altPetra era esa prima lejana de mi padre que nos visitaba de vez en cuando, en una de sus pocas visitas y en sábado yo llegaba a mi casa después de tanto jugar con mis amigos y ahí estaba Petra, mujer de piel de caoba, cabello negro como el azabache, ojos grandes y expresivos y con sus gigantescos brazos abiertos esperando para abrazarme.

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altEstoy paseando, con mi amigo Apiano, el Parque del Retiro, en Madrid y ya, en el Estanque Grande, frente al monumento al rey “Pacificador” Alfonso doce, cuyo caballo tiene menos huevos que el Caballo de Esparteros, vemos chinos y chinas que te ofrecen servicios de masaje con “Tiger Balm” Bálsamo de Tigre; otras cuantas mujeres te echan las cartas ofreciéndote un plan sexual; otros, señores o mujeres de otros puestos, te ofrecen pipas, aceitunas chicles y caramelos y, otros, “Chochos frescos”, altramuces.

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altHay cosas que si se dan por separado los resultados no son satisfactorios. La clase de física nos puede gustar, pero sin conocer de matemáticas la solución no se halla. Así pasa con alguien a quien le reconocemos por ser brillante, pero a la hora del voto, votamos por el o la candidata del partido de siempre.

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altEra el 12 de mayo de 1898. Aunque los rumores, chismes y comentarios sobre la guerra corrían por toda la isla, Felipe Antonio no les prestaba completa atención. Se acostó esa noche muy temprano, pero no logró tomar el sueño hasta muy tarde.

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