países se han tirado a la calle a protestar contra sus fuerzas policiacas y sus gobierno. El mundo, como diría el cantante boricua Roy Brown, "está en llamas". El concepto de la igualdad racial u otra entre las personas, está hoy en entredicho.

La lectura de lo que pasa a nivel global nos invita a pensar los puntos en común: por un lado, el hastío de vastos sectores poblacionales a nivel global con las prácticas culturales y sistémicas de racismo y xenofobia. De otro lado, el repudio social marcado y manifiesto de las poblaciones contra los abusos de poder ejercidos por las fuerzas de seguridad de los países. Finalmente, un rechazo total a la figura del presidente de los EE.UU., Donald Trump, quien ha polarizado a todo el planeta, en acciones irracionales que llevan a la gente a protestar no contra el gobierno de los EE.UU., sino contra al presidente de dicho país.

Hoy lo que más nos preocupa, es el silencio de muchos sectores de Puerto Rico que pretendiendo no haber visto nada, no escuchado nada, y no entendido nada, prefieren no comentar.

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alt(Washington, 11:00 a.m.) Ante lo que muchos, dentro y fuera de Usamérica (USA), han descrito como una implosión imperial, desatada por el asesinato de George Floyd (1974-2020) el 25 de mayo en Minneapolis, pero gestada a partir de la década de 1970 y sobre todo de la década de Ronald Reagan, 1980; ante esa hecatombe neoliberal que tanto ha empobrecido a la clase media trabajadora usamericana, sobresalen dos narrativas en el espacio público del país de Howard Zinn.

Por un lado, frente a la indignación genuina de la gente, que no aguanta más —¡han sido muchos!— otro asesinato racista del cuerpo policiaco del país, exacerbado en su blanquedad a partir del triunfo de Obama (2009-17), núcleo de este último brote racista que florece con la muerte de Floyd; ante la irrupción pública de esa indignación en las calles de tantas y tantas ciudades que expresaron su humillación, el ajusticiamiento de los policías homicidas no se hace esperar.

De una manera peligrosa para el neofascismo trumpista, el 31 de mayo la policía del país le rinde tributo a un enemigo de Trump; el jugador de fútbol americano Colin Kaepernick, quien durante la temporada de 2016 patentizó la postura desafiante —por lo que quedó desempleado— de arrodillarse durante el himno nacional para criticar la brutalidad y el racismo policíacos que Trump emblematiza y que la propia policía ha materializado desde antes de Trump. ¡Mea culpa! Parece claro que el 1% tiene miedo.

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alt“El racismo, la discriminación racial y la xenofobia constituyen un fenómeno social, cultural y político, no un instinto natural de los seres humanos; son hijos directos de las guerras, las conquistas militares, la esclavización y la explotación individual o colectiva.” Fidel Castro Ruz

(San Juan, 9:00 a.m.) En la nación boricua, las estructuras que promueven la ideología de la supremacía blanca y su herramienta de opresión, el racismo, están indisolublemente ligadas al imperialismo y al colonialismo-capitalista. Es entonces fundamental e imprescindible que la lucha para derrocar este andamiaje de violencia institucional basado en la jerarquía racial supremacista blanca sea: anti-colonial, anti-capitalista y anti imperialista. Esta es la única manera que nos permitirá alcanzar una nación digna, justa para todas y todos.

La violencia racista en nuestra nación es el resultado de la imposición de un régimen imperialista-colonialista, primero español y luego, el que enfrentamos hoy, bajo el régimen dictatorial estadounidense.

Dentro de la violenta historia de colonización, de apropiación del territorio nacional de Puerto Rico, los españoles, en su agenda de destrucción, establecieron una estructura donde la supremacía blanca era y fue fundamental para justificar y legitimar el derecho de la “raza” superior a robar las tierras a las que había llegado por accidente, y justificar el genocidio cometido contra los nacionales indígenas y la esclavización de las naciones que vivían en lo que hoy se llama América.

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alt(Santo Domingo, 10:00 a.m.) George Floyd no respira. Las imágenes son contundentes. Un asesino ataviado formalmente con uniforme policial aplica violentamente un estrangulamiento a una persona que está inmovilizada en el piso. La víctima reclama que no puede tomar oxígeno, el victimario no presta atención. El resultado es inminente: la muerte.

Confieso que la primera vez que vi el informe de la muerte de este hombre no me sorprendió, tuve esa extraña sensación de deja vu, de estar viendo una noticia vieja, de creer que ya lo había visto. Luego me di cuenta que no, que se trataba de otro hombre negro asesinado, algo que lamentablemente ha sido habitual por parte de la policía de los Estados Unidos a lo largo de la historia.

A partir del condenable homicidio se desató la reacción ciudadana y la condena mundial. Las movilizaciones en el país norteamericano no han dejado de suceder y el rechazo del mundo entero se hace sentir en cada rincón del planeta. Nos horrorizamos ante el crimen que sufrió George Floyd, y también del que padecieron –y siguen padeciendo– innumerables personas que no forman parte de la élite blanca de la sociedad estadounidense. Y ahí, en ese punto, es que aflora nuestra hipocresía racial, porque en América Latina no estamos libres del pecado.

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alt(San Juan, 10:00 a.m.) Las personas más conocidas, qué impulsan la revocación de los casos insulares, para convertir a Puerto Rico, de iure, un territorio incorporado, en vías a ser estado son el Juez Gelpí del Tribunal de Distrito Federal de Puerto Rico, el Juez Torruellas del tribunal del Primer Circuito de Boston; y últimamente, mi apreciado amigo, el Dr. Vázquez Quintana, a quien la revista digital 80-grados, le acaba de publicar su argumentación de porque, según él, y otros, sostienen que los casos insulares son inconstitucionales y deben ser revocados.

Ellos y los que como ellos así piensan, han escrito los fundamentos jurídicos en que ellos se basan para que se revoquen los casos insulares, y, sin así decirlo, conseguir la estadidad, por fiat judicial.

Podemos resumir sus argumentos, en la siguiente forma, como lo ha hecho el gran galeno, gran amigo, y mejor ser humano, Dr. Vázquez Quintana.

Ellos empiezan su argumentación, tomando como base, el alcance y aplicación, que tenía la constitución de los Estados Unidos, que el mismo Tribunal Supremo de los Estados Unidos. El Juez ponente juez ponente fue John Marshall Se refieren al caso resuelto en el 1820, Loughborough v Blake donde se decidió que la Constitución norteamericana se aplicaba a todo Estados Unidos, incluyendo el Distrito de Columbia y los territorios.

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) Los casos, bautizados, insulares, desde el primer caso de Downes v Bidwell, resuelto por una mayoría de 5 a 4 del Tribunal Supremo de los EU, adopta, una nueva categoría del poder imperial norteamericana, al que ya ejercía, de expandirse hacia el oeste, cuando tomaban territorios para convertirlos, eventualmente en estados.

Antes de Bidwell, Estados Unidos no se había abrogado el poder imperial de ocupar territorios para convertirlos en colonias, es decir en territorios no incorporados. No existía ni precedente judicial ni de otro tipo que le concediera tal poder.

Un abogado de la universidad de Harvard, se inventa la teoría, sin mucha enjundia jurídica, de nombre Abbott Lawrence, y la pública en la revista Harvard Law Review donde introduce la nueva opción del territorio no incorporado, es decir poder de adquirir territorios para ser explotados como colonias. Otros teóricos del derecho sostenían que ese poder no lo tenía EU bajo su constitución.

En el caso de Downes v. Bidwell, en el 1901, el Juez Henry Brown, y 4 jueces adicionales del Tribunal Supremo de EU, conforman una mayoría, y basándose en la teoría expuesta por Abbott Lawrence, establecen la justificación, o basamento legal, para justificar que el imperio norteamericano, declare guerras, o adquiera territorios para explotarlas como colonias.

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