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Mendigar en los tiempos de la Junta de Supervisión Fiscal

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(San Juan, 2:00 p.m.) En el día de ayer, el gobierno de Puerto Rico, y por ende, el pueblo de Puerto Rico, sufrió los embates del Congreso federal, quien ante la crisis provocada por la pobre administración del gobernador de turno, Ricardo Rosselló, se ha impuesto ahora como el rectificador de todos los males del país. Esto lo hace, por vía de su gobierno paralelo, la Junta de Supervisión Fiscal, la cual cada minuto va tomando más control del gobierno local y por ende de la población.

En la ponencia presentada por la Sra. Natalie Jaresko, directora ejecutiva de la junta, se planteó con meridiana claridad, que ante la situación dejada por el paso del huracán María, la junta debe asumir fiscalizar mejor la utilización de los fondos públicos federales en la isla. Es curioso, pero la Sra. Jaresko no pidió más poderes para la junta, no obstante, para fiscalizar mejor, de facto, debe de tener más poderes.

Un área donde le quitaron poder al gobierno de Puerto Rico fue en el manejo de los contratos. A partir de ahora, la junta supervisará todo contrato del gobierno de Puerto Rico de sobre $10 millones de dólares. Y en todo contrato menor de dicha cantidad, podrán intervenir a su discreción. En otras palabras, pusieron al gobierno de Ricardo Rosselló en una sindicatura impuesta.

De igual forma, el Sr. Noel Zamot fue nombrado como funcionario de reestructuración de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE). Zamot ya era el funcionario a cargo de supervisar la transformación de la gestión pública en Puerto Rico, trabajando para la junta. Ahora se le dan nuevos poderes lo cual lo convierte en una persona muy poderosa para intentar reorganizar el gobierno de la isla, incluyendo a la AEE.

Lo interesante de todo esto es donde uno se para en el debate. Luego del escándalo de la compañía de Montana de Whitefish, la percepción pública es que los gobernantes locales se han robado el dinero. Cierto o falso, la gente solicitó más fiscalización. Ahora la misma viene por parte de la Junta de Supervisión Fiscal, lo cual nos deja maltrechos en relación a la pequeña autonomía que tenía el gobierno local.

Realmente hablando, la única solución es lograr superar el colonialismo. Para eso, no obstante, hay que promover formas de gobernanza reales y viables en paralelo a la gestión del Congreso. Mientras esto no se dé, para muchos la injerencia del gobierno federal se justifica ante la torpeza del gobierno de turno de Ricardo Rosselló. Pensemos.