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Ante el proyecto de represión del estado, ¿debemos filosofar?

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(San Juan, 1:00 p.m.) Resulta que todo me va llevando a una orilla hace mucho tiempo abandonada, donde, como sucede con los días, los vestigios largamente pensados se amparan en una nueva interpretación-o contra-interpretación diría Matos Paoli-donde incauto decodifico el nuevo pensamiento puertorriqueño. ¿Atrevido? Es posible, pero no he dejado de pensar, de irme apalabrado con la memoria, y en son equilibrado (des)apalabrarme ante este Nuevo “Ensayo de la ceguera” que nos sigue desbordando vida y cotidianidad. Somos malos ciegos, ciegos intimidados, deslucidos, analfabetos, quizá imantados por un orden, en supuesto estado de gracia.

Y me tiro a la costumbre de las viejas lecturas, que son esa orilla mencionada del sosiego; ese amanecer que guardado invita a un gran verano. Charles Louis de Secondat, Señor de la Brède o Barón de Montesquieu, me parece tan cercano ahora, con el mismo oído de un vecino. Pareciera que, bajo un mar disecado y noble, nos encontráramos en un diálogo robusto y uniforme. Repaso entonces, “De l'Esprit des Loix” (El espíritu de las leyes) publicado en forma anónima en 1748 y rápidamente elevado a gran influencia, con el mismo efecto de la brújula o la Ley de gravedad. Repaso a Montesquieu, sin mirar apenas donde me quedé zarpado en preguntas; su actualidad me sorprende, me naufraga, me delira, después, llega el replanteamineto y de aquí esta brevedad-lejos de Séneca claro está-de la “vida política y legislativa’’ en la cual se vale regirse, ajustarse, y de la cual me atrevo a escribir. Pues bien, sabemos que “El espíritu de las leyes” recrea el modelo político inglés –tomado, a su vez, de los germanos– el sistema de separación de poderes y monarquía constitucional, que considera el mejor en su especie como garantía contra el despotismo. ¿Despotismo? ¿Nos parece familiar esa palabra? ¿Es, una especie de disparado árbol genealógico, donde columpiados nos hacemos a la ‘’norma’’ sin pensar las consecuencias del origen? Hay una legislatura por la cual usted votó; hay unos legisladores y senadores que usted voluntariamente seleccionó para “poner el país en orden” y a su vez como soberano acto visceral, ‘’se desquitó’’ del gobierno anterior. Coño, ¡Qué gran estrategia! El Boricua sabe votar, ejerce campechano su derecho con naturalidad bajo la ley campestre del ‘’sube y baja’’ yo le llamo “el temperamento del yo-yo’’ No, no piense estimado lector que alabo los predicamentos de García Padilla, es, en realidad el hábito del ‘’mal voto’’ porque esto se repite una y otra vez, y cada vez con saldo casi imposible de supercar.

Ahí tenemos la mesa servida. Un senado de “me importa un pito’’ y una cámara “de gnósticos penitentes’’ a ver si alguna chuleta dorada les cae desde la Misericordia; se puede ver también a legisladores haciendo media tortilla a lo ‘’reality show’’ poniendo a su amada a limpiar ventanas y ella, perfectamente machista bajo los buenos entuertos del amor, se somete. Y uno se pregunta, ¿por esto votamos?

Y regreso entonces a Montesquieu, que establece “La Teoría de Principios de Gobierno conduce a una Teoría de la Organización Social’’ donde combina estrechamente los tipos de gobierno con la estructura social (educación, tamaño, instituciones intermedias, igualdad de los ciudadanos). Se legisla entonces para un bien común, para una estabilización, para una adquisición de derechos y prerrogativas esenciales en nuestras vidas y law vidas de los que amamos.

Regreso ya convencido a esa vieja lectura de Montesquieu, que mejor aún, nos habla de la “Virtud Política” es decir significa amor a la patria y a las leyes, consagración del individuo por la colectividad. Bajo esta última reflexión, buscamos un sentido de igualdad social de los hombres frente a la ley pues todos se sienten ciudadanos que viven por y para la comunidad. ¿Puerto Rico tiene y proclama “Virtud Política”? No, así de simple. Dese un viajecito por la oficina de Julia Keleher, la flamante Secretaria de Educación; ¿administradora? Tal vez, pero adepta al “Ensayo de la ceguera” donde camina en el blanco de su verbo y parsimonia, echando a un lado, la vida comunal, su historia y su memoria, esas gentes y la cultura y subcultura que sirve incluso como sobrevivencia. La cosa es cerrar escuelas, tiranía escrita en la pizarra con letras a tiza, y mayúsculas. Flamante señora cortada a tijera anglosajona, practicante de un español resbaladizo, imponente, diciéndonos la buena y sumisa colonia que somos. “Tomo y obligo’’ y detrás, la zafra podrida de analistos políticos diciendo “eso va de maravilla” ¿Quiere otro ejemplo? Las leyes que se siguen aprobando sin escuchar los reclamos de un pueblo y sus sectores, sus líderes, las generaciones que han hecho este país. Uso y costumbre de la represión que se firma como democracia, y se aviva en las parcelas de los comités de campaña, luego se anega en la ciudadanía como un acto de verdad y justicia y hasta Cristo mete la cuchara de las bendiciones.

¿Qué nos pasa? ¿Dormir es mejor que despertar? El “Bobo de la Yuca” nos invita a su boda de pueblo en la catedral, ¿dónde todos somos un relajo? En verdad esta guaracha de Daniel Santos y la Sonora Matancera hace la pauta a nuestros días. Bajo la ‘’crisis’’ se siguen dictando leyes que literalmente “rebanan” los derechos adquiridos del trabajador; los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico corren maniatados bajo la “Plaga del espanto” siniestra propaganda del “Tomo y obligo” gubernamental y ya perdida la militancia contra la destrucción de su universidad, quieren regresar sabiendo que en el fondo los saborea el abismo-quizá la negación al bien colectivo del que nos habla Montesquieu, el que lea, entienda-. Estudiantes son seducidos por medallas histriónicas conducentes a la “Virtud Política’’ el besote de la justicia, y el mote de ‘’paladín’’ gracias al gobierno-abuela Juana le llamaba alcahuetería-la mentira constante en tren de medianoche entrando al subconsciente del pueblo para que no piense, la fantochería como discurso moral de las masas, la nueva antártica de los medios de comunicación, la sensibilidad como el peor defecto de la expresión de humanidad. ¿hemos aprendido la lección?

¿Y si digo, hagamos una revolución del pensamiento, la cultura, y la educación, me puedo proclamar subversivo, así no más, caído del techo? Si digo “Tomo y obligo” a la usanza de la búsqueda de una virtud política, ¿no me intervendrán el teléfono?

Montesquieu nos habla de ...” los ríos corren a fundirse en el mar; las monarquías van a perderse en el despotismo”. En lenguaje Boricua: despierta, no vaya a ser que te dejen sin nada.