El caso de Alma Yadira criminalizada la infancia

(San Juan, 11:00 a.m.) El día 15 de agosto de este año tendrá lugar el juicio contra Alma Yarida Cruz. Resulta escandaloso que en Puerto Rico se pretenda criminalizar a los niños como sucede en su caso. La joven de once años ha sido acusada de agresión simple y de usar lenguaje soez, a pesar de que a su vez había sido sometida a hostigamiento por su color de piel. “Negra sucia” y “negra asquerosa”, son algunos de los epítetos que recibía, además de otras vejaciones que tenían que ver con su condición especial.

Hay que tomar en cuenta que Alma Yadira pertenece a la población de diversidad funcional, todavía conocida como de educación especial. De acuerdo con el Colegio de Profesionales del Trabajo Social de Puerto Rico hay cerca de 110 y 190 millones de personas con esta condición en el mundo. Esto implica que esa población debe ser tratada de forma particular en respeto a la diversidad humana existente. Como señala Leo Aldridge, abogado de la defensa de Alma Yadira: “¿Fue el Estado negligente? ¿Por qué nadie activó los protocolos provistos por ley ante el acoso racial? ¿Qué ha hecho el Departamento de Educación para atender el caso?” Ni un solo titular de prensa evidencia o arroja luz sobre las actuaciones del estado referentes a este caso y que cumplieran el propósito de proteger sus derechos humanos y de miembro de una colectividad que ha sido estigmatizada, con la cual se tiene grandes responsabilidades. Es notable, además, que de un 30 a un 40 por ciento de la población de delincuentes juveniles padezca de problemas de aprendizaje.

En este caso se juzga también en qué edad pude ser procesado un niño o niña. Según el estudio del Centro de Investigación en Evaluación y Medida de la Conducta (Cramc) de la Universitat Rovira i Virgili (URV) en Italia, hasta los 27 años no se refleja un cambio radical en la conducta de un joven que refleje una madurez similar a la de un adulto. De acuerdo con la Convención sobre los Derechos del Niño aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989, los niños deben ser considerados “sujetos de derecho con necesidades e intereses específicos”. La Convención reconoce por igual que lo apropiado para un adulto no tiene que ser apropiado para la niñez. La Declaración de Derechos de los Niños lee lo siguiente en su principio 5: “El niño física o mentalmente impedido o que sufra algún impedimento social debe recibir el tratamiento, la educación y el cuidado especiales que requiere su caso particular”.

En Estados Unidos, lamentablemente, se juzgan y llevan a la pena de muerte a jóvenes de quince años y enfermos mentales adolescentes. Este trato inhumano no debe repetirse en la Isla, en donde poseemos disposiciones legales distintas a las de este país.

La situación de los niños se agrava mundialmente con el prejuicio hacia miles de inmigrantes, documentados e indocumentados, que casi siempre provienen del sur del planeta. Lo mismo se aplicaría a los que son víctimas del prejuicio racial en República Dominicana por ser haitianos o hijos de estos, a los viven en Palestina y se enfrentan al horror inesperado de las bombas y misiles lanzados contra la población de la Franja de Gaza. En la era del neoliberalismo fascista los niños y niñas constituyen la presa más fácil del capitalismo depredador.

El caso de Alma Yadira puede sentar un precedente mundial tanto por su color como por pertenecer a una comunidad que funciona de forma alterna a la dominante. Esperamos que prevalezca la justicia en su caso y que este y que las medidas tomadas estén en consonancia con su edad y desarrollo. No puede haber sentencia de reclusión en un instituto para esta niña. Que este juicio constituya un ejemplo para la comunidad puertorriqueña que logre repercusión internacional.