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Oscar López Rivera: Un Hombre Libre

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(San Juan, 5:00 p.m.) Hoy bajo nuestro suelo boricua, hay un hombre libre. Cuando se silencia el pájaro, el silencio detrás de la montaña hace un ruido estruendoso. El pájaro se ha silenciado. Y un hombre libre camina junto a nosotros. Estos nosotros que aun estamos encarcelados en nuestra mente colonizada, en nuestros actos de coraje y desesperación, donde gritamos consignas, pero nada nos hace libres. Es más evidente nuestra pequeñez cuando ahora le sabemos libre de cadenas, libre de barrotes, libre de clarososcuros dentro de un palacio de muros.

Ah no fue aquel hombre santo quien vivió su noche oscura del alma, y la escribió con tinta de su propia sangre. O aquel otro hombre que advirtió que para ser libre habría que vivir noches de tumba. Es que la libertad no está en ese andar deambulando por la grisedad de las ciudades. La libertad estriba en asumir el derecho a pensar lo que se quiera sin otra exigencia que lo que uno mismo se impone y esta por los procesos de razonamiento de cada cual.

Pero la libertad nunca está dada, hay que lucharla, y aun más, hay que conquistarla. Ya lo enunció Voltaire tras Horacio y Montaigne, y antes que Kant: “Atreveos a pensar por vuestra cuenta”. Puerto Rico hace mucho tendría la libertad de decidir su destino. No ha querido. Décadas muy complicadas han dejado a nuestro país en un aparente estancamiento y muchos modos del hastío. Consenso, no ha habido. Y múltiples cadenas nos han crecido desde nuestros pies creando así nuestra inmovilidad. Desde el macro hasta el micro: No se nace libre. Uno se vuelve, y nunca acaba de volverse libre. Siempre es necesario liberarse de yugos sociales y también, pero aun más profundos, liberarnos de yugos internos. La libertad no es nunca absoluta ni permanente, luego de obtenida, cualquier evento nos la puede arrebatar. La liberación siempre es posible y siempre necesaria.

No sabrá Oscar que viene a una patria de alas cortadas, donde la mayoría entraría en pánico si este país eligiera su independencia. Es ya, y miles han emigrado a los Estados Unidos, como si no hubiera otros países en el mundo. Nos hemos creído esa gran ficción de las fronteras. Mas ya he dicho demasiado por tanto tiempo de no decir.

Hoy salgo de mi modorra para gritar como puedo hacer: Camina entre nosotros un hombre libre. Y yo que me he sentido libre siempre, que me he creído libre siempre, que me siento frente a mi teclado, vaso de agua a mi mano derecha, aire condicionado a la izquierda, o al revés, flores de rosas encima de mi cabeza, libre como puede mi mente finita definirlo, libre como puede mi pensamiento conquistarla, a ella, a la libertad, respiro profundo y huelo que, en medio nuestro, hay un hombre libre, pero ¡libre de verdad!

Bienvenido a nuestra tierra empobrecida hasta hoy, sí, hoy que debemos redefinir nuestra riqueza cuando nos camina de frente y erguido: Un Hombre Libre.