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¿Sabe a dictadura hoy en Puerto Rico?

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alt(San Juan, 1:00 p.m.) Voy a escribir a Puerto Rico, sin acento. Esa primera ráfaga de contemplaciones me surge luego de sentirme inmerso en una práctica de dictadura; una dictadura mansa, sin chillidos, articulada sigilosamente en una continuidad capaz de convencer al mismísimo San Francisco de Asís, que según se cuenta, tenía lenguaje propio con las aves y los animales en su entorno. Tan así se ensaya esta dictadura adormecida, bonachona, de fe cristiana y gran montaje que pareciera somos caminantes de una democracia sin par, donde todos ganamos, todos somos bendecidos por seres ‘’superiores’’-entiéndase gobierno, los federales, y otros artefactos-y que hay que sentirnos protegidos, y de pronto, hay que ser leales, pues es mansedumbre al espíritu la lealtad.

Miro en esta nueva ráfaga a los medios de comunicación adheridos al discurso del gobierno-inclúyase otra vez la lealtad casi de rodillas-las entrevistas guasonas a uno que otro miembro del gabinete de gobierno nos lucen como una metrópolis de bienandanza e igualdad. Así no puede faltar la comedia en acto único de los analistas políticos, en la radio, adjudicando quimeras o aciertos. Pero en esta dictadura que sabe muy bien a paraíso, recordando al maestro Luis Rafael Sánchez, los analistas tienen ambrosía y combaten el tedio dominando un buen fragmento de los programas de televisión.

“Ellos” dicen cómo debe ser Puerto Rico, y qué es Puerto Rico, o cómo sería si ellos no estuvieran. A eso, esta dictadura apacible y con sueño americano va convirtiendo a dosis de somníferos a la ciudadanía a un delicioso “’copy and paste’’ de la vida norteamericana, con leyes, estatutos, en fin, cualquier ventosidad de Estados Unidos, es recibida aquí como un susurro del altísimo para bendecirnos ¡Bendito! y entonces, aquellos que creemos, al buen decir de José Saramago que nos recuerda; “Es hora de aullar, porque si nos dejamos llevar por los poderes que nos gobiernan, y no hacemos nada por contrarrestarlos, se puede decir que nos merecemos lo que tenemos. Cuanto más te disfraces, más te parecerás a ti mismo.” Nos tildan de revoltosos, criminales, insanos, proscritos, pequeños anticristos que solo desean la norma del caos. Protestar es un crimen de acuerdo a la nueva marea de esta sutilísima dictadura, pero no, no pasa nada, se nos ha garantizado nuestro derecho a la libre expresión siempre y cuando sea en una esquina y con lenguaje de señas. Combativo es sinónimo de subversivo, gritar es comparsa de títeres, y luchar es rebeldía. ¿Ven la vigencia que tiene el poema de José de Diego “En la brecha’’?

Pero en esta dictadura que vende vasos en colores, a lo Marvin Santiago, no puede faltar el concubinato primero y postrero de la religión y el gobierno. Ahora en tiempos modernos se ayuna en plaza de mármol, se habla de Dios como firma y parapeto de represión y sometimiento, se habla de iglesias y escuelas, -otro ensayo dictatorial-con beneficios marginales, y aire acondicionado exento de contribuciones en los templos. ¿Qué es esto? ¿Acaso, las lujosas iglesias que supuestamente disemina Dios, exigen compromiso político? ¿Es Dios lacayo del partido de gobierno? ¿Es amante Dios de bailar el bolero de los millones y el poder? ¿Le gusta a Cristo almorzar a 1,000 dólares el cubierto con empresarios y candidatos como legítima razón de su dominio? Pero vamos, que las dictaduras modernas, ese “Dios” se hace norma y rumbo del gobierno, la dictadura es Dios mismo y su corte de arcángeles ungiendo a nuestros ‘’líderes’’ para que salven el país, y el mundo se compone de EU y Puerto Rico, como patio trasero en la salida de todas las divinidades del gobierno americano.

Y aquí tenemos a la más democrática, la Junta de Control Fiscal, una especie de ‘’redentor’’ que está con el pueblo, con la universidad, con cada ciudadano indefenso; dictadura azarosa que nos refresca con sus decisiones y el “no robes más’’ aleccionándonos a manejar bien nuestras finanzas, y echar hacia adelante bajo el mosaico de miles de víctimas que pagamos su sueldo, su comodidad, y sus mesadas. ¿No es dictadura?

De modo que comunicaciones, gobierno, iglesias, hacen una sombrilla oscura y preciosa para el sumiso, el que ya se rindió, el que nunca ha estado, y dejando, a esa “inmensa minoría’’ luchar un Puerto Rico para el futuro. Pero olvidaba que en una dictadura, oronda y vivaracha como la nuestra, la cultura del carro, los bienes de lujo, el follón de las apariencias, la contentura de Dios porque eres rico, próspero, pagas diezmo y estás con el gobierno, la conveniencia y glamour, son parte del rito de las conciencias vacías.

Y en el paredón de fusilamiento, sin una sola bala disparada, nos están aniquilando.