Cómo escapar de una camisa de fuerza paso a pasoLa reciente adición de Estatus territorial como alternativa en el plebiscito no puede ser un disuasivo para que amplios sectores del pueblo elijan no salir a votar. Esto es, indiscutiblemente, lo que la metrópolis desea: el inmovilismo. El inmovilismo que por años ha funcionado como el agente encogedor o empequeñecedor de voces importantes. Si nos quedamos en casa es porque estamos a salvo dentro de esa camisa de fuerza. Pero esta es una posición con doble filo: o baja del cielo un milagro que nos la quite de encima (pero la gente sin esperanza es fácil de manipular), o se vacía su interior (la isla) poquito a poquito, suave, suavecito.

Mi abuela siempre me enseñó que hablar, comunicar y pedir lo que necesitaba era mucho mejor que encerrarme en el cuarto, callar y pretender que los demás tuvieran una bola mágica de esas que enseñan el futuro

Hay que salir a votar sin miedo ante la aparición de fórmulas encantadoras. Hay que salir a votar sin berrinches, porque en la tranquilidad de sus cuatro paredes no pasa nada.

altLos acontecimientos de estos días, nos han llevado a despotricar contra la corrupción gubernamental de maneras originales, creativas y sobre todo uniéndonos por encima de los vetustos y coge bobos partidos políticos, “boys clubs” del degenerado patriarcado.

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alt[Nota editorial: Este poema va dedicado, según nos informa el autor, a Doña Consuelo Lee y Juan Antonio Corretjer. Por el valor sentimental y patriótico lo compartimos con la audiencia].

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altYo lo veía fajao, en la cafetería, contestando el largo examen que la misi de la clase de español nos había dado para llevar. La educación debería ser como en Finlandia sin notas. Me pregunto si contarán la asistencia para aprobar las materias… Me propuse seducir al nerdo. Le haría un show de niña sufrida, pero sexy.

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