Dom03262017

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Justicia Social

Puerto Rico se reafirma en la justicia social

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Recientemente escuchaba a Carlos Gallisá referirse a comunidades especiales como el más grande proyecto de justicia social implantado en Puerto Rico. Ciertamente, el proyecto de Comunidades Especiales que tan exitoso fue en el Municipio de San Juan del 1997 al 2001, se convirtió en el proyecto de país de la primera mujer Gobernadora de Puerto Rico. El mismo estaba basado en tres principios fundamentales: el principio de autogestión y apoderamiento comunitario donde el residente se convierte en el eje central de la planificación y desarrollo; la alianza entre las comunidades, los sectores públicos y el sector empresarial asumiendo las diversas responsabilidades y el enfoque integral al problema de la pobreza que descansa en el convencimiento de que hay que atacarla desde todos los frentes.

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Recordando a Ivan Illich, un ‘hermano’ casi olvidado

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A una década de su muerte, en Puerto Rico Ivan Illich parece ser meramente el nombre de una sala-aula en un espacio de encuentro, debate de ideas y creación artística del Viejo San Juan. Si bien es loable que se le recuerde y se nombre un espacio ‘alternativo’, es duro ver que más allá de ello, Illich parecería ser otro ser olvidado en nuestra ‘memoria rota’ como muy bien la llamó Arcadio Díaz Quiñonez. Salvo una élite de artistas-empresarios con discursos radicales pero que bien podrían terminar abonando al gentrification de barrios subproletarios y la ciudad, el recuerdo de Illich y su crucial trabajo crítico – tan necesario hoy en día – se muere de nada en este territorio-país que tanto amó.

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¿Legalizar o descriminalizar la drogas?

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El debate global ha cambiado – se habla poco de medicalizar las drogas. Por el contrario, el debate global cada vez más apunta a una solución sencilla: se legalizan las drogas y punto. A vivir en una nueva era con drogas legalizadas. Esto le quitaría el 90% del peso que conlleva una droga ilegal ahora mismo, cuyo valor se determina por su coste de distribución y no por el de producción (menos de un 10% de su valor de venta en la calle). Lo ilegal, las pugnas de control de los distintos carteles de ventas de drogas, como a su vez la represión del estado, es lo que determina el valor de la droga en la calle. Se eliminan estos aspectos, se administra el producto como se administra el alcohol y muchos problemas deben resolverse. Se aclara, que se resolverán algunos problemas y surgirán otros problemas.

Desde Guatemala por vía de la posición adoptada por la mayoría de los estados que asistieron a la VI Cumbre de las Américas, así como por la posición que se discute hoy en países de Europa como Portugal y España, la legalización está cogiendo vuelo. Una vez se legalice, se descriminaliza todo un accionar por parte del estado de perseguir esta industria. La legalización debe llevar a administrar distinto el problema. Se podría regular el mismo de forma administrativa, y así exigir permisos y otras licencias para su manufactura como para su distribución.

Ahora bien, esto no resuelve todos los problemas. Esencialmente se piensa que legalizarla resuelve los problemas asociados a la violencia que acarea la distribución de la droga. Por otro lado, con las poblaciones droga-dependientes, aún no sabemos que pasará. Aún ni nos cuestionamos cual sería el efecto del cambio cultural en esta conversación. ¿Estamos preparados para ver legalizado el principal problema social de los pasados 40 años?

Me parece que abrir la conversación a la legalización de todas las drogas, es un cambio de paradigma muy fuerte. Independientemente del efecto-choque, es importante transitar por la discusión y ver cual es su resultado. Digo esto, pues la cultura de violencia y represión que estamos viviendo no es conveniente para nadie.