La legislatura a regular los servicios que no se preparan antes de los huracanes

alt(San Juan, 9:00 a.m.) Parece que el presidente del Senado de Puerto Rico, Tomás Rivera Schatz, ha estado leyendo a El Post Antillano. Resulta que ayer, en reacción a una de nuestras columnas de esta semana, aseveró en conferencia de prensa que habrán de iniciar un proceso para regular a las empresas que dan servicios esenciales a la población, como la banca, la gasolina o la salud y que de ahora en adelante, deberán de tener un plan de emergencias de huracán que pueda existir con la contingencia de falta de servicio eléctrico.

Es decir, y en palabras del líder senatorial, si usted tiene un cuido para adultos mayores o un hospital, por ejemplo, usted tiene que garantizar que tiene una planta eléctrica que funciona y que puede sobrevivir un tiempo prolongado. Esto aplica también a las compañías privadas de telecomunicaciones que al día de hoy, casi 30 días luego del paso del huracán, nos tienen si podernos comunicar adecuadamente.

La crisis que ha provocado el paso del huracán María, nos ha dejado a todos en una profunda confusión. En particular, porque el sector privado ha demostrado ser incapaz de casi todo. Más que nada, de asumir las riendas del país. Ante esto, el sector privado en su incapacidad le ha reclamado al gobierno que lo ayude, provocando esta situación, como bien intimó el presidente senatorial Rivera Schatz, un gran desbalance en la oferta de servicios primarios por el estado en un momento de crisis.

¿De dónde salió que las gasolineras tenían que ser custodiadas por el estado? ¿Quién se inventó que la banca permitiría retiros restringidos a sus clientes? ¿De dónde salió que el gobierno tenía que darle servicios de diésel a los hospitales?

La respuesta del líder senatorial es correcta. De ahora en adelante, si usted desea tener una licencia, de lo que fuera, sea en salud o en la banca, usted tendrá que cumplir con algún protocolo que permita su existencia por un tiempo razonable durante el paso y luego de un huracán. Lo que no se puede es pretender, acumular riqueza a expensas del gobierno o del pueblo que contribuye, y no reinvertir a favor de garantizar un servicio de excelencia. Pensemos.