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Trump nombra a juez conservador, Gorsuch, al Tribunal Supremo

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) ¿Cómo decidirá? Después de una agitada semana en la cual la presidencia del Donald Trump se estremeció por la oposición popular a su orden de Inmigración, su confrontación con Méjico sobre la muralla, y el repudio de su apoyo público de la tortura, la designación de Neil Gorsuch para el Tribunal Supremo constituye un relativo remanso de normalidad dentro del campo republicano.

La preparación académica y profesional de Gorsuch es excepcional. Se graduó de bachillerato en la prestigiosa universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York, obtuvo su título de derecho de Harvard, y ostenta un doctorado en filosofía del derecho de Oxford en Inglaterra. Gorsuch también se desempeñó como oficial jurídico en el propio Tribunal Supremo de los jueces Byron White y Anthony Kennedy, goza de experiencia en la práctica privada, y ha sido juez del Tribunal de Apelaciones para el Décimo Circuito por los últimos 20 años. Cuando el Presidente George Bush lo nombró para ser juez federal en el Décimo Circuito, fue aprobado con el voto unánime de ambos partidos, tanto Demócrata y Republicano, un respaldo poco usual en estos tiempos tan politizados.

Gorsuch, seamos claro, exhibe una clara trayectoria jurídica conservadora, muy a tono con la filosofía jurídica del Juez Antoni Scalia, el elocuente juez conservador quién falleció el año pasado y a quien viene a reemplazar. La filosofía conservadora se caracteriza por la defensa férrea del individuo contra el estado, la protección de la libertad religiosa, la limitación de la función reguladora del estado, y una visión originalista de la Constitución, que se reniega a añadir derechos fundamentales desconocidos al momento de la fundación de la nación estadounidense. Los conservadores se gustan describirse como árbitros del béisbol, que cantan bolas y strikes, en vez de cuartos bates que buscan el jonrón judicial. En su decisión más famosa, por ejemplo, el juez falló a favor, a base de la libertad religiosa, de una corporación familiar que se rehusaba cumplir con el mandato del Affordable Care Act (Obamacare) que requería que una corporación ofreciera a sus empleados la opción de contraceptivos. La decisión del Juez fue endosada por el Tribunal Supremo en Hobby Lobby Stores v. Sebelius (2014).

No obstante sus lustrosas credenciales, el nombramiento de Gorsuch no va a estar libre de controversia, pues una de las principales cuestiones en el aire es si viene con la encomienda de revocar los casos del Tribunal Supremo que reconocieron el derecho fundamental al aborto y permitieron el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Hasta ahora, Gorsuch no ha tenido oportunidad como juez de pronunciarse sobre dichas cuestiones jurídicas, así que formalmente no se puede predecir sus decisiones futuras. Pero dado su filosofía conservadora y su presunta afinidad con los fines políticos del Partido Republicano es de esperarse que sus decisiones socaven, sino revoquen, dichos derechos adquiridos al presente.

En cuanto Gorsuch, sin embargo, está llenando una vacante de un juez conservador, su selección no sacude el balance del poder del Tribunal Supremo, y en ese sentido su nombramiento está dentro la órbita política actual. Diferente será la situación cuando ocurra la próxima vacante si, por ejemplo, es la de la Jueza liberal Ruth Bader Ginsburg, la juez de 83 años, la de más antigüedad en el Tribunal. Ese futuro nombramiento sí pudiera afectar los logros de un siglo de derechos humanos en el Tribunal Supremo. Veremos.