Mar08222017

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Cierre de escuelas, ¿a quién podemos culpar?

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alt(San Juan, 9:00 a.m.) Puerto Rico innegablemente se transformó con el desarrollo de un sistema de educación pública accesible. En los años treinta había un analfabetismo atroz en la Isla. El analfabetismo siempre va de mano con la pobreza, y Puerto Rico, a pesar de sus grandes avances, continúa siendo un país del tercer mundo. Pero gracias a un proyecto de educación colectiva agresiva, Puerto Rico pudo salir adelante y darle herramientas básicas a su población para que se desenvolviese en una economía creciente.

Ahora que hemos descubierto que el crecimiento de la economía en un país no es igual a su desarrollo, estamos presenciando un éxodo masivo de nuestra gente hacia el Norte en busca de empleo. El desplome financiero y económico ya lleva 10 años, y no logramos salir de esta depresión. Explicar por qué hemos colapsado es materia para otro artículo. Lo que me motiva a escribir este pequeño ensayo es la reducción drástica de nuestras escuelas públicas. Para este servidor, un sistema de educación pública sólida es la piedra angular de un país de avanzada, y su población su activo más importante.

Debido a este éxodo de gente, en la Isla hay casi 160,000 menos estudiantes en el sistema de educación pública que hace una década. Hace dos años por primera vez en mi vida la cantidad de estudiantes graduandos de escuelas pública superó a las los estudiantes que comenzaban su educación en primer grado. No sólo eso, sino que la Isla comenzó a sufrir un decrecimiento en las tasas de natalidad.

Como decían los asesores de Bill Clinton cuando este era presidente de los Estados Unidos, “it’s the economy, stupid”. Ojalá se pudiese explicar esta crisis en la educación pública tan fácilmente, pero ese no es el caso.

El departamento de Educación del Gobierno de Puerto Rico siempre se ha visto como un depósito para trabajos burocráticos, aunque estos empleos se coman el enorme presupuesto del departamento. Recuerdo bien cuando me contó un nominado para el puesto de secretario de Educación como todos, sin ninguna excepción, de los legisladores que visitó en el proceso de confirmación le entregó una lista de allegados politicos para que le diese un empleo burocrático en el departamento, el más grande en nuestro gobierno. Mientras tanto, la calidad de educación para el pobre seguía en descenso y los recursos para los maestros se achicaban en términos de materiales para sus estudiantes. Conozco de varios casos de maestros de escuela pública que sacan de su bolsillo dinero para comprar materiales para sus aulas. Debo decir con disgusto que gracias a un país que perdió su norte hace tiempo, los maestros ganan una miseria.

El departamento de Educación ha decido cerrar 179 escuelas para el semestre que comienza en agosto. Suena sencillo, hay una baja del número de estudiantes bárbara, por lo tanto, hay que eliminar planteles. Llueven las protestas en contra de los cierres de parte de los padres de los estudiantes. Es menester, seleccionar con mucho cuidado cuales planteles van a cerrar y cuales escuelas de van a fungir. En los tiempos de antaño, hubo niños que caminaban más de una hora para ir a la escuela. No creo que volvamos a eso, pero habrá que acostumbrarse a que los niños asistan a planteles un poco más lejos de su hogar. Desarrollar un sistema de transportación para los niños se convierte en algo esencial. Pero, el desarrollo de un mejor sistema está en entredicho dados los tiempos de vacas flacas.

Con la reducción en el número de estudiantes viene la reducción en empleo para los maestros. Los que tienen la suerte de dominar el idioma inglés pueden aspirar a irse a los Estados Unidos. Hay mucho reclutamiento de maestros para trabajos en el Norte. La semana que viene, el estado de Connecticut va a entrevistar a varios maestros de Puerto Rico. Necesitan llenar 70 puestos de maestros bilingües. Muchos otros maestros se han ido para otros estados como Texas y Georgia.

No tengo una solución para detener la crisis en el sistema educativo público en Puerto Rico, pero puedo identificar que somos culpables los puertorriqueños de crear una sociedad y país no viable. Pero tengo fe que igual que logramos salir de nuestro letargo hace 70 años, lo lograremos hacer de nuevo.