A mis estudiantes

Los primeros años de mi vida era mi abuela quien me criaba pues mis padres y mi abuelo trabajaban. De ella aprendí que el temor de Dios era el principio de la convivencia en armonía con los seres humanos que me rodeaban. Amarás a tu prójimo, no mentirás, no robarás, el resto de los mandamientos y las parábolas y sermones de Cristo, por no dejar de mencionar los salmos y los proverbios que eran su prédica de mujer sabia. Cuando tenía nueve años mis padres se mudaron lejos de mis abuelos y yo recuerdo que los extrañaba y lloraba cuando los domingos nos devolvían del paseo por la costa playera de Cataño después de ir a la iglesia.

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Me preocupa que en la prensa no se esté ofreciendo información vital sobre los delincuentes y criminales, particularmente sobre los más jóvenes. Tal vez intervengan en esto las instituciones judiciales y policiacas. En el caso del reciente secuestro  en el Restaurante El Hipopótamo de Río Piedras no aparecen detalles relevantes sobre  uno de los acusados, Geofley Jomar Pérez, ni cuáles fueron sus antecedentes penales. Solo se sabe que su edad es 24 o 25 años y que proviene de un caserío, lo que se considera una zona de la periferia social, económica y educativa.

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Los colores suelen utilizarse en la literatura para describir personajes, objetos, lugares, estaciones del año, estados anímicos; pero, básicamente es en el arte, donde más perspectiva tienen, porque no podría haber expresión artística sin color. En un curso de simbología, Nadia estudió a Juan Eduardo Cirlot y su Diccionario de símbolos, que sigue siendo una de sus biblias. Allí descubrió que hay colores cálidos como el rojo, anaranjado, amarillo y el blanco. También están los llamados fríos que incluyen el azul, añil, violeta y el negro. Es decir, según Cirlot, los colores cálidos corresponden a procesos de actividad e intensidad. Por su parte, los fríos significan pasividad y debilidad.

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Ercalú Notovsky era un experto en planificación urbana computadorizada y tenía a su cargo, muy merecidamente, la encomienda de diseñar la destrucción de las antiguas zonas residenciales, ya obsoletas por el exceso poblacional, así como de la construcción de los nuevos complejos de vivienda horizontal y carreteras multipisos que prometían resolver un poco el desmesurado hacinamiento citadino.

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Yunior García QEPD era el líder de una supuesta protesta que nunca llegó a ser protesta. Ahora que cogió la juyilanga espera cobrarle la faena al gobierno gringo.

Se fue para España con su esposa sin que nadie en Cuba se lo impidiera. “Me quebré, quizás no estaba preparado para eso", afirmó desde una casa que le brindaron en España (¿pagada por quién, por el gobierno gringo?).

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Pasó frente a mí como un celaje, una saeta difusa, una sombra sin contornos. Paseaba a mis perros, quienes no se percataron del inusitado transeúnte matutino. La gente comenzó a gritar: “Es un monstro… ¡Corran, llegaron los extraterrestres!... ¡El diablo anda suelto!”. Pero, nada más lejos de la realidad: era un mono, un orangután, un gorila o un chimpancé, en fin, y para no fallar en la clasificación debido a mis pocas dotes taxonómicas, un primate. Me desconcertó pensar en la posibilidad de que un monito anduviera suelto por los predios de Santurce.

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Hay instantes en los que reniego de la existencia de Dios, y siento rabia, de saber que se va en el largo viaje gente buena, joven, trabajadora, que solo buscaban cómo llevar el pan a sus hogares. Entonces pienso en tantas personas malas, llenas de envidia, que hacen daño y pululan por la vida con la cabeza erguida. Son seres despiadados, lobos hambrientos y egocéntricos disfrazados de mansos corderos.

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El 25 de julio de 2021, se celebró, como todos los años, el Día de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Ese día quise pasar por Río Piedras para recordar mis años universitarios en la IUPI. Resulta triste y vergonzoso el grado de deterioro en que se encuentra la ciudad universitaria. Rodeada de edificios abandonados que, en los ochenta, vibraban con luz propia. Al pasar por la Iglesia del Pilar, vi seis adictos sentados en un banco, entre ellos una mujer inyectándose heroína, en una vena. Desde el asiento del pasajero mis ojos recorrían lo que una vez fue un Paseo de Diego repleto de gente. Era preciso ver a diario como las tiendas se llenaban en Plaza de Diego Mall, un pequeño centro comercial, que cumplía con todas las expectativas de los que vivíamos en Río Piedras. Allí trabajé en Fish and Chips un fast food al que acudía gente a comer la famosa caja de mero y papas fritas, muy al estilo británico. Visitar la Plaza del Mercado para degustar una rica batida era un ritual diario. Allí había un vendedor de lotería, al que le compraba números, que nunca se pegaron. También amaba ir los sábados al puesto de flores naturales para comprar jazmines.

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