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Donald Trump perdona a Joe Arpaio

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En un acto que se había anunciado hace varios días el presidente Donald Trump perdonó al sheriff de Arizona Joe Arpaio quien había sido convicto por desacato criminal al desobedecer una orden del tribunal que le obligaba a detener la persecución racial por parte de sus subordinados. El sheriff Arpaio se había distinguido por sus prácticas racistas y su persecución de inmigrantes utilizando métodos que se acercaban a la tortura. Luego de hacerse famoso por medio de dichas prácticas el sheriff endosó a Trump durante su campaña y se convirtió en el rostro político de la persecución contra los inmigrantes.

En medio del escándalo desatado por las marchas racistas en Virginia y la reacción de Trump acusando a ambos lados de ejercer la violencia, como si la violencia de los fascistas fuera equivalente a la de los anti-fascistas, o de los integrantes del movimiento Antifa, ahora Trump realiza un acto político que delata, definitivamente, su carácter racista y promotor de la discriminación. Este acto coloca en una posición difícil a los que habían defendido a Trump durante estos meses insinuando que no era promotor del racismo y que realmente no promovía el discrimen. El perdonar a un promotor de la persecución contra los inmigrantes, como es el sheriff Arpaio, pone ante la luz pública una presidencia que definitivamente se ha alineado con los neo-nazis, los fascistas y los grupos como el Ku Klux Klan.

Probablemente esta es la primera vez en la historia contemporánea donde un presidente se alinea claramente con estas fuerzas políticas en los Estados Unidos. Obviamente esto no quiere decir que no ha habido otros presidentes que simpaticen con las posturas de grupos fascistas o nazis, pero sí es la primera vez que se hace de manera descarada y sin doble discurso. Ahora, ente el hecho de que Trump se ha alineado abiertamente con las fuerzas racistas del país, hay que ver cómo los republicanos y los sectores minoritarios, negros y latinos que le apoyaron, se defienden o tratan de defenderlo.

Mientras Trump promueve una visión que se fundamenta en la búsqueda de la extinción de los negros, latinos, homosexuales y otras minorías raciales, étnicas y otros grupos, los sectores liberales de la élite demócrata promueven un debate sobre la legitimidad de aquellos que de una manera u otra se enfrentan al discurso conservador hegemónico de la derecha racista. El liberalismo argumenta a favor de una posición conciliadora que supuestamente se fundamenta en el derecho de todos los sectores a participar del debate público. La pregunta que movimientos como Antifa plantean es si es posible tener un debate político con un grupo que postula la eliminación de la posibilidad del debate y la extinción física de su interlocutor. Obviamente esto porque el sector conservador nazi parte del supuesto de que el otro no es un interlocutor válido por no ser una persona o un sujeto de derechos. En este sentido la posición liberal tiende a ser bastante simplista porque implicaría que los sectores minoritarios tienen que reconocer al derecho a los supremacistas blancos a ser parte del debate cuando el objetivo de los mismos es eliminar de la sociedad a los sectores agraviados por sus argumentos.

El perdón del sheriff Arpaio es sólo un eslabón más en la larga cadena de actos de Trump que ponen en evidencia la decadencia de los Estados Unidos y que coloca al desnudo su verdadera naturaleza racista y genocida. Luego de Trump Estados Unidos no podrá venderse de nuevo como el paladín de la democracia y la libertad. Simplemente son, como ya lo sabíamos en Puerto Rico, un grupo de supremacistas que buscan dominar, conquistar y someter a los demás.