El dinero de las apuestas, ¿debe pagar la deuda?

alt(San Juan, 11:00 a.m.) Nadie me preguntó, pero, ¿por qué cada vez que el Gobierno de Puerto Rico necesita unos chavitos pone la mira en el juego, sea creando nuevas formas de apostar como la Lotto o el Pega 3, o sacándole más fondos a las máquinas tragamonedas?

Hoy, la Cámara de Representantes votó por líneas estrictamente de partido, 27-12, para subir los costos de las licencias para operar las máquinas tragamonedas que hace tiempo abundan en pequeños negocios en toda la Isla. Se dice que además es una manera de proteger a la industria hotelera y sus casinos, que ya aportan su cuota al fisco. Si la medida se convierte en ley, han dicho sus proponentes, fluirían $69 millones más para el Gobierno. En lo primero que pienso ante esta medida es en los anuncios para el juego legal que terminan en una coletililla aconsejándole al público buscar ayuda si desarrolla una adicción al juego.

El voto de hoy es la culminación de una triste y crasa farsa. Los hoteles que tienen casinos nos han inundado con anuncios sobre la competencia desleal que representan esas máquinas de juego que operan fuera de los casinos sin aportar al fisco por el dron de dinero que generan. Nos recuerdan que parte de las ganancias del juego en sus instalaciones hoteleras van hacia el sistema de la Universidad de Puerto Rico. Gracias señores hoteleros, ¿que se haría la IUPI sin ustedes? Espero que los mismos vehículos que transportan jugadores a sus casinos hoteleros (muchos de estos pasajeros son personas en la tercera edad), los devuelvan a sus casas sanos y salvos y con dos pesos en el bolsillo.

La solución para la supuesta competencia desleal, proponen los exponentes del de la medida, sería subir el canon para las licencias de estas máquinas de juego tragamonedas que operan fuera de los hoteles de $400 a $3,000. La otra cara de la farsa es la alegación de los dueños de estas máquinas de que ellos no pagan premios. Claro, me imagino que el puro placer de ver tres cerezas alineadas horizontalmente es suficiente para que una persona pase a veces horas jugando estas maquinitas. Hay quien se juega, sea en un casino o en colmadito, el cheque de la semana o el de Seguro Social. Eso lo he visto yo. No embalde en Las Vegas le dicen a estos adefecios “one-armed bandits”.

Yo no juego ni en un casino ni en ninguna parte, pero cuando me ha picado la curiosidad de darme una vuelta por un hotel-casino he quedado asombrado por la cantidad de gente mayor jugando estos bandidos con palanca.

Es problemático reglamentar o prohibir los juegos o los vicios. No soy parte de una crusada para eliminar el juego de la sociedad ni de ninguna liga de la temperanza. Lo que me preocupa es que el Gobierno trate siempre, en estos asuntos de las apuestas o de ciertos vicios, de justificarse diciendo que acaba de descubrir una forma fantástica para levantar fondos, y en este caso, proteger a los casinos, que la Compañía de Turismo insiste son tan cruciales para la industria turística. El Gobierno es sensitivo sobre estos asuntos del juego. No hay más que hablar sobre las apuestas con un funcionario del Departamento de Hacienda para ver a alguien ponerse a la defensiva. Parece que todos tenemos una sospecha de que hay mejores maneras de ganarse el dinero (o de botarlo).

Hay jugadores profesionales, quienes me imagino saben lo que están haciendo en los juegos de mesa, ¿pero que técnica puede haber en jugar estos “one-armed bandits” además de ocupar una máquina que ya ha tragado suficientes monedas como para escupir un premio? Todo parece ser sobre la tajada que se va a llevar el Gobierno. No quiero sonar como un santo (nunca me he aproximado a serlo), pero es lo mismo que pasa con el debate sobre legalizar la marijuana. Estoy a favor de relajar las leyes tan punitivas que atañen a las drogas ilegales, pero es porque no creo que hay que meter preso a una persona por su posesión, y ni siquiera criminalizar los vicios. Pero hay algo que me dice que hay algo torcido en argumentar que ciertos vicios son buenos porque son una gran manera de levantar fondos para nuestros gobiernos. No sé, a lo mejor me he debido de meter a cura.